{"id":235106,"date":"2026-01-29T01:14:03","date_gmt":"2026-01-29T00:14:03","guid":{"rendered":"https:\/\/caffarel.hyppoweb.fr\/sin-categoria\/image-de-lunion-du-christ-et-de-leglise\/235106\/"},"modified":"2026-08-10T15:03:41","modified_gmt":"2026-08-10T13:03:41","slug":"imagen-y-misterio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/imagen-y-misterio\/","title":{"rendered":"Imagen y Misterio"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; admin_label=\u00bbsection\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_row admin_label=\u00bbfila\u00bb _builder_version=\u00bb4.27.6&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; custom_padding=\u00bb|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb custom_padding__hover=\u00bb|||\u00bb][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.27.7&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb max_width=\u00bb90%\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb]<\/p>\n<h1>Imagen y Misterio<\/h1>\n<p>[\/et_pb_text][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.27.7&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb hover_enabled=\u00bb0&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb sticky_enabled=\u00bb0&#8243;]Dios habla a trav\u00e9s de s\u00edmbolos. A trav\u00e9s de los sacramentos, habla y se entrega. El matrimonio cristiano es un sacramento: no s\u00f3lo refleja la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia, sino que contiene e irradia su misterio y su vida. Es una comunidad santificada y santificante, una \u00abc\u00e9lula de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p><em>Tres d\u00edas despu\u00e9s se celebraron unas bodas en Can\u00e1 de Galilea, y la madre de Jes\u00fas estaba all\u00ed. Jes\u00fas tambi\u00e9n fue invitado con sus disc\u00edpulos. Y como faltaba vino, la madre de Jes\u00fas le dijo: \u00abNo tienen vino\u00bb. Jes\u00fas le respondi\u00f3:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMujer, \u00bfqu\u00e9 tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todav\u00eda\u00bb. Pero su madre dijo a los sirvientes: \u00abHagan todo lo que \u00e9l les diga\u00bb. Hab\u00eda all\u00ed seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificaci\u00f3n de los jud\u00edos, que conten\u00edan unos cien litros cada una. Jes\u00fas dijo a los sirvientes: \u00abLlenen de agua estas tinajas\u00bb. Y las llenaron hasta el borde. \u00abSaquen ahora, agreg\u00f3 Jes\u00fas, y lleven al encargado del banquete\u00bb. As\u00ed lo hicieron. El encargado prob\u00f3 el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sab\u00edan los sirvientes que hab\u00edan sacado el agua, llam\u00f3 al esposo y les dijo: \u00abSiempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. T\u00fa, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Este fue el primero de los signos de Jes\u00fas, y lo hizo en Can\u00e1 de Galilea. As\u00ed manifest\u00f3 su gloria, y sus disc\u00edpulos creyeron en \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p><strong>Evangelio Seg\u00fan San Juan, 2, 1-11<\/strong><\/p>\n<p>Esta generaci\u00f3n afirma, no sin orgullo, que ha \u00abredescubierto\u00bb la grandeza cristiana del matrimonio, y que vive de acuerdo con ella. \u00bfEs esto tan cierto como parece? Ciertamente, los esposos de hoy saben que son ministros de su sacramento, que el matrimonio es fuente permanente de gracias, que todas las realidades conyugales est\u00e1n santificadas: y \u00e9stas son, sin duda, verdades importantes. Pero cuando San Pablo, los Padres de la Iglesia y el Magisterio se interrogan sobre la uni\u00f3n del hombre y la mujer, para sondear su naturaleza o definir su ideal de santidad, se refieren siempre, en primer lugar, a otra uni\u00f3n, la de Cristo y la Iglesia. \u00abLa primera, ense\u00f1an, es la imagen de la segunda\u00bb. Pero esta conexi\u00f3n, que para ellos expresa la esencia de la doctrina, a la mayor\u00eda de los hogares no les parece m\u00e1s que un s\u00edmbolo literario, casi un juego de palabras, ingenioso y vac\u00edo.<\/p>\n<p>\u00bfDebemos creer que la doctrina de la Iglesia es demasiado herm\u00e9tica para \u00abhablar\u00bb a los simples fieles? \u00bfAcaso la idea divina del matrimonio, en su aspecto m\u00e1s fundamental, es inaccesible a quienes m\u00e1s inter\u00e9s tienen en conocerla? Al contrario, deber\u00edan encontrar luz en ella. Al contrario, estoy convencido de que es la ignorancia de esta idea divina lo que explica tantas falsas opiniones entre los cristianos casados y lo que paraliza su progreso espiritual.<\/p>\n<p><strong>Imagen de la Uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es una imagen? Damos este nombre al simple boceto que representa una cosa o una persona. Un retrato en el que se ha trabajado durante mucho tiempo lo merece a\u00fan m\u00e1s. Tambi\u00e9n decimos de un hijo que es el mism\u00edsimo retrato de su padre si hay un gran parecido externo entre ellos. Pero suponiendo que podamos encontrar en el hijo los pensamientos, los sentimientos y el car\u00e1cter de su padre, con mayor raz\u00f3n veremos en \u00e9l la \u00abimagen viva\u00bb de su padre: la semejanza interior es mucho m\u00e1s importante para la perfecci\u00f3n de la imagen que la semejanza exterior.<\/p>\n<p>En el lenguaje b\u00edblico, una imagen es una realidad visible que se parece, externa pero sobre todo internamente, al modelo. Por eso se dice del primer hombre que fue creado \u00aba imagen de Dios\u00bb (Gn 1,26); mucho m\u00e1s a\u00fan, que es propiamente \u00abimagen de Dios\u00bb (Sab 2,23); es decir, que por su esp\u00edritu, elevado por la gracia, se asemeja a Dios. El texto donde la palabra imagen se emplea con toda su fuerza es en la ep\u00edstola a los Colosenses: Pablo nos dice que Cristo es \u00abla imagen del Dios invisible\u00bb. Lo que el primer hombre s\u00f3lo se parec\u00eda remotamente, Cristo lo realiza a la perfecci\u00f3n, hasta el punto de que en \u00e9l la imagen y su modelo se funden en una sola realidad. No \u00abse parece\u00bb a Dios, \u00abes\u00bb Dios hecho hombre.<\/p>\n<p><strong>De la imagen destruida a la imagen reconstruida<\/strong><\/p>\n<p>Y este Cristo, imagen de Dios, no tiene otra misi\u00f3n en la tierra que devolver a los hombres la semejanza divina perdida por el pecado, hacerlos imagen de Dios, en el sentido m\u00e1s fuerte del t\u00e9rmino. No s\u00f3lo les invita a comportarse como \u00c9l: \u00ab\u00c1mense los unos a los otros como yo los he amado\u00bb, \u00abAprendan de m\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (Mt 11,26), sino que les infunde su vida, les comunica su Esp\u00edritu, porque no se trata s\u00f3lo de que sus disc\u00edpulos se le parezcan exteriormente, sino interiormente. Un san Pablo ser\u00e1 tan imagen de Cristo que podr\u00e1 decir: \u00abCon Cristo estoy crucificado para siempre. Vivo yo, pero no yo, sino que Cristo vive en m\u00ed\u00bb (Gal 2, 19-20). Y en todos los santos despu\u00e9s de \u00e9l, no s\u00f3lo encontraremos los rasgos del rostro humano de Cristo, sino a Jesucristo mismo viviendo en ellos.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo hace Cristo, \u00abimagen del Dios invisible\u00bb, para rehacer a los hombres a semejanza de Dios? Ve\u00e1moslo en el Evangelio. Esta naturaleza humana, este cuerpo del que se revisti\u00f3 para salvarnos, es por ella, por \u00e9l, por quien cura, resucita y santifica. Habla, y el mar se calma, y L\u00e1zaro resucita de su tumba; toca, y el sordo tartamudo oye y habla, la fiebre de la suegra de Pedro se disipa, la oreja de Malco sana; hace barro con su saliva, se lo aplica, y el ciego ve; sopla sobre sus Ap\u00f3stoles y desciende el Esp\u00edritu. Este prodigioso poder de las palabras y de las manos era tan conocido que constantemente se le ped\u00eda que tocara a los ciegos y pusiera las manos sobre las cabezas de los ni\u00f1os. En una palabra, Cristo actuaba a trav\u00e9s de su carne humana, de su humanidad.