{"id":235142,"date":"2026-01-29T01:04:50","date_gmt":"2026-01-29T00:04:50","guid":{"rendered":"https:\/\/caffarel.hyppoweb.fr\/sin-categoria\/matrimonio-vocacion-de-santidad\/235142\/"},"modified":"2026-08-29T21:16:00","modified_gmt":"2026-08-29T19:16:00","slug":"matrimonio-vocacion-de-santidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/matrimonio-vocacion-de-santidad\/","title":{"rendered":"Matrimonio, vocaci\u00f3n de santidad"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; admin_label=\u00bbsection\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_row admin_label=\u00bbfila\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; custom_padding=\u00bb|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb custom_padding__hover=\u00bb|||\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.27.8&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb hover_enabled=\u00bb0&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb sticky_enabled=\u00bb0&#8243;]<\/p>\n<h1>Matrimonio, vocaci\u00f3n de santidad<\/h1>\n<p>Un hogar que es consciente de su doble vocaci\u00f3n de culto y misi\u00f3n, y se esfuerza por cumplirla bien, se convierte para marido y mujer en un camino de santidad, no de una santidad barata, sino de esa exigente santidad evang\u00e9lica que es la entrega total de uno mismo a Dios por medio de Cristo.<br \/>\n<em>El a\u00f1o de la muerte del rey Oz\u00edas, yo vi al Se\u00f1or sentado en un trono elevado y excelso, y las orlas de su manto llenaban el Templo. Unos serafines estaban de pie por encima de \u00e9l. Cada uno ten\u00eda seis alas: con dos se cubr\u00edan el rostro, y con dos se cubr\u00edan los pies, y con dos volaban.<\/em><br \/>\n<em>Y uno gritaba hacia el otro: \u00ab\u00a1Santo santo, santo es el Se\u00f1or de los ej\u00e9rcitos! Toda la tierra est\u00e1 llena de su gloria.<\/em><br \/>\n<em>Los fundamentos de los umbrales temblaron al clamor de su voz, y la Casa se llen\u00f3 de humo.<\/em><br \/>\n<em>Yo dije: \u00ab\u00a1Ay de m\u00ed, estoy perdido! Porque soy un hombre de labios impuros, y habito en medio de un pueblo de labios impuros; \u00a1y mis ojos han visto al Rey, el Se\u00f1or de los ej\u00e9rcitos!\u00bb.<\/em><br \/>\n<em>Uno de los serafines vol\u00f3 hacia m\u00ed, llevando en su mano una brasa que hab\u00eda tomado con unas tenazas de encima del altar. \u00c9l le hizo tocar mi boca, y dijo: \u00abMira: esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido borrada y tu pecado ha sido expiado\u00bb.<\/em><br \/>\n<em>Yo o\u00ed la voz del Se\u00f1or que dec\u00eda: \u00ab\u00bfA qui\u00e9n enviar\u00e9 y qui\u00e9n ir\u00e1 por nosotros?\u00bb. Yo respond\u00ed: \u00ab\u00a1Aqu\u00ed estoy: env\u00edame!\u00bb. (<\/em>ISA\u00cdAS 6, 1-8)<\/p>\n<p>Un santo no es ante todo, como muchos imaginan, una especie de campe\u00f3n que realiza proezas de virtud y rendimiento espiritual. Es ante todo un hombre seducido por Dios. Y que entrega toda su vida a Dios.<\/p>\n<p>Este ya era el caso de los santos del Antiguo Testamento. Uno de ellos, Jerem\u00edas, nos lo confi\u00f3 en t\u00e9rminos inimitables:<br \/>\n<em>\u00ab \u00a1T\u00fa me has seducido, Se\u00f1or, y yo me dej\u00e9 seducir! \u00a1Me has forzado y has prevalecido! Soy motivo de risa todo el d\u00eda, todos se burlan de m\u00ed.<\/em><br \/>\n<em>Cada vez que hablo