{"id":233925,"date":"2026-02-03T18:17:30","date_gmt":"2026-02-03T17:17:30","guid":{"rendered":"https:\/\/caffarel.hyppoweb.fr\/sin-categoria\/hospitalidad-cristiana\/233925\/"},"modified":"2026-06-03T21:26:37","modified_gmt":"2026-06-03T19:26:37","slug":"hospitalidad-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/hospitalidad-cristiana\/","title":{"rendered":"Hospitalidad cristiana"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; admin_label=\u00bbsection\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_row admin_label=\u00bbfila\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; custom_padding=\u00bb|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb custom_padding__hover=\u00bb|||\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.27.6&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb header_2_line_height=\u00bb1.6em\u00bb hover_enabled=\u00bb0&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb sticky_enabled=\u00bb0&#8243;]<\/p>\n<h1>Hospitalidad cristiana<\/h1>\n<p>Todo lo que se ha dicho sobre la hospitalidad simplemente humana sigue siendo v\u00e1lido cuando hablamos de la hospitalidad cristiana, pero a las consideraciones precedentes hay que a\u00f1adir otras totalmente nuevas, que especifican esta hospitalidad del hogar cristiano.<\/p>\n<p>Lo que llamar\u00e9 teolog\u00eda de la hospitalidad cristiana se ilumina y fundamenta a la luz de la teolog\u00eda del matrimonio. Permitidme que os lo recuerde en pocas palabras. En el sacramento del matrimonio, es la pareja la que forma parte del misterio de Cristo. Mientras que el bautismo une al individuo al Cuerpo m\u00edstico para que viva de la vida misma del cuerpo, el sacramento del matrimonio une a la comunidad conyugal como tal, al hombre y a la mujer como un solo \u00abser\u00bb, al Cuerpo m\u00edstico. Esto es as\u00ed para que la pareja -y la comunidad familiar que es su fruto- puedan vivir la vida del Cuerpo y vivirla en plenitud. La familia es la \u00fanica sociedad humana que, como tal, est\u00e1 incorporada al Cuerpo M\u00edstico, asumida en el orden de la gracia: una naci\u00f3n, incluso un monasterio, no lo est\u00e1n. Por tanto, hay que decir que la pareja cristiana es parte constitutiva del Cuerpo M\u00edstico. Esto es lo que dijo Juan XXIII a los Equipos de Nuestra Se\u00f1ora en 1959, cuando llam\u00f3 al hogar cristiano \u00abc\u00e9lula de la Iglesia\u00bb, c\u00e9lula del Cuerpo M\u00edstico. La expresi\u00f3n es muy poderosa. En efecto, la c\u00e9lula vive de la vida misma del cuerpo. As\u00ed, la pareja y la familia son penetradas, llevadas, irrigadas y santificadas por la vida del Cuerpo M\u00edstico. Por eso, a los Padres de la Iglesia y a los te\u00f3logos les gusta llamar a la familia una <em>\u00abecclesiuncula<\/em> \u00ab, una iglesia en miniatura. En ella est\u00e1 presente y operante el misterio de la gran Iglesia. Esta vida del Cuerpo M\u00edstico circula en el hogar, en todas direcciones, por as\u00ed decirlo. Se comunica a trav\u00e9s de todas las realidades del matrimonio y de la familia, en la medida en que se viven seg\u00fan la ley de Cristo: amor conyugal, amor paterno y materno, amor filial y amor fraterno; est\u00e1 presente en las horas de trabajo y en las horas de ocio; impregna los pensamientos, las penas y las alegr\u00edas, toda la existencia; crea un clima de gracia. Las cosas mismas parecen estar impregnadas de su virtud. Por eso el hogar cristiano merece ser llamado, como ciertos monasterios u hospitales de la Edad Media, Casa de Dios.                <\/p>\n<p><strong>Estoy entre vosotros<\/strong><\/p>\n<p>Estoy seguro de que ya has comprendido al escucharme lo que caracteriza a la hospitalidad cristiana. Es precisamente abrir esta c\u00e9lula de la Iglesia, acoger al hu\u00e9sped en su seno para ofrecerle no s\u00f3lo riquezas humanas, sino esencialmente la presencia de Cristo. Pues donde est\u00e1 la Iglesia, o incluso s\u00f3lo una c\u00e9lula de la Iglesia, est\u00e1 Cristo. \u00c9l lo dijo expl\u00edcitamente: \u00abCuando dos o tres de vosotros est\u00e1n reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de vosotros\u00bb. Y, hay que reconocerlo, a menudo los invitados ignoran por completo estas realidades espirituales. Sin embargo, Cristo, de cuya presencia en el hogar no son conscientes, les envuelve en su amor. El hu\u00e9sped no ve m\u00e1s all\u00e1 de las palabras de amistad que le acogen, del amor de ese hombre y esa mujer, de esa vida familiar; pero, de hecho, esas realidades est\u00e1n como sacramentadas y, a trav\u00e9s de ellas, Jesucristo, sin que \u00e9l lo sepa, le hace presentir las realidades divinas, y ya le comunica su gracia, siempre que no la rechace. As\u00ed pues, \u00bfcu\u00e1ntas veces la hospitalidad cristiana es la revelaci\u00f3n de la verdadera vida cristiana al visitante? Testigo de ello es lo que nos escribi\u00f3 una casa de Teams: \u00abUna de nuestras amas de llaves, que se qued\u00f3 con nosotros durante un a\u00f1o, proced\u00eda de un entorno cristiano de monta\u00f1a, donde trasladarse a la ciudad signific\u00f3 una descristianizaci\u00f3n fatal. Aprendi\u00f3 de nosotros c\u00f3mo la vida cristiana puede encajar en el contexto de la gran ciudad. Nos dej\u00f3 como l\u00edder de Lobatos y Lobeznas. Su ejemplo conmocion\u00f3 a su pueblo natal. La otra, procedente de la clase trabajadora de nuestra gran ciudad, sin educaci\u00f3n en todos los sentidos y no practicante, se convirti\u00f3 en activista de la JOC y dirigente de un grupo que ella misma form\u00f3. Para ambas, esto significaba la plena participaci\u00f3n en la vida familiar: comidas en nuestra mesa, conversaciones compartidas, etc&#8230;\u00bb.       <\/p>\n<p>Siempre que sea posible, sin indiscreci\u00f3n, se acoger\u00e1 al invitado en el coraz\u00f3n mismo de la vida dom\u00e9stica: la oraci\u00f3n familiar. O, al menos, se les ofrecer\u00e1 la oportunidad de participar, haci\u00e9ndoles comprender que este entorno tan \u00edntimo no les est\u00e1 vedado. Escucha lo que escribi\u00f3 otro hogar de Teams: \u00abAvisamos, antes o despu\u00e9s de la comida, de que vamos a rezar un rato con nuestros hijos, dejando a nuestros invitados libertad para quedarse con nosotros o dejarnos. Algunos se van la primera vez y se quedan los d\u00edas siguientes. La mayor\u00eda son espectadores silenciosos al principio, pero al cabo de unos d\u00edas participan en nuestra oraci\u00f3n. Una joven criada en un ambiente pagano, tras su asombro inicial, fue la primera en pedir este momento. Arn\u00e9, un estudiante protestante sueco, que ten\u00eda ideas muy equivocadas sobre el catolicismo, comparti\u00f3 nuestra oraci\u00f3n durante un mes y luego nos hizo todo tipo de preguntas sobre el catolicismo. La oraci\u00f3n familiar m\u00e1s dif\u00edcil fue la que rezamos durante dos meses delante de un hogar ateo que permanec\u00eda sentado, mudo espectador. Tuvimos que superar nuestro respeto humano con un salto de fe para hablar como siempre a estos observadores de nuestra conversaci\u00f3n con Dios. Cuando nos dejaron, lloraron y ahora, desde sus pa\u00edses \u00e1rabes, siguen manteniendo correspondencia con nosotros.  <\/p>\n<p>Mientras que la hospitalidad oriental trata magn\u00edficamente a los invitados, pero los mantiene deliberadamente fuera de la casa, la hospitalidad cristiana abre su intimidad, y \u00e9ste es uno de sus rasgos caracter\u00edsticos, sin duda la mejor manera de ayudar a los invitados a descubrir el secreto de esta hospitalidad tan buena para su coraz\u00f3n. Esta casa tiene alma, y la encontrar\u00e1 viva y vibrante, sobre todo en el momento de la oraci\u00f3n familiar. <\/p>\n<p><strong>Un relevo en la carretera<\/strong><\/p>\n<p>Comprender\u00e1s por qu\u00e9 he dicho al principio que la hospitalidad es el apostolado espec\u00edfico del hogar cristiano. Para muchos de nuestros contempor\u00e1neos, que ni siquiera pensar\u00edan en la comunidad parroquial, el clero o los sacramentos, el hogar cristiano es un punto de parada en el camino hacia la gran Iglesia. Un \u00absacramento\u00bb de la Iglesia. Y un sacramento tan humano: \u00abel rostro risue\u00f1o y amable de la Iglesia\u00bb, como dijo admirablemente un hogar de los Equipos. Es all\u00ed donde el no creyente toma su primer contacto con la Iglesia, donde el pecador experimenta su misericordia, donde los abandonados, los no amados, los hu\u00e9rfanos, los pobres, descubren su maternidad.    <\/p>\n<p>El hogar cristiano es un mensaje sin palabras pero sorprendentemente persuasivo. Ni siquiera hace falta hablar el mismo idioma: un hombre y una mujer que se aman, la sonrisa de un ni\u00f1o, la paz de un hogar, sino que es un lenguaje internacional que todo hombre escucha, sea cual sea su pa\u00eds, sea cual sea su nivel intelectual. Y al igual que un r\u00edo siempre da testimonio de la fuente de la que se nutre, el amor humano da testimonio de ese amor divino sin el cual no existir\u00eda. Por transparencia, por as\u00ed decirlo, el invitado percibe otro amor, otra uni\u00f3n conyugal, la de Cristo y la Iglesia. Sin duda ignora que el matrimonio cristiano, como ense\u00f1a la teolog\u00eda, es la imagen de la intimidad de Cristo y la Iglesia; no obstante, algo de esta realidad divina se filtra a trav\u00e9s del amor de este hombre y esta mujer, y deja una llamada misteriosa en su coraz\u00f3n.    <\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se le revelan verdades menos elevadas y abruptas, pero no menos trascendentales. Ve que all\u00ed donde Cristo est\u00e1 presente y es honrado, se curan las grandes realidades humanas, realidades que podr\u00edan pensarse permanentemente corrompidas por el pecado. Descubre que la fuerza salvaje que es la sexualidad en nuestro mundo afrodis\u00edaco est\u00e1 ah\u00ed, como domesticada y santificada. Y, reflexionando, llega a pensar que la salvaci\u00f3n que Cristo aport\u00f3 a la peque\u00f1a sociedad familiar podr\u00eda aportarse con la misma facilidad a la gran sociedad que es una naci\u00f3n, si \u00e9sta tambi\u00e9n se ofreciera a su presencia, a su ley y a su gracia. Nuestro amor -escribi\u00f3 un hogar- debe proclamar a todos la victoria de Cristo sobre el mal.    <\/p>\n<p>Para describir una misi\u00f3n apost\u00f3lica de tal importancia, se necesita una gran palabra: el hogar cristiano act\u00faa como \u00abmediador\u00bb entre la Iglesia y el mundo. Como mediadores, son el <em>medio<\/em> y el <em>lugar de<\/em> encuentro entre Dios y los hombres. <\/p>\n<p>\u00bfMe objetar\u00e1s que hablo del hogar cristiano como si diera testimonio de todas las virtudes? No, hablo simplemente de un hogar de buena voluntad, donde el hu\u00e9sped ve a personas que saben perdonarse, que se reconocen pecadoras y que, al mismo tiempo, est\u00e1n seguras de la misericordia de su Dios. En un hogar as\u00ed, no intentas deslumbrar al invitado; te contentas con ser real en su presencia. \u00bfNo es \u00e9sa la gran ley del testimonio cristiano?   <\/p>\n<p>Acabo de hablarte de aquellos para quienes el hogar cristiano es un relevo, un primer paso en el camino que conduce a la Iglesia y a los sacramentos. Pero, por otra parte, el clero debe ser capaz de remitir a los hogares cristianos a las personas fr\u00e1giles y vulnerables que, para crecer en la fe, necesitan arraigarse en la peque\u00f1a comunidad cristiana humana que es una familia. Vuestros hogares deben estar bien preparados para acoger a los adultos que se preparan para el bautismo, a las parejas de novios deseosas de descubrir el pensamiento del Se\u00f1or sobre todas las grandes realidades del matrimonio, y a tantas otras personas cuya fe, si permanecen aisladas, no resistir\u00e1 la atm\u00f3sfera de indiferencia y ate\u00edsmo en la que viven. Como se nos conoce como hogar cristiano -escribi\u00f3 uno de nuestros amigos-, los sacerdotes y las monjas nos env\u00edan con frecuencia a personas aisladas y angustiadas que necesitan el apoyo de la unidad familiar antes de poder incorporarse a una comunidad m\u00e1s amplia, como la parroquia. A menudo se trata de personas traumatizadas por la vida. Necesitan calor, una presencia humana, un clima de seguridad en un entorno sano.   <\/p>\n<p><strong>Rivalizar con la Iglesia<\/strong><\/p>\n<p>Estoy seguro de que ahora entiendes por qu\u00e9 he presentado la pr\u00e1ctica de la hospitalidad cristiana como una verdadera funci\u00f3n de la Iglesia. Si nos fijamos en los or\u00edgenes de esta hospitalidad, la comprenderemos a\u00fan mejor. <\/p>\n<p>En la Iglesia primitiva, la hospitalidad se organizaba a nivel diocesano. Un forastero cristiano que llegaba a una ciudad era acogido \u00abalegre y abiertamente\u00bb por toda la comunidad cristiana bajo la direcci\u00f3n de su l\u00edder, el obispo, de quien San Pablo, en su<sup>1\u00aa<\/sup> ep\u00edstola a Timoteo, dice que debe ser \u00abhospitalario\u00bb. Pero a medida que crec\u00edan las iglesias diocesanas, el obispo ya no pod\u00eda acoger a todos. Es entonces cuando la misi\u00f3n del hogar cristiano cobra sentido: corresponde al hogar cristiano practicar este ministerio de hospitalidad, como delegado de la comunidad cristiana. San Juan Cris\u00f3stomo aconsejaba a sus seguidores \u00abcompetir con la Iglesia\u00bb. Qu\u00e9 lamentable es que los hogares cristianos de hoy hayan perdido de vista este concepto de hospitalidad, que sientan tan poca responsabilidad de ejercer la hospitalidad en nombre de la comunidad eclesial y de su obispo.     <br \/><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>Sencilla, verdadera, alegre, enamorada<\/strong><\/p>\n<p>Llegados a este punto, valdr\u00eda la pena reflexionar sobre el arte de la hospitalidad en el hogar cristiano, sobre c\u00f3mo conciliar la discreci\u00f3n con el deseo de compartir la propia fe, sobre las virtudes espec\u00edficamente cristianas que deben inspirar la pr\u00e1ctica de la hospitalidad y reflejarse en ella. Debo limitarme. Me contentar\u00e9 con enumerar las cualidades de la hospitalidad cristiana tal y como la percibieron los hogares de nuestros equipos que, el a\u00f1o pasado, respondieron a la encuesta sobre el apostolado del hogar en preparaci\u00f3n del Concilio. \u00abSencillo, verdadero, alegre y cari\u00f1oso\u00bb, seg\u00fan sus propias palabras, debe ser el hogar cristiano que quiere dar testimonio a sus hu\u00e9spedes. <em>La sencillez<\/em> es la mejor manera de hacer comprender a los hu\u00e9spedes que no son extra\u00f1os, sino amigos y hermanos. <em>Alegr\u00eda<\/em>: \u00abEl hogar -escribe uno de vosotros- debe dar testimonio de una alegr\u00eda discreta que da la impresi\u00f3n de haber sido adquirida con el esfuerzo de todos y que s\u00f3lo se conservar\u00e1 gracias al esfuerzo de todos. Los que se hayan visto privados de alg\u00fan bien en la vida no sentir\u00e1n celos de esta alegr\u00eda y tomar\u00e1n su parte de ella. Tomar\u00e1n su parte, y tal vez vislumbren la Fuente de la que se alimenta esta alegr\u00eda, y tal vez quieran volverse ellos mismos hacia la Fuente. Muchos de nuestros corresponsales destacaron tambi\u00e9n que los c\u00f3nyuges deben dar testimonio de su amor mutuo, el alma del hogar. El hogar de un ap\u00f3stol -escribi\u00f3 uno de ellos- debe ser un hogar en el amor; es la \u00fanica forma de hacer que la gente quiera vivir en \u00e9l.       <\/p>\n<p>Lament\u00e1ndolo mucho, debo abstenerme de responder a la pregunta: \u00ab\u00bfCu\u00e1l es el papel de cada miembro de la familia en la pr\u00e1ctica de la hospitalidad? Despu\u00e9s de todo, por supuesto, todos deben sentirse responsables de acoger a los dem\u00e1s. Por falta de tiempo, me limitar\u00e9 a destacar dos puntos. <\/p>\n<p>\u2013 el invitado puede necesitar confiar en un miembro concreto de la familia, el marido o la mujer, o incluso un hijo mayor. Algunas familias tienen la culpa de no entender esto y de excluir las confidencias. Pienso en un sacerdote que podr\u00eda haber evitado una cat\u00e1strofe si hubiera podido abrirse al marido sobre lo que no pod\u00eda confiar en presencia de la esposa;  <\/p>\n<p>\u2013 Tambi\u00e9n me gustar\u00eda invitarte a que introduzcas a tus hijos en este arte de la hospitalidad a una edad muy temprana. Seg\u00fan el hogar cristiano en el que se les reciba, los ni\u00f1os var\u00edan mucho en su forma de saludar a los visitantes. Los hay educados y correctos, pero igualmente indiferentes: para ellos, el invitado es un extranjero sin inter\u00e9s. Los hay, en cambio, que quieren a sus anfitriones con toda su espontaneidad infantil, interes\u00e1ndose por ellos y ofreci\u00e9ndoles un coraz\u00f3n abierto. \u00a1Felices los ni\u00f1os que, desde peque\u00f1os, han sido iniciados en el arte de la hospitalidad!    <br \/><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>Estaba sin un lugar donde quedarme&#8230;<\/strong><\/p>\n<p>La originalidad de la hospitalidad cristiana no s\u00f3lo reside en lo que hacemos por nuestros hu\u00e9spedes, sino tambi\u00e9n en la forma en que se les trata. Nos hemos detenido mucho en el primer aspecto. Ahora debo invitarte a reflexionar sobre el segundo. Hemos visto que en la ciudad antigua el hu\u00e9sped era considerado un ser sagrado, que las tribus del desierto lo acog\u00edan como un enviado de Dios, portador de la baraka. Este car\u00e1cter misterioso y sagrado del hu\u00e9sped se acent\u00faa y define a\u00fan m\u00e1s para los cristianos. Saben que gran parte del Juicio Final tendr\u00e1 que ver con la hospitalidad, pues Jesucristo dijo (en Mt. 25:35): \u00abTuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; estaba sin techo y me acogisteis; desnudo y me vestisteis\u00bb. \u2013 Se\u00f1or, \u00bfcu\u00e1ndo te vimos hambriento o sediento o sin techo o desnudo, y te ayudamos? \u00c9l responder\u00e1: \u00abEn verdad os digo que cuantas veces lo hicisteis con el m\u00e1s peque\u00f1o de estos mis hermanos, conmigo lo hicisteis\u00bb. El hogar cristiano tambi\u00e9n honra y sirve a Cristo mismo en el hu\u00e9sped. A sus ojos, el hu\u00e9sped es como un \u00absacramento\u00bb a trav\u00e9s del cual Dios transmite su gracia. Siempre me he preguntado si el peque\u00f1o Juan Mar\u00eda Vianney no debi\u00f3 su vocaci\u00f3n, en parte, a ese peregrino poco glorioso, pero tan humilde y santo, al que sus padres acogieron un d\u00eda en su casa: Benedicto Labre.       <\/p>\n<p>Jesucristo no cesa de venir entre los suyos, y \u00aba todos los que le reciben les da el poder de convertirse en hijos de Dios\u00bb. \u00bfNo deber\u00edamos recordar esta frase de San Juan cuando hablamos de la pr\u00e1ctica de la hospitalidad? <\/p>\n<p>El concepto de hospitalidad cristiana que acabo de presentarte estar\u00eda incompleto si no te hablara en una breve tercera parte del simbolismo de la hospitalidad. Como bien sabes, Dios quiere revelarnos algo de su misterio a trav\u00e9s de cada ser, de cada realidad humana. As\u00ed es como a trav\u00e9s de los padres de la tierra nos habla de su paternidad, como a trav\u00e9s de la uni\u00f3n conyugal nos hace entrever la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia. El simbolismo cristiano nos ense\u00f1a a descifrar en las criaturas el mensaje divino que portan. \u00bfQu\u00e9 revela la hospitalidad sobre el mundo divino? Eso es lo que queda por ver. [&#8230;]      <\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Espero que esta conferencia os haya llevado a apreciar la grandeza de lo que llam\u00e9 al principio \u00abel ministerio de la hospitalidad\u00bb. Y que vosotros y los hogares con los que est\u00e1is en contacto os compromet\u00e1is a practicarlo cada vez con mayor generosidad. <\/p>\n<p>Perm\u00edteme terminar con un ejemplo de un hogar que deber\u00eda ser el santo patr\u00f3n de la hospitalidad cristiana: Aquila y Priscila. Estos tejedores jud\u00edos que viv\u00edan en Corinto recibieron un d\u00eda la visita de uno de sus compatriotas que buscaba trabajo. Aceptaron acogerlo, y su nuevo trabajador no tard\u00f3 en darse a conocer. Era Pablo, reci\u00e9n llegado al gran puerto cosmopolita y libertino. Su trabajador, su anfitri\u00f3n, iba a convertirse en su maestro y padre espiritual. Con su palabra y su ejemplo, se convirtieron a Cristo y abrieron su casa a los ne\u00f3fitos de la gran ciudad. Cuando Pablo fue a \u00c9feso y m\u00e1s tarde a Roma, le acompa\u00f1aron. Y siempre con el mismo fin: tener una casa abierta donde los nuevos conversos se sintieran como en casa, donde se celebrara la Eucarist\u00eda. Me gusta pensar que la profunda intuici\u00f3n de Pablo sobre la grandeza del matrimonio fue madurando lentamente durante los a\u00f1os que pas\u00f3 con los dos esposos, sus amigos y colaboradores. \u00bfNo fue en el espejo de su amor mutuo donde vio reflejado el matrimonio de Cristo y la Iglesia?         <\/p>\n<p>Hoy, como hace veinte siglos, los sacerdotes no pueden prescindir del apoyo del hogar: el sacerdote es Cristo que sale al encuentro de los hombres y les dirige el mensaje del Se\u00f1or; el hogar es la Iglesia que acoge en su seno para proteger, alimentar y alegrar a aquellos que la palabra misionera ha ganado para Dios.<\/p>\n<p><cite>Henri Caffarel,, L&#8217;Anneau d&#8217;Or, n\u00b0 104<\/cite><\/p>\n<p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todo lo que se ha dicho sobre la hospitalidad simplemente humana sigue siendo v\u00e1lido cuando hablamos de la hospitalidad cristiana, pero a las consideraciones precedentes hay que a\u00f1adir otras totalmente nuevas, que especifican esta hospitalidad del hogar cristiano.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"on","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[45],"tags":[],"class_list":["post-233925","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-la-mision-de-la-pareja"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/233925","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=233925"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/233925\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":233927,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/233925\/revisions\/233927"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=233925"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=233925"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=233925"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}