<\/p>\n<p>Contin\u00faa a trav\u00e9s de los sacramentos. El pan, el vino, el agua, el aceite, las palabras, los ritos, no son otra cosa que actos de Cristo que contin\u00faa curando, salvando, santificando. Y cada uno de sus actos, es decir, cada uno de sus sacramentos, contribuye a ello a su manera, como cada trazo del pulgar del escultor moldea la arcilla. El Bautismo es el sacramento fundamental: nos une a Cristo como Hijo de Dios y nos hace hijos de Dios en Cristo. La confirmaci\u00f3n une a la persona a Cristo en la medida en que es movida por el Esp\u00edritu de Dios, y el bautizado s\u00f3lo ser\u00e1 verdadero hijo de Dios si tambi\u00e9n \u00e9l se somete enteramente a la moci\u00f3n del Esp\u00edritu que recibe de Cristo: \u00abLos verdaderos hijos de Dios son los que son movidos por el Esp\u00edritu de Dios\u00bb (Rm 8,14). La Eucarist\u00eda se centra en Cristo, fuente de vida. La Extremaunci\u00f3n, en Cristo que ofrece su vida al Padre. La Orden asocia a ciertos hombres a Cristo como cabeza de su Iglesia. As\u00ed, por la acci\u00f3n de los diversos sacramentos, Cristo imprime poco a poco en sus disc\u00edpulos los diferentes rasgos de su rostro, asoci\u00e1ndolos a los diversos aspectos de su misterio, haciendo de ellos su imagen cada vez m\u00e1s semejante, como quiere su Padre \u00abque nos predestin\u00f3 a ser conformes a la imagen de su Hijo, para que fuera el primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rm 8, 29).<\/p>\n<p><strong>Prehistoria e historia del matrimonio-sacramento<\/strong><\/p>\n<p>No es el hombre solo, sino tambi\u00e9n el hombre y la mujer, la pareja humana, quienes deben ser la imagen -en un sentido muy fuerte y profundo- de otra realidad.<\/p>\n<p>Para comprender esta perspectiva, echemos un vistazo a la larga sucesi\u00f3n de los siglos.<\/p>\n<p><strong>La Creaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Cuando Dios cre\u00f3 al primer hombre, ten\u00eda los ojos fijos, por as\u00ed decirlo, en aquel cuya imagen es -y debe ser- todo hombre: su Hijo encarnado. Pero fue la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia lo que vislumbr\u00f3 en el horizonte cuando uni\u00f3 a Ad\u00e1n y Eva: as\u00ed, su amor juvenil y su uni\u00f3n fueron el esbozo radiante, la imagen prof\u00e9tica del gran plan que se realizar\u00eda m\u00e1s tarde. En cuanto a las leyes que dio a su matrimonio: unidad, indisolubilidad, jerarqu\u00eda, fecundidad, lejos de ser arbitrarias, estaban dictadas por la uni\u00f3n venidera de Cristo y la Iglesia. Esta uni\u00f3n ser\u00eda una, porque la humanidad salvada nunca tendr\u00e1 m\u00e1s de un esposo: Cristo, y Cristo nunca tendr\u00e1 m\u00e1s de una esposa: la \u00fanica Iglesia; indisoluble, porque Cristo nunca abandonar\u00e1 a su Iglesia, por graves que sean las infidelidades de sus miembros; fecunda, porque el amor de Cristo y de la Iglesia nunca cesar\u00e1, hasta el fin de los siglos, de engendrar nuevos hijos para Dios.<\/p>\n<p><strong>El pecado<\/strong><\/p>\n<p>El pecado, que no tard\u00f3 en llegar, borr\u00f3 en el hombre la imagen de Dios, y en la uni\u00f3n del hombre y la mujer la imagen que anunciaba los esplendores de la uni\u00f3n entre Cristo y la Iglesia, que deb\u00edan constituir su m\u00e1xima dignidad. En consecuencia, el matrimonio se mostr\u00f3 incapaz de conformarse al gran ideal que le hab\u00eda asignado el Creador. Tanto es as\u00ed que Dios mismo, dada \u00abla dureza de sus corazones\u00bb, permiti\u00f3 a su pueblo apartarse de la primitiva ley de unidad e indisolubilidad.<\/p>\n<p>Sin embargo, el amor conyugal y el matrimonio no estaban tan pervertidos como para que no pudi\u00e9ramos encontrar en Israel, a lo largo de los tiempos, parejas en las que floreciera un amor ejemplar. De un vers\u00edculo de la Biblia podemos discernir a veces una gran ternura conyugal: \u00abEntonces su marido Elcana dijo a su mujer (que era est\u00e9ril): &#8216;\u00bfPor qu\u00e9 lloras y no comes? \u00bfPor qu\u00e9 eres infeliz? \u00bfNo soy yo mejor para ti que diez hijos?\u00bb (1 Sam 1,8) (cf. Gn 24,67). El apego exclusivo, la fidelidad incluso m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, se encontraba en el pueblo de Dios. Y ha llegado hasta nosotros un librito, escrito unos cuatro siglos antes de Cristo, que es un verdadero tratado de espiritualidad conyugal y familiar: el Libro de Tob\u00edas.<\/p>\n<p><strong>En tiempos de los profetas<\/strong><\/p>\n<p>Los profetas, por su parte, fueron m\u00e1s all\u00e1 de las exigencias morales del matrimonio y previeron su significado religioso. Sin duda, no pod\u00edan ver en \u00e9l el s\u00edmbolo de Cristo y la Iglesia, pues Dios manten\u00eda su plan \u00aboculto por los siglos de los siglos\u00bb (Col 1,26). Sin embargo, utilizaron la comparaci\u00f3n del matrimonio para comprender mejor la alianza entre Yahv\u00e9 y su pueblo. Es cierto que a menudo para convencer a Israel del adulterio, pero tambi\u00e9n para revelar el amor asombrosamente fiel de Yahv\u00e9 y sus planes maravillosos. A este respecto, Oseas, Isa\u00edas, Jerem\u00edas y Ezequiel tienen textos de intenso fervor: \u00abLa seducir\u00e9 (a las naciones jud\u00edas), la conducir\u00e9 al desierto y hablar\u00e9 a su coraz\u00f3n&#8230; Ella responder\u00e1 como en los d\u00edas de su juventud\u00bb (Os 2,16-17). As\u00ed dice Yahv\u00e9: \u00abMe acuerdo del afecto de tu juventud, del amor de tus desposorios: me seguiste al desierto\u00bb (Jer 2,2). \u00ab\u00a1No te averg\u00fcences! Tu esposo ser\u00e1 tu Creador. \u00bfTe divorcias de la mujer de tu juventud? &#8230; Por un breve instante te abandon\u00e9. Pero en mi amor eterno me compadec\u00ed de ti\u00bb (Is 54, 4-8). \u00abComo la esposa joven es la alegr\u00eda de su marido, as\u00ed ser\u00e1s t\u00fa la alegr\u00eda de tu Dios\u00bb. (Is 62, 5).<\/p>\n<p><strong>Cuando vino Cristo<\/strong><\/p>\n<p>Cuando vino el Hijo de Dios, el matrimonio entr\u00f3 en una nueva fase. Cristo se present\u00f3 como el esposo. Juan el Bautista ve\u00eda as\u00ed a Jes\u00fas: \u00abEl amigo del esposo, que est\u00e1 a su lado y le oye, se alegra a la voz del esposo: \u00e9sta es mi alegr\u00eda, y es completa\u00bb (Jn 3,29). A los que se escandalizaban de que sus disc\u00edpulos no ayunaran, Jesucristo respondi\u00f3: \u00ab\u00bfAcaso pueden ayunar los amigos del esposo mientras el esposo est\u00e1 con ellas?\u00bb (Mt 9,15). La par\u00e1bola de las bodas reales ilustra el mismo tema: \u00abEl Reino de los Cielos puede compararse a un rey que da un banquete de bodas a su hijo. Envi\u00f3 a sus siervos a invitar a los invitados al banquete de bodas&#8230;\u00bb (Mt 22,2-3). Y la par\u00e1bola de las v\u00edrgenes: \u00abEn medio de la noche se oy\u00f3 un grito: \u00ab\u00a1He aqu\u00ed el esposo! Salgan a recibirle\u00bb\u00bb (Mt 25,6). He aqu\u00ed al Hijo de Dios que viene a desposar a la humanidad.<\/p>\n<p>Cuando los profetas utilizaban esta met\u00e1fora del matrimonio, era sin duda para explicar la uni\u00f3n de Yahv\u00e9 con su pueblo, pero a\u00fan m\u00e1s para anunciar la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia. Aplicar la met\u00e1fora a la Iglesia adquiere un significado singularmente m\u00e1s profundo. Es cierto que Yahv\u00e9 e Israel estaban unidos: \u00abUstedes ser\u00e1n mi pueblo y yo ser\u00e9 su Dios\u00bb, pero, en cierto sentido, la divinidad y la humanidad quedaban fuera la una de la otra. Esto ya no ocurre con Cristo. En el hombre Jes\u00fas, divinidad y humanidad est\u00e1n inseparablemente unidas: y entre Jes\u00fas y sus disc\u00edpulos, Jes\u00fas y su Iglesia, hay mucho m\u00e1s que una cercan\u00eda, un apego exterior, hay una comuni\u00f3n: \u00abUstedes en m\u00ed, yo en ustedes\u00bb, les repet\u00eda. S\u00f3lo la uni\u00f3n m\u00e1s \u00edntima que existe entre los seres humanos -la uni\u00f3n amorosa del hombre y la mujer- era capaz de proporcionar una imagen aproximada de esta uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia.<\/p>\n<p><strong>La uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia<\/strong><\/p>\n<p>Este matrimonio, esta uni\u00f3n del Hijo de Dios con la naturaleza humana, tuvo lugar en dos etapas. Primero, la Encarnaci\u00f3n: el Hijo de Dios se \u00abcas\u00f3\u00bb con la naturaleza humana en el seno de la Virgen Mar\u00eda. En segundo lugar, la Cruz: \u00abNadie tiene mayor amor que el que da la vida por los que ama\u00bb (Jn 15,13). Al sacrificarse, Cristo obtiene el perd\u00f3n de la humanidad, la llama y la une. A los Padres de la Iglesia les gustaba comparar el matrimonio de Cristo y la Iglesia en la Cruz con el matrimonio de Ad\u00e1n y Eva: as\u00ed como Eva nace de Ad\u00e1n dormido, as\u00ed la Iglesia nace del costado traspasado de Cristo que muri\u00f3 por amor a ella.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed ahora la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia, cuya lejana luz hab\u00eda iluminado la uni\u00f3n de Ad\u00e1n y Eva, y de la que todo verdadero matrimonio, a partir de entonces, hab\u00eda sido como una \u00absombra\u00bb, es decir, una imagen, pero oscura, misteriosa y a menudo desfigurada. Que los hombres tuvieran grandes dificultades para llevar una vida matrimonial santa era explicable, si no excusable, pues el matrimonio s\u00f3lo se hace plenamente inteligible cuando se revela su secreto, que es la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia. Una vez logrado esto, lo \u00fanico que le queda a la uni\u00f3n matrimonial es ser su <em>imagen <\/em>viva y resplandeciente.<\/p>\n<p><strong>Restauraci\u00f3n del matrimonio<\/strong><\/p>\n<p>Que el primer acto del ministerio de Jes\u00fas fuera su presencia en una boda y en un banquete de bodas; que su primer milagro fuera la conversi\u00f3n del agua en vino, y un vino muy superior en calidad al de los novios, dice mucho de su inter\u00e9s por el matrimonio y de sus intenciones.<\/p>\n<p>Para que la uni\u00f3n del hombre y la mujer sea la imagen de su uni\u00f3n con la Iglesia, primero debe ser restaurada en su integridad primitiva. Por eso, un d\u00eda, solemnemente, en presencia de los fariseos, Jes\u00fas declar\u00f3: <em>\u00ab\u00bfNo han le\u00eddo ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo var\u00f3n y mujer?; y que dijo: \u00abPor eso, el hombre dejar\u00e1 a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no ser\u00e1n sino una sola carne\u00bb. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido\u00bb. Le replicaron: \u00abEntonces, \u00bfpor qu\u00e9 Mois\u00e9s prescribi\u00f3 entregar una declaraci\u00f3n de divorcio cuando uno se separa?\u00bb. El les dijo: \u00abMois\u00e9s les permiti\u00f3 divorciarse de su mujer, debido a la dureza del coraz\u00f3n de ustedes, pero al principio no era s\u00ed.\u201d <\/em>(Mt 19, 4-8). Los mismos ap\u00f3stoles se sorprendieron y asustaron ante tal exigencia: \u00abSi \u00e9sta es la condici\u00f3n de un hombre hacia una mujer, \u00a1ser\u00eda mejor no casarse!<\/p>\n<p><strong>El Sacramento del Matrimonio<\/strong><\/p>\n<p>No basta con restablecer la legislaci\u00f3n matrimonial, porque si el amor, el matrimonio y la pareja no son sanados y transformados, la naturaleza humana, abandonada a s\u00ed misma, volver\u00e1 a caer en sus errores, a pesar de cualquier reforma legislativa. Por el contrario, en el esp\u00edritu de Cristo, cada pareja, en cada ciudad y en cada campo, en todas partes del mundo, debe ser un testimonio vivo del amor de Dios por la humanidad, presentando a los hombres el espect\u00e1culo de una vida conyugal en la que se reflejan los esplendores de su uni\u00f3n con la Iglesia. Por eso hace del matrimonio de sus disc\u00edpulos un sacramento. Esta afirmaci\u00f3n apenas nos conmueve y, sin embargo, es un acto de Cristo a\u00fan m\u00e1s prodigioso que la transformaci\u00f3n del agua en vino. Es una de las grandes obras de Dios, una de esas \u00abmagnalia Dei\u00bb de las que habla la Biblia. Descubramos sus riquezas.<\/p>\n<p><strong>La pareja \u201cimagen\u201d de Cristo y de la Iglesia<\/strong><\/p>\n<p>En el matrimonio, como en todo sacramento, Cristo \u00abtoca\u00bb una realidad humana para hacerla santa. Juntos, el hombre y la mujer se convierten en imagen de su uni\u00f3n con la Iglesia. Este es el efecto m\u00e1s espec\u00edfico de este sacramento, la raz\u00f3n primera de su instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Recordemos la noci\u00f3n b\u00edblica de imagen, aclarada al principio: mucho m\u00e1s que un simple simbolismo, una semejanza externa, la imagen en sentido fuerte contiene lo que representa. El hombre que es imagen de Cristo no es s\u00f3lo aquel que reproduce en sus gestos, actitudes y actividades los modos de actuar de Cristo; es aquel en quien Cristo est\u00e1 presente y vivo. Del mismo modo, la pareja, verdadera y aut\u00e9ntica imagen de la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia, no es s\u00f3lo aquella cuyo comportamiento refleja el amor, la unidad, la indisolubilidad y la fecundidad de esta uni\u00f3n -en cuanto no ser\u00eda m\u00e1s que una imagen natural y externa, un mero s\u00edmbolo-; es aquella en la que est\u00e1n presentes y viven el misterio y la vida de la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia.<\/p>\n<p>Para comprender este efecto del sacramento del matrimonio, hay que remontarse al bautismo, fuente de nuestro \u00abser cristiano\u00bb. Este hombre y esta mujer que vienen a casarse est\u00e1n bautizados; esto significa que ya no se pertenecen a s\u00ed mismos (I Cor 6, 19), que est\u00e1n en poder de Cristo y, por tanto, que no disponen de su persona. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edan entregarse los unos a los otros si Cristo no los uniera? Como miembros del Cuerpo de Cristo, es Cristo quien los une, como un hombre une sus dos manos. Por eso debemos decir con San Pablo que est\u00e1n casados \u00aben el Se\u00f1or\u00bb. Cada uno est\u00e1 en el Se\u00f1or, tambi\u00e9n su uni\u00f3n est\u00e1 en el Se\u00f1or: est\u00e1 incrustada en el Cuerpo del Se\u00f1or, penetrada, irrigada, llevada, transfigurada por la vida del Cuerpo.<\/p>\n<p>El Cuerpo de Cristo y la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia son una misma cosa. Pero mientras que las expresiones Cuerpo de Cristo o Cuerpo m\u00edstico ponen de relieve la unidad que Cristo forma con todos los suyos, la expresi\u00f3n uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia subraya la dualidad en la unidad, el di\u00e1logo, el amor mutuo de Cristo y la Iglesia que se entregan el uno al otro. La comparaci\u00f3n del matrimonio lo dice todo. As\u00ed, la uni\u00f3n del hombre y la mujer se inserta en la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia, dentro de esa misma uni\u00f3n. La esponja est\u00e1 en el oc\u00e9ano, pero tambi\u00e9n el oc\u00e9ano en la esponja: la pareja est\u00e1 en la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia, pero rec\u00edprocamente la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia est\u00e1 en la pareja.<\/p>\n<p>Gracias a esta compenetraci\u00f3n, la uni\u00f3n del hombre y la mujer se asemeja cada vez m\u00e1s visiblemente a su modelo, siendo los esposos ayudados por la gracia a respetar fielmente las exigencias del matrimonio; pero adem\u00e1s, invisiblemente, se transforma desde dentro y se convierte en la aut\u00e9ntica imagen de la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia, y \u00e9sta, como hemos visto, es la profunda raz\u00f3n de ser del matrimonio, que Cristo prometi\u00f3 obtener haciendo del matrimonio un sacramento.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 es esta realidad, esta misteriosa vida del hogar en la que se revela y cobra vida la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia?<\/p>\n<p>Para aclarar nuestro pensamiento sobre este punto, conservaremos la vieja palabra tradicional \u00abimagen\u00bb, pero la duplicaremos con otra palabra, m\u00e1s familiar a nuestro vocabulario, y cuyo significado es muy pr\u00f3ximo: la de \u00abc\u00e9lula\u00bb. Al igual que la imagen, la c\u00e9lula participa en el Todo, en todo el organismo, y la vida del Todo est\u00e1 presente en cada c\u00e9lula; pero la palabra c\u00e9lula subraya quiz\u00e1s mejor el papel activo de cada elemento en el Todo, mientras que este aspecto din\u00e1mico permanece en el trasfondo de la palabra imagen.<\/p>\n<p><strong>La pareja cristiana, imagen y c\u00e9lula de la Iglesia<\/strong><\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abc\u00e9lula de la Iglesia\u00bb, empleada por Juan XXIII en 1959 en su discurso a los mil hogares peregrinos de los Equipos de Nuestra Se\u00f1ora, es una frase utilizada con frecuencia por los te\u00f3logos de hoy, pero parece que ning\u00fan Papa la hab\u00eda empleado antes. Tiene el m\u00e9rito de situar claramente a la pareja: como tal, forma parte del Cuerpo M\u00edstico de Cristo. Esta observaci\u00f3n, que parece bastante simple, es en realidad extraordinaria: el matrimonio es la \u00fanica sociedad natural que, como sociedad, es asumida en el orden de la gracia, incorporada a Cristo. La pareja cristiana es, por tanto, parte integrante de la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la noci\u00f3n de c\u00e9lula aplicada a la pareja arroja otra luz. Como toda c\u00e9lula, la pareja contribuye a la vida del conjunto, lo sostiene, pero por sus propios medios, es decir, por la transmisi\u00f3n de la vida. No pensemos aqu\u00ed s\u00f3lo en la simple procreaci\u00f3n. El objetivo del hogar cristiano no es simplemente tener hijos, sino tener hijos que sean hijos de Dios. Entonces, pero s\u00f3lo entonces, la c\u00e9lula trabaja para el Cuerpo m\u00edstico. Mediante el sacramento del matrimonio, Cristo ha tomado y consagrado el poder de engendrar; este poder se transfiere al servicio del g\u00e9nero humano, al servicio del Reino de Dios. Estos son los hijos de Dios que \u00c9l est\u00e1 llamado a multiplicar. Este es el oficio espec\u00edfico de la Iglesia que se conf\u00eda a los cristianos por el sacramento del matrimonio: \u00abUnos -escribe Santo Tom\u00e1s- propagan y mantienen la vida espiritual por un ministerio \u00fanicamente espiritual: \u00e9ste es el oficio del sacramento del Orden; otros lo hacen por un ministerio a la vez corporal y espiritual: esto es lo que se consigue por el sacramento del matrimonio, que une a un hombre y a una mujer para que engendren descendencia y la eduquen para el culto de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Y ahora, exploremos la vida interior del hogar, imagen y c\u00e9lula de la Iglesia.<\/p>\n<p>Como hogar sacramental, vive la vida de amor a Cristo y a la Iglesia. Pero ve\u00e1moslo m\u00e1s de cerca. Lo que Cristo vive en su Iglesia es su vida eterna como Hijo de Dios. Nos quedar\u00edamos en la superficie del misterio, no penetrar\u00edamos en sus profundidades, si no asoci\u00e1ramos a las otras dos Personas divinas con Cristo en la Iglesia. Para ir al fondo de la cuesti\u00f3n, es la riqueza del amor entre el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu lo que hace rica la uni\u00f3n entre Cristo y la Iglesia, y por extensi\u00f3n la de la pareja cristiana en la que se realiza el Misterio. Al esbozar esta teolog\u00eda \u00abtrinitaria\u00bb del hogar, no temamos hundirnos en la abstracci\u00f3n; nada hay m\u00e1s concreto, m\u00e1s vivo, m\u00e1s c\u00e1lido que esta presencia de la Trinidad actuando en el amor humano.<\/p>\n<h2>Por el hijo, en el Esp\u00edritu, hacia el Padre<\/h2>\n<p><strong>El Hijo de Dios en el hogar<\/strong><\/p>\n<p>Empecemos por el Hijo, ya que fue \u00e9l quien form\u00f3 el hogar al unir al hombre y la mujer. Al fundar el hogar, lo hizo suyo. No es como el obrero que se retira cuando termina su tarea. Sigue siendo, por as\u00ed decirlo, la cabeza de este peque\u00f1o cuerpo m\u00edstico, como es la cabeza de su gran Iglesia. Y desde la cabeza, el influjo vital penetra en la pareja y la va curando de todas las secuelas del pecado, enriquece el amor, eleva la uni\u00f3n, vivifica la peque\u00f1a comunidad, y no s\u00f3lo a los esposos, sino tambi\u00e9n a los hijos. Y para hacer todo esto, no recurre a medios tomados de fuera, sino que utiliza toda la vida dom\u00e9stica, haciendo de ella un veh\u00edculo de gracia, verdaderamente santificante -con tal, claro est\u00e1, que se preste a ello, es decir, que sea verdadera y que los esposos tengan una fe viva en su sacramento-.<\/p>\n<p>Poco a poco, a trav\u00e9s de su incesante trabajo en el hogar, consigue infundirle sus pensamientos, sentimientos y deseos. Y sobre todo su caridad, su amor al Padre. \u00c9l \u00abfilializa\u00bb el hogar. Pero esta caridad de Cristo no conquista el hogar sin encontrar reservas. La \u00abconcupiscencia\u00bb, en palabras de Santiago (St 1,15) (dir\u00edamos el amor propio), est\u00e1 presente, activo y es fuente de pecado. Hay un conflicto inexpiable entre la caridad y la codicia, cada una opuesta a la otra. El hogar que consiente en la caridad de Cristo morir\u00e1, d\u00eda tras d\u00eda, a la concupiscencia y al pecado y resucitar\u00e1 a una vida nueva que se ir\u00e1 extendiendo a todos los \u00e1mbitos de su vida. Este paso de la muerte a la vida no es otro que el misterio pascual de Cristo: el misterio de su muerte y resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y del mismo modo que un cristiano que ha estado unido a Cristo por el bautismo debe acudir a la Eucarist\u00eda para renovar su vitalidad, lo mismo debe hacer una pareja que ha estado unida a Cristo por el sacramento del matrimonio. Existe un estrecho v\u00ednculo entre el sacramento del matrimonio y el sacramento de la Eucarist\u00eda, y no s\u00f3lo el primer d\u00eda, cuando la Misa sigue a la conclusi\u00f3n del matrimonio, sino durante toda la vida. \u00abVivir\u00e1n de m\u00ed\u00bb, prometi\u00f3 Cristo a los que se alimentaban de su Cuerpo. Los que no comen el Cuerpo de Cristo mueren de hambre: los hogares y los individuos por igual. Por la Eucarist\u00eda, Cristo comunica a la pareja las energ\u00edas vitales de su humanidad gloriosa, que el sacramento del matrimonio utiliza y pone en pr\u00e1ctica para santificar la comunidad conyugal y familiar.<\/p>\n<p><em>Cristo sacerdote en el hogar. \u2013 <\/em> La actitud fundamental de Cristo, cuando estaba en la tierra como ahora a la derecha del Padre, es la <em>ofrenda<\/em>. La palabra es fr\u00eda. Deber\u00edamos decir el salto gozoso de su coraz\u00f3n de hijo hacia su Padre amado, impulsado por su admiraci\u00f3n, su amor, su acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n<p>Pero su religi\u00f3n no es una relaci\u00f3n de t\u00fa a t\u00fa con el Padre; sabe que ha sido enviado para la salvaci\u00f3n del mundo, por lo que la intercesi\u00f3n es parte integrante de su oraci\u00f3n, en el coraz\u00f3n de su intimidad con el Padre. Intercedi\u00f3 por sus disc\u00edpulos cuando estaba entre ellos: \u00abPadre santo, te ruego por ellos. Guarda en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros, para que tengan en ellos la plenitud de mi alegr\u00eda. Gu\u00e1rdalos del mal. Cons\u00e1gralos en la verdad. Quiero que est\u00e9n conmigo donde yo estoy\u00bb (Jn 17). Debemos leer \u00edntegramente esta admirable oraci\u00f3n, que es precisamente lo que llamamos una oraci\u00f3n sacerdotal. La ascensi\u00f3n de Cristo no interrumpi\u00f3 su intercesi\u00f3n. La ep\u00edstola a los Hebreos nos asegura que, a la diestra del Padre, sigue vivo e intercede por nosotros (Hb 7,25). Lo que est\u00e1 a la diestra del Padre, lo est\u00e1 en medio de su gran Iglesia, y lo est\u00e1 tambi\u00e9n en su \u00abpeque\u00f1a Iglesia\u00bb, el hogar fundado sobre su sacramento.<\/p>\n<p>Pero su funci\u00f3n sacerdotal de mediador no se limita a la intercesi\u00f3n. Toma en sus \u00absantas y venerables manos\u00bb todas las alegr\u00edas y penas de la familia (\u00a1y Dios sabe que son muchas a lo largo de la vida, ligeras y pesadas!), el trabajo y el ocio, las personas y los bienes, todo lo que es sustancia y vida del hogar, y lo ofrece a su Padre, \u00edntimamente implicado en su sacrificio. Pero tambi\u00e9n, en sentido inverso, esta vez volvi\u00e9ndose hacia el hogar, le ofrece las riquezas que extrae del seno del Padre: bienes terrenales y bienes sobrenaturales, todo lo necesario para el crecimiento y la realizaci\u00f3n humana y espiritual del hogar, para su santidad. Y muy a menudo ser\u00e1 el perd\u00f3n del Padre lo que transmitir\u00e1 al hogar, no sin invitarle a recurrir al sacramento de la penitencia.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 alegr\u00eda, qu\u00e9 consuelo, qu\u00e9 seguridad para los miembros del hogar, si comprenden que no est\u00e1n solos, que no luchan solos, que no rezan solos, sino que Cristo, su sacerdote, est\u00e1 luchando, rezando en su casa, con ellos.<\/p>\n<p>Pero al ejercer la funci\u00f3n de sacerdote del hogar, Cristo pretende asociarse al cabeza de familia. Los Padres de la Iglesia y los te\u00f3logos han hablado a menudo del sacerdocio del esposo y padre. A \u00e9l le corresponde unirse a Cristo sacerdote para ofrecer, interceder y cumplir su misi\u00f3n de mediador. En primer lugar, ofrece su propia vida por sus seres queridos, porque \u00abno hay amor m\u00e1s grande que dar la vida por los que se ama\u00bb. Ofrece tambi\u00e9n a los suyos, a su mujer y a sus hijos, sus fatigas y sus dolores, sus alegr\u00edas y sus oraciones. Su responsabilidad de mediador-intercesor es pesada.<\/p>\n<p>En primer lugar, se juega entre su esposa y Dios. Vuelva a leer la admirable \u00abCarta a una monja\u00bb citada en el n\u00famero especial de El Anillo de Oro, \u00abEl padre\u00bb. En aquella sala de partos, el m\u00e9dico, la comadrona y t\u00fa, hermana m\u00eda, con tu mascarilla de cloroformo, cuidaban del cuerpo de la \u00abpaciente\u00bb. \u00bfQui\u00e9n le hablaba al alma? \u00bfQui\u00e9n le daba a Dios mientras la cuidaban? \u00bfQui\u00e9n, si no yo?<\/p>\n<p>\u00abLo digo sin ninguna pretensi\u00f3n, sino con profunda convicci\u00f3n, hermana m\u00eda: esta carne que sufr\u00eda los dolores del parto por el efecto intermitente de tu ben\u00e9fico anest\u00e9sico, era en cierto modo la m\u00eda; y esta alma que rezaba intensamente y hac\u00eda descender sobre nosotros la gracia del Se\u00f1or, era en cierto modo la de mi compa\u00f1era, calmada en m\u00ed, conectada por m\u00ed con Dios&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Su responsabilidad tambi\u00e9n est\u00e1 entre Dios y sus hijos. Pensemos en Job, de quien la Escritura nos dice: \u00abCuando termin\u00f3 el ciclo de estas fiestas, Job mand\u00f3 llamar a sus hijos para purificarlos, y al amanecer del d\u00eda siguiente ofreci\u00f3 un holocausto por cada uno de ellos. Porque se dijo: Tal vez mis hijos han pecado y ofendido a Dios en su coraz\u00f3n\u00bb. (Job 1, 5). Y cuando el padre bendice a sus hijos, es Cristo Sacerdote quien, a trav\u00e9s de \u00e9l, los bendice. Ni que decir tiene que faltar\u00eda gravemente a su deber si no presidiera la oraci\u00f3n comunitaria, \u00e9l, sacerdote principal de esta comunidad de culto que es el hogar cristiano.<\/p>\n<p>Pero Dios ha dado al hombre un ayudante. Que el marido sepa asociar a su mujer a su misi\u00f3n sacerdotal. Que juntos sepan ofrecer al hijo esperado, al hijo que acaba de nacer (es lamentable que la liturgia actual del bautismo no insista m\u00e1s en el papel sacerdotal de los padres), al que Dios reclama para su servicio exclusivo, al que Dios recupera: \u00abCon toda mi alma -escrib\u00eda una madre-, con el mismo fervor que la noche de su nacimiento, lo ofrec\u00ed a la Trinidad en humilde homenaje. Y sent\u00ed como si lo trajera al mundo por segunda vez\u00bb. A veces la madre tiene que sustituir al padre que falla. Pienso en una esposa cuyo marido est\u00e1 hospitalizado por una crisis nerviosa: \u00abMi \u00fanica oraci\u00f3n -escribe- consiste en dirigirme a Dios con todo mi coraz\u00f3n, mi bella hostia, mi querido Roger\u00bb. De momento, \u00e9l es como la hostia, una pobre cosa inerte, zarandeada, inconsciente. Pero desde que estoy aqu\u00ed, me toca ser el sacerdote del hogar y ofrecer: entonces todo se revaloriza\u00bb. Pienso tambi\u00e9n en tantas mujeres que de repente, por la muerte, se encuentran a la cabeza del hogar y se ven obligadas a asumir solas el papel sacerdotal.<\/p>\n<p>M\u00e1s que a los esposos, Cristo sacerdote quiere asociar a todo el hogar. Convierte a toda la familia en una comunidad sacerdotal en la que, con la que y por la que quiere adorar, ofrecerse y alabar al Padre. Una comunidad a la que tambi\u00e9n une para interceder por todos los habitantes del edificio, por todas las familias de la calle y de la ciudad, e incluso, m\u00e1s all\u00e1 del horizonte visible, por todos los hombres. En una familia que conozco, a veces rezamos juntos delante de un gran mapa mural del mundo, ya que los padres han ense\u00f1ado a sus hijos las diferentes situaciones de la Iglesia en los distintos pa\u00edses del mundo.<\/p>\n<p><em>Cristo profeta. \u2013 <\/em>Jes\u00fas fue \u00abprofeta en la tierra, poderoso en obras y palabras ante Dios y ante los hombres\u00bb. Pero demos a esta palabra profeta el sentido b\u00edblico de portavoz de Dios. Lo que Cristo fue durante su estancia terrena, lo ha seguido siendo para su Iglesia, lo es para el hogar cristiano. Est\u00e1 deseoso de darles a conocer al Padre, el gran designio, el amor, los pensamientos, las voluntades, las llamadas del Padre. Ese Padre \u00abde quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra\u00bb (Ef 3,15).<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de su Palabra, inspira la fe, y al inspirar la fe construye la Iglesia, y no s\u00f3lo la Iglesia grande, sino tambi\u00e9n la peque\u00f1a, el hogar. Pero el hogar debe escuchar la Palabra. Si son fieles, merecer\u00e1n que Cristo les diga, como a sus ap\u00f3stoles: \u00abYa no los llamo mis siervos, sino mis amigos, porque les he dicho todo lo que he aprendido de mi Padre\u00bb (Jn 15,15).<\/p>\n<p>Es principalmente a trav\u00e9s de la Biblia como Cristo ense\u00f1a a los miembros del hogar. Por eso, en todo hogar cristiano, la lectura de este Libro deber\u00eda ocupar un lugar especial. Y, m\u00e1s a\u00fan, hay algunos para quienes la Biblia es una Presencia. Recuerdo que un par de amigos me contaron que hab\u00edan prestado su Biblia durante unas semanas a un no creyente y, a\u00f1adieron, \u00abtuvimos la dolorosa sensaci\u00f3n de que faltaba alguien en casa\u00bb.<\/p>\n<p>Cristo seguir\u00e1 siendo profeta -como lo fue antes en su sacerdocio- a trav\u00e9s de la cabeza de familia. \u00bfNo corresponde en primer lugar a la cabeza de familia leer la Biblia a la familia reunida, leerla y comentarla? En palabras de un viejo autor, encontramos este recuerdo de infancia: \u00abEra despu\u00e9s de cenar cuando el padre de familia le\u00eda la Sagrada Escritura. Empezaba por el G\u00e9nesis y le\u00eda con devoci\u00f3n tres o cuatro cap\u00edtulos, seg\u00fan la extensi\u00f3n, acompa\u00f1\u00e1ndolo de algunas observaciones breves y poco frecuentes, pero que consideraba absolutamente necesarias. No puedo dejar de recordar con qu\u00e9 atenci\u00f3n se escuchaba esta lectura, y c\u00f3mo comunicaba a toda la numerosa familia un don de afabilidad y fraternidad. Mi padre comenzaba siempre con estas palabras: \u00abReun\u00e1monos, hijos m\u00edos; es el Esp\u00edritu Santo quien va a hablar\u00bb. Al d\u00eda siguiente, durante el trabajo, la lectura de la noche anterior era el tema de conversaci\u00f3n. Ciertamente, no estoy defendiendo este tono solemne, este estilo patriarcal: \u00a1el hecho es que estas costumbres familiares ten\u00edan grandeza! No me importa que los padres de hoy adopten un estilo diferente, pero no deben abdicar de sus prerrogativas. Su cooperaci\u00f3n en la misi\u00f3n prof\u00e9tica de Cristo no se limitar\u00e1 a la lectura de la Biblia: han de ense\u00f1ar a sus hijos, darles a conocer a Dios, sus perfecciones y sus voluntades, transmitirles una concepci\u00f3n cristiana de la vida. Pero toda la obra educativa debe ser una prolongaci\u00f3n de la Palabra de Dios, que ha de ser asimilada vitalmente, transmitida en las actividades cotidianas, \u00abencarnada\u00bb en el fondo de lo temporal.<\/p>\n<p>Es evidente que, tambi\u00e9n en este caso, la madre ser\u00e1 la compa\u00f1era del padre, y a menudo es a trav\u00e9s de ella como el primer anuncio del Evangelio llegar\u00e1 a los ni\u00f1os muy peque\u00f1os. Lo que no quiere decir que su papel se limite a los ni\u00f1os peque\u00f1os. La mujer que me escribi\u00f3 lo entendi\u00f3 muy bien: \u00abDios me ha confiado tres hijas, y hago m\u00edas las palabras de San Pablo: <em>la voz de los ap\u00f3stoles ha llegado a todo el mundo, y su palabra hasta los confines de la tierra<\/em>. \u00bfAcaso el mundo no empieza en nuestra propia familia?<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, Cristo profeta requiere el apoyo de todo el hogar. Un hogar cristiano no puede dejar de ser un hogar-profeta. Ser\u00e1 profeta no s\u00f3lo para los que lo visitan o se alojan en \u00e9l, sino tambi\u00e9n para todos los que lo rodean y lo ven vivir. Sin embargo, los miembros de la familia deben tener cuidado de no \u00absembrar por todas partes\u00bb y de modo inoportuno las semillas de la buena palabra. Que empiecen ya -con el testimonio de su felicidad, con la pr\u00e1ctica de las virtudes privadas y p\u00fablicas, con el resplandor de su amor- a hacer o\u00edr que Cristo, all\u00ed donde reina, trae la paz, el orden y el esp\u00edritu de sacrificio. En cuanto a los esposos, que \u00abprofeticen\u00bb la uni\u00f3n de Cristo y de la Iglesia por la calidad de su vida conyugal.<\/p>\n<p><em>Cristo Rey-Pastor. \u2013 <\/em>Esta es la tercera funci\u00f3n de Cristo en la Iglesia y en el hogar. Pero este se\u00f1or\u00edo de Cristo debe entenderse cuidadosamente. Se necesitan varios conceptos relacionados para entenderlo correctamente. Cristo Cabeza es a la vez Cabeza, Rey, Pastor y Esposo del hogar. Y es la intersecci\u00f3n de estos diversos t\u00e9rminos b\u00edblicos lo que muestra claramente la rica complejidad de esta noci\u00f3n.<\/p>\n<p>No me detendr\u00e9 en mostrarles que Cristo es la Cabeza del peque\u00f1o cuerpo m\u00edstico que es la familia, como ya hemos visto. Se trata de la forma m\u00e1s elevada de liderazgo, pues significa dirigir no desde fuera, sino desde dentro, como hace la cabeza con los miembros.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n es la cabeza en el sentido de <em>Rey<\/em>, de soberano. Todo es suyo en este hogar fundado por el sacramento: padres e hijos, casa y campos. \u00c9l es el se\u00f1or para hacer reinar el orden y la paz de Dios, para defender, proteger y gobernar. Que el hogar reconozca este se\u00f1or\u00edo de Cristo, escuche sus mandatos y sea leal a su se\u00f1or. Recuerdo, como un recuerdo impactante de mi vida sacerdotal, el d\u00eda que pas\u00e9 en casa de un matrimonio muy joven que me invit\u00f3 a bendecir su casa y su hacienda, hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os. Aquella tarde, durante la velada en el gran sal\u00f3n de la finca, el marido rez\u00f3 a Cristo, entregando su persona, su mujer, sus hijos esperados y sus bienes en presencia del sacerdote, y declarando que su \u00fanica ambici\u00f3n era ser un fiel administrador. Al final de la oraci\u00f3n, colg\u00f3 el crucifijo en la pared para afirmar que Cristo estaba all\u00ed, en su casa. Unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el obispo de la di\u00f3cesis, enterado de la extraordinaria influencia de este hogar, le ofreci\u00f3 celebrar misa en su casa y guardar el Sant\u00edsimo Sacramento en un oratorio. Mi amigo me escribi\u00f3: \u00abCristo ha escuchado nuestra oraci\u00f3n y ha venido a tomar posesi\u00f3n de sus dominios.\u201d Cuando, unos quince a\u00f1os m\u00e1s tarde, Dios volvi\u00f3 para llamar a un hijo peque\u00f1o, padre y madre recordaron la ofrenda de la primera noche. Y el d\u00eda en que, despu\u00e9s de treinta a\u00f1os de matrimonio, el cabeza de familia fue llamado de nuevo, ni siquiera pens\u00f3 en discutir: tambi\u00e9n acept\u00f3.<\/p>\n<p>Cristo es tambi\u00e9n <em>Pastor <\/em>del hogar. \u00c9l, que se ha hecho responsable de su reba\u00f1o, que procura que no le falte nada esencial, lo conduce a \u00abverdes praderas\u00bb y a \u00abfuentes de agua viva\u00bb. Conoce a sus ovejas y sus ovejas le conocen y escuchan su voz (Jn 10,1-8). Las tranquiliza en los momentos de angustia: \u00abNo teman, peque\u00f1o reba\u00f1o, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino\u00bb (Lc 12,32). Una mujer se\u00f1al\u00f3 una vez c\u00f3mo descubri\u00f3 la solicitud y la devoci\u00f3n de Cristo por el hogar fundado en \u00c9l: \u00abEst\u00e1bamos hablando de varias cosas con mi marido junto al mar. Me invadi\u00f3 una presencia tan viva de Cristo, que me pareci\u00f3 verle all\u00ed, con los ojos del alma, sentado entre nosotros, como se hab\u00eda sentado junto a sus ap\u00f3stoles. Me reproch\u00f3 que, desde nuestros seis a\u00f1os de matrimonio, s\u00f3lo lo hab\u00eda convertido en un invitado en nuestro deseo de perfecci\u00f3n conyugal y familiar, en un amigo con el que compart\u00edamos nuestras alegr\u00edas y nuestros sufrimientos, y no en el que sirve. Me sent\u00ed abrumada al comprender el lugar que \u00e9l quer\u00eda ocupar en un hogar, y c\u00f3mo el amor ten\u00eda que ser su primera obra. Comprend\u00ed que nos hab\u00eda llamado a vivir apoy\u00e1ndonos en \u00c9l y no en nosotros mismos, entreg\u00e1ndonos a \u00c9l en nuestras debilidades, para que pudiera derramar infinitamente sobre nosotros su admirable misericordia.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, Cristo es cabeza en el sentido de <em>Esposo. <\/em>Es el esposo de la familia, como lo es de la Iglesia. Este punto de vista tiene la ventaja de subrayar el aspecto de amor, fidelidad e intimidad del se\u00f1or\u00edo de Cristo. Entre Cristo y la familia existe la m\u00e1s estrecha comunidad de vida y de destino; todo lo que pertenece al esposo pertenece a la esposa. \u00bfPor qu\u00e9 en tantos hogares cristianos es un esposo no reconocido, incomprendido, solitario?<\/p>\n<p>Cristo Cabeza, para cumplir su misi\u00f3n en el hogar, pretende asociarse al \u00abmarido-padre\u00bb, del mismo modo que lo asoci\u00f3 a su misi\u00f3n sacerdotal y prof\u00e9tica. Es en esta perspectiva que debemos comprender lo que Pablo dice sobre la autoridad del marido en las ep\u00edstolas a los Corintios y a los Efesios. Decir que el marido es cabeza de la mujer y del hogar es decir que Cristo pretende ejercer su papel de cabeza a trav\u00e9s de \u00e9l. El \u00abesposo y padre\u00bb es la imagen y, en cierto sentido, el \u00absacramento\u00bb de Cristo, cabeza del hogar, aquel a trav\u00e9s del cual Cristo quiere manifestar y ejercer su soberan\u00eda. A este respecto, san Agust\u00edn hablaba de una especie de \u00abepiscopado\u00bb del hombre, esposo y padre, en su casa: \u00abEn su casa cumplir\u00e1, por as\u00ed decir, una funci\u00f3n sacerdotal y episcopal\u00bb. Los padres tambi\u00e9n pueden considerar como dirigidas a ellos las palabras de san Pedro: \u00abCuiden el reba\u00f1o de Dios que se les ha encomendado, no de mala gana, sino de buena gana, con esp\u00edritu de Dios, no por vil inter\u00e9s, sino de todo coraz\u00f3n\u00bb. (1 P 5, 2).<\/p>\n<p>Como siempre, la madre ser\u00e1 la compa\u00f1era del padre en la funci\u00f3n \u00abpastoral\u00bb, y si \u00e9l desaparece o es deficiente, ella lo sustituir\u00e1.<\/p>\n<p>Y es tambi\u00e9n todo el hogar el que debe cooperar en la funci\u00f3n real y pastoral de Cristo. En primer lugar, en el sentido de que a trav\u00e9s de todas sus actividades debe poner todas las cosas bajo la influencia de Cristo, haci\u00e9ndolas servir a la edificaci\u00f3n del reino. A esto se refer\u00eda sin duda P\u00edo XII cuando dec\u00eda a los laicos que uno de los aspectos de su misi\u00f3n era trabajar por la \u00abconsagraci\u00f3n del mundo\u00bb. Participar en las tareas temporales, tener gusto por las grandes empresas que pueden contribuir al bien de la humanidad, tomar parte en el gobierno de la ciudad, todo esto es cooperar con la funci\u00f3n real de Cristo. Mejor a\u00fan, buscar a la oveja perdida, acoger a los pobres y a los no amados, ayudar en las tareas de la Iglesia.<\/p>\n<p><strong>El Esp\u00edritu Santo en el hogar<\/strong><\/p>\n<p>En el t\u00edmpano del gran portal de la bas\u00edlica de V\u00e9zelay, vemos los rayos que brotan de las manos abiertas de Cristo en la gloria, representando el descenso del Esp\u00edritu Santo sobre sus disc\u00edpulos. He aqu\u00ed, expresada en piedra, una verdad fundamental: el gran don que Cristo muerto y resucitado hace a los hombres es el Esp\u00edritu Santo. \u00bfQu\u00e9 mejor regalo puede hacer a la pareja y a la familia en la que vive? Veamos ahora la misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en el hogar cristiano.<\/p>\n<p>\u00abPuesto en posesi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo\u00bb por su resurrecci\u00f3n, su ascensi\u00f3n y su sesi\u00f3n a la derecha del Padre, Cristo puede cumplir su promesa: \u00abLes aseguro que les conviene que me vaya. Si me voy, les enviar\u00e9 el Esp\u00edritu Santo. Y cuando \u00e9l venga, el Esp\u00edritu de la verdad, los guiar\u00e1 a toda la verdad\u00bb (Jn 16.7.13).<\/p>\n<p>Pero sus disc\u00edpulos ten\u00edan que estar bien dispuestos. El modelo de comunidad que acoge al Esp\u00edritu es la que se encontraba en el aposento alto de una casa de Jerusal\u00e9n, donde los ap\u00f3stoles, tras la partida definitiva de su Maestro, perseveraban con un solo coraz\u00f3n en la oraci\u00f3n, junto con algunas mujeres, entre ellas Mar\u00eda, la madre de Jes\u00fas. Que el hogar que anhela la venida del Esp\u00edritu recuerde este modelo, las disposiciones de la primera comunidad cristiana: fe en la promesa de Jes\u00fas, amor mutuo, oraci\u00f3n en uni\u00f3n con Mar\u00eda. Entonces el Esp\u00edritu Santo podr\u00e1 hacer morada en ellos, como en aquellas comunidades cristianas a las que san Pablo recuerda que son morada colectiva del Esp\u00edritu Santo: \u00abEl Esp\u00edritu Santo habita en ustedes\u00bb, escribe a la Iglesia de Corinto (1 Cor 3, 16; cf. 2 Cor 6, 14-18; Ef 2, 19-22).<\/p>\n<p>La primera intervenci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la vida del hogar se remonta al comienzo del matrimonio. Es \u00e9l quien, con Cristo, hace de esta uni\u00f3n una \u00abnueva criatura\u00bb, una realidad del Reino. Y a partir de ahora, si el hogar no le \u00abfrustra\u00bb, ser\u00e1 el alma de la familia como es el alma de la Iglesia \u2013 dice Santo Tom\u00e1s: el coraz\u00f3n. Ve\u00e1moslo en acci\u00f3n seg\u00fan una divisi\u00f3n cl\u00e1sica cuando hablamos de su misi\u00f3n en la Iglesia: es el principio de la vida, el principio de la unidad, el principio del crecimiento.<\/p>\n<p><em>Principio de vida. \u2013<\/em> Recordemos que el Esp\u00edritu Santo comunicado a los hombres es el Esp\u00edritu del Hijo. Por eso, la vida que suscita, tanto en las comunidades como en los individuos, es una vida filial, como la de Cristo. \u00abLa prueba de que son verdaderamente hijos es que Dios ha enviado a sus corazones el Esp\u00edritu de su Hijo, que grita \u00a1Abb\u00e1! Padre\u00bb (Ga 4,6). A lo largo de la vida, el Esp\u00edritu Santo trabaja para \u00abcristificar\u00bb y \u00abfilializar\u00bb el hogar. \u00c9l alimenta la vida teologal en el hogar. Hace que abunde el conocimiento de Dios, seg\u00fan la profec\u00eda de Joel: \u00abDerramar\u00e9 mi Esp\u00edritu sobre toda carne; sus hijos y sus hijas profetizar\u00e1n, sus j\u00f3venes ver\u00e1n visiones y sus ancianos so\u00f1ar\u00e1n sue\u00f1os\u00bb (Jl 3,1). Renueva constantemente la fuente de la caridad, como nos ense\u00f1\u00f3 San Pablo: \u00abEl amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que nos ha sido dado\u00bb (Rm 5,5). Esta caridad se insin\u00faa en el coraz\u00f3n de los miembros de la familia y transforma y diviniza todos los amores familiares: el amor conyugal, el amor paterno, el amor filial, el amor fraterno; es, para estos amores, un principio de rejuvenecimiento, de renovaci\u00f3n, de enriquecimiento y de elevaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Principio de unidad. \u2013<\/em> En los organismos vivos, el principio vital es tambi\u00e9n el principio de cohesi\u00f3n y de unidad. Lo mismo sucede en la familia, c\u00e9lula de la Iglesia. En ella, el Esp\u00edritu Santo es el gran obrero de la unidad. Como hemos visto, ha contribuido a unir al hombre y a la mujer, pero esta uni\u00f3n se rehace y perfecciona constantemente: \u00c9l trabaja en ello, y tanto m\u00e1s cuando se le pide que lo haga con esp\u00edritu de fe y de humildad. Conozco c\u00f3nyuges que, despu\u00e9s de una ausencia, antes de reencontrarse, no dejan de invocar por su cuenta al Esp\u00edritu Santo. Cuando Cristo ruega al Padre por sus ap\u00f3stoles: \u00abQue sean uno, como nosotros somos uno\u00bb (Jn 17,11), debe quedar impl\u00edcito: como nosotros somos uno por y en el Esp\u00edritu Santo. Tambi\u00e9n los esposos ser\u00e1n uno por y en el Esp\u00edritu Santo. Una pareja unida es una obra maestra del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Pero \u00a1qu\u00e9 pocos, al parecer, esperan del Esp\u00edritu Santo la unidad de coraz\u00f3n y de alma! \u00a1No es de extra\u00f1ar que tales obras maestras sean tan raras!<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo es tambi\u00e9n el obrador de la unidad entre padres e hijos. Y es de \u00e9l de quien debemos esperar comprensi\u00f3n, acuerdo y amor mutuo entre los hijos.<\/p>\n<p>Un hogar muy d\u00f3cil a la acci\u00f3n unificadora del Esp\u00edritu Santo ofrecer\u00eda el espect\u00e1culo de la verdadera comunidad cristiana, tal como San Pablo la desea y la presenta en una p\u00e1gina admirable de la ep\u00edstola a los Colosenses: \u00abComo elegidos de Dios, santos y amados, rev\u00edstanse, pues, de los sentimientos de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Sop\u00f3rtense unos a otros y perd\u00f3nense si tienen motivos de queja entre ustedes. Como el Se\u00f1or los ha perdonado, perdonen tambi\u00e9n ustedes. Sobre todo, rev\u00edstanse de caridad, que es el v\u00ednculo de la perfecci\u00f3n. Que reine en sus corazones la paz de Cristo, a la que han sido llamados para ser un solo cuerpo. Sean agradecidos. Que la palabra de Cristo habite en ustedes en toda su riqueza. Ens\u00e9\u00f1ense y repr\u00e9ndase unos a otros con toda sabidur\u00eda. Canten a Dios en sus corazones con salmos, himnos y c\u00e1nticos inspirados por el Esp\u00edritu. Y todo lo que digan o hagan, sea siempre en el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas, dando gracias por medio de \u00e9l a Dios Padre\u00bb (Col 3,12-17). Esta unidad visible de todos en el amor, en el seno de una comunidad cristiana, es el signo de una realidad invisible: la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, obrero de unidad.<\/p>\n<p>Pero el hogar cristiano no es una m\u00f3nada, sino una c\u00e9lula de la Iglesia; por tanto, la unidad debe lograrse no s\u00f3lo entre sus miembros, sino entre \u00e9l y las dem\u00e1s c\u00e9lulas del cuerpo. El d\u00eda en que se a\u00edsle, ya no ser\u00e1 una c\u00e9lula viva, sino una secci\u00f3n que pronto se marchitar\u00e1. Por tanto, tambi\u00e9n del Esp\u00edritu Santo debemos esperar la unidad de la peque\u00f1a Iglesia con la gran Iglesia. Sin embargo, esta uni\u00f3n interior con la Iglesia debe traducirse y mantenerse exteriormente mediante la integraci\u00f3n del hogar en las estructuras eclesiales y su participaci\u00f3n efectiva en las actividades de la Iglesia local.<\/p>\n<p><em>Principio de crecimiento<\/em>. \u2013 Mediante el don del Esp\u00edritu Santo a la Iglesia, Cristo fecunda a su Esposa. Del mismo modo, en el hogar, el Esp\u00edritu de amor ser\u00e1 el principio del crecimiento del hogar y, por tanto, del crecimiento de la Iglesia en el hogar: porque el hogar es el lugar donde crece la Iglesia. All\u00ed, a trav\u00e9s de la generaci\u00f3n, adquiere nuevos miembros.<\/p>\n<p>Deben creer en la presencia del Esp\u00edritu Santo que les gu\u00eda en la educaci\u00f3n de sus hijos; deben creer tambi\u00e9n en el Esp\u00edritu Santo que act\u00faa en esos hijos. Que faciliten la obra de Dios en s\u00ed mismos y en sus hijos cuidando de hacerse a s\u00ed mismos y a sus hijos d\u00f3ciles y manejables por el Esp\u00edritu de Dios.<\/p>\n<p>Al concluir esta evocaci\u00f3n del Esp\u00edritu en el hogar, creo necesario -y no s\u00f3lo para apaciguar a aquellos de mis oyentes que podr\u00edan haber fruncido el ce\u00f1o cuando mostr\u00e9 a Cristo como cabeza del hogar, pidiendo al hombre que lo representara ante su esposa y sus hijos-, creo necesario se\u00f1alar la especial afinidad que veo entre la misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y la misi\u00f3n de la esposa y de la madre en el hogar. Se dice de las mujeres que son el alma del hogar, y que donde ellas no cumplen su funci\u00f3n, la familia no tiene alma. Como acabamos de ver, el Esp\u00edritu Santo es el alma del hogar, lo que significa que la mujer debe querer ser colaboradora del Esp\u00edritu Santo, signo sensible y eficaz del Esp\u00edritu Santo en el hogar. Pero ser\u00e1 tanto m\u00e1s \u00abalma visible\u00bb del hogar cuanto m\u00e1s llena y viva est\u00e9 del Esp\u00edritu Santo, alma invisible de la Iglesia y de cada una de sus c\u00e9lulas.<\/p>\n<h2>El Padre y el hogar<\/h2>\n<p>Cristo dijo: \u00abEl que me recibe a m\u00ed, recibe al que me ha enviado\u00bb; por eso, en el hogar que se abre a la presencia de Cristo, tambi\u00e9n est\u00e1 presente el Padre.<\/p>\n<p>Toda la vida del hogar, toda su religi\u00f3n, se orientar\u00e1 hacia el Padre. \u00abPorque por Cristo todos tenemos acceso al Padre en un solo Esp\u00edritu\u00bb (Ef 2, 18).<\/p>\n<p>La actitud fundamental del hogar ante el Padre ser\u00e1 de apertura a sus dones: dones naturales y dones sobrenaturales. Y en primer lugar al don de Cristo y al don del Esp\u00edritu, que est\u00e1n presentes en el hogar s\u00f3lo porque el Padre los da. Digo apertura, pero tenemos que estar abiertos, y es la oraci\u00f3n la que abre a las personas, despeja en ellas los espacios que pueden ser llenados por los dones de Dios. Por eso, la oraci\u00f3n humilde, confiada y perseverante al Padre debe ser el alma del hogar. Cuando surge la tentaci\u00f3n de dudar de su eficacia, basta mirar el comportamiento del padre terrenal con sus hijos: si \u00e9l, por muy pecador que sea, sabe dar cosas buenas a los suyos, \u00abcu\u00e1nto m\u00e1s el Padre que est\u00e1 en los cielos dar\u00e1 cosas buenas a los que se las pidan\u00bb (Mt 7,11).<\/p>\n<p>La segunda actitud espiritual hacia el Padre, la acci\u00f3n de gracias, brota de la primera. No puede dejar de ser caracter\u00edstica de un hogar donde vive Cristo, a quien el Evangelio nos muestra tantas veces dando gracias: \u00abPadre, te doy gracias porque me has escuchado (Jn 11,41).<\/p>\n<p>Pero los verdaderos hijos de Dios reciben los dones del Padre s\u00f3lo para servirle mejor. Por eso buscar\u00e1n primero su voluntad, y aspirar\u00e1n a poder decir como Jesucristo: \u00abMi Padre me ama porque hago siempre lo que le agrada\u00bb, y se esforzar\u00e1n por cooperar en la obra del Padre, que es a la vez creaci\u00f3n y redenci\u00f3n. No desde\u00f1ar\u00e1n las tareas materiales y temporales, pues son una prolongaci\u00f3n de la obra creadora que se les ha encomendado continuar. Pero toda actividad estar\u00e1 finalizada por la meta que Dios mismo persigue en todas las cosas: la Redenci\u00f3n, la santificaci\u00f3n de los hijos de los hombres a los que ha decidido hacer hijos adoptivos suyos.<\/p>\n<p>Y cuando surjan preocupaciones en el hogar por la falta de lo necesario para vivir, cuando se produzcan acontecimientos confusos, que el padre de familia lea en voz alta, con calma y confianza, a todos los miembros de la casa reunidos para la oraci\u00f3n, o a los que re\u00fana para escuchar esta lectura, el admirable cap\u00edtulo VI de San Mateo: \u00abSi Dios viste as\u00ed la hierba del campo, que hoy es y ma\u00f1ana ser\u00e1 echada al horno, \u00bfno har\u00e1 mucho m\u00e1s por ustedes, gente de poca fe? As\u00ed que no se preocupen y digan: &#8216;\u00bfQu\u00e9 comeremos? \u00bfQu\u00e9 beberemos? \u00bfQu\u00e9 nos pondremos? Pues los paganos buscan todas estas cosas. Pero su Padre celestial sabe que necesitan todas estas cosas. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo esto se les dar\u00e1 por a\u00f1adidura\u00bb (Mt 6,30-33).<\/p>\n<p>El Padre que est\u00e1 en los cielos tiene un testigo, un lugarteniente, en el hogar: es el padre de la tierra. A \u00e9l le corresponde ser una imagen no demasiado infiel. Este pensamiento debe ser el primer est\u00edmulo de su actividad paterna: revelar y hacer amar con sus actitudes a ese otro Padre del que su paternidad es un reflejo. He dicho antes que existe una afinidad especial entre la madre y el Esp\u00edritu Santo, pero hay una a\u00fan m\u00e1s evidente entre la paternidad humana y la paternidad divina. A trav\u00e9s del padre, la paternidad divina quisiera poder expresarse, darse, continuar su obra paterna con los miembros del hogar y, m\u00e1s en general, en la ciudad y el universo. Gracias al padre, en ning\u00fan lugar debemos comprender tan bien como en el hogar la extraordinaria revelaci\u00f3n que nos hizo Cristo: Dios es Padre, y es nuestro Padre.<\/p>\n<p>Que el padre de familia se dirija confiadamente al Padre celestial, de Padre a Padre. Escuchemos a Claudel:<\/p>\n<p><em>Dios m\u00edo, que al principio de todo y de ti mismo pusiste la paternidad, <br \/>\nBendito seas porque me has dado esta hija,<br \/>\nY has puesto en m\u00ed con qu\u00e9 devolverte esta vida que me diste, <br \/>\nY por ello&#8230; aqu\u00ed estoy yo su padre contigo.<\/em><\/p>\n<p>Un campesino franc\u00e9s, en un lenguaje menos suntuoso que el del poeta pero no menos conmovedor, se dirige al Padre al atardecer de su dura jornada:<\/p>\n<p>\u00abAl igual que T\u00fa que eres Padre,<br \/>\nSe\u00f1or, Me has hecho padre a mi vez,<br \/>\nresponsable de mi esposa,<br \/>\npor mis hijos, por mi tierra,<br \/>\ny de los que ella alimenta y cobija.<br \/>\nPadre, te ruego por los que me has dado;<br \/>\nGu\u00e1rdalos en tu nombre.<br \/>\nQue sean uno en m\u00ed y yo en ti,<br \/>\nQue sean perfectamente uno para que yo pueda llevarlos a ti,<br \/>\nEn un solo gesto de amor.\u201d<\/p>\n<p>Y cuando toda la familia se re\u00fane por la noche, \u00bfqu\u00e9 mejor oraci\u00f3n podr\u00edan ofrecer a Dios que el Padre Nuestro? Expande el pensamiento y el coraz\u00f3n de los miembros de la familia a la dimensi\u00f3n de la humanidad, la gran familia del Padre. Pero cuidado: ser\u00eda hipocres\u00eda pensar en el mundo y no velar primero para que el Nombre del Padre sea santificado en el hogar, para que venga su Reino, para que se haga su Voluntad. Pero si la familia cumple las peticiones del Padre, entonces el hogar cristiano es verdaderamente el Reino de Dios, una parte del mundo que se ha convertido en parte del Reino, \u00ab<em>micra basileia<\/em>\u00bb en palabras de Clemente de Alejandr\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>El Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo, toda la familia trinitaria est\u00e1 presente, viva y activa en el hogar cristiano. Este padre, ya mencionado, lo comprendi\u00f3, orando as\u00ed por los suyos:<\/p>\n<p>\u00abEn tu nombre, Se\u00f1or,<br \/>\npor las prerrogativas de padre<br \/>\nque tengo de Ti,<br \/>\nTe pido que las bendigas.<br \/>\nEn Tu nombre, Se\u00f1or,<br \/>\npor las prerrogativas de hijo de Dios<br \/>\nque tengo de Ti<br \/>\nTe pido que los bendigas.<br \/>\nEn Tu nombre, Se\u00f1or,<br \/>\nEsp\u00edritu de Amor,<br \/>\nT\u00fa que creas y haces fecundos a todos los seres,<br \/>\nte pido que los bendigas.<br \/>\nPor ellos y en su nombre,<br \/>\nPadre, Hijo y Esp\u00edritu Santo,<br \/>\npostrado ante ti,<br \/>\nte pido que me bendigas a mi vez\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfComprenden ahora lo que significa esta ense\u00f1anza de Pablo, tantas veces retomada por los Padres y el Magisterio: que la uni\u00f3n del hombre y la mujer es imagen de la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia? En otras palabras, est\u00e1 habitada por el misterio de la uni\u00f3n de Cristo y la Iglesia, que no es otro que el misterio trinitario.<\/p>\n<p>Or\u00edgenes escribi\u00f3: \u00abLa Iglesia est\u00e1 llena de la Trinidad\u00bb. Puesto que la familia cristiana fundada en el Sacramento es una imagen de la Iglesia, una c\u00e9lula de la Iglesia, podemos y debemos decir con toda exactitud: \u00abEl hogar cristiano est\u00e1 lleno de la Trinidad\u00bb. Es un ambiente divino donde los esposos y los hijos aprenden c\u00f3mo ser\u00e1 su vida eterna cuando la familia, peque\u00f1o reino inmerso en la alegr\u00eda del Gran Reino de Dios, se reconstituya para siempre en el seno de la Familia Trinitaria.<\/p>\n<p><cite>Henri Caffarel \u2013 L&#8217;Anneau d&#8217;Or, \u201cLe mariage, ce grand sacrement\u201d, N\u00famero especial 111-112 \u2013 mayo \u2013 agosto 1963, p.203 a 224<\/cite>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 es una imagen? Damos este nombre al simple boceto que representa una cosa o una persona. 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