La oración: lugar privilegiado del encuentro con Cristo
«Todo consiste en saber si es vital comer,
todo consiste en saber si es vital orar.»
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que
les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres;
en verdad, os digo, ellos ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando
quieras orar, entra en tu habitación, y habiendo cerrado tu puerta, ora a tu
Padre que está presente en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te
escuchará. En vuestras oraciones, no multipliquéis las palabras, como hacen los
paganos, quienes se imaginan que serán atendidos a fuerza de palabras. No os
asemejéis ya que vuestro Padre sabe de qué tenéis necesidad, antes de que se lo
pidan. (Mt. 6, 5-8)
Para el padre Caffarel, la oración es el lugar privilegiado del encuentro
con Dios, particularmente bajo la forma de la meditación. No solamente su vida
cotidiana estuvo llena de esa presencia de Dios, sino que no cesó nunca de
enseñar a orar, de transmitir lo que él vivía. Su pedagogía pasaba por la
exigencia fundamental de poner la oración en el centro de nuestra vida. Para
ello utiliza numerosos textos: escribe en
« la Carta de los equipos » y en la revista « El Anillo de
Oro », también en los « Cuadernos sobre la Oración ». Sobre
todo fue en la segunda parte de su vida cuando esta pedagogía se orientó
especialmente hacia los laicos activos en el mundo. Desde la casa de
Troussures, que convierte en centro internacional
de oración, anima semanas de oración, cursos por correspondencia sobre la
oración y sesiones de formación. Crea el Movimiento de los Intercesores.
Investiga las nuevas corrientes carismáticas que surgen en la Iglesia.
Distintos libros surgidos al compás de su experiencia de acompañante espiritual
son testigos de este período. El padre Caffarel vivía con exigencia su vida de
oración; deseaba con insistencia y empeño que cada uno de nosotros hiciera lo
mismo.
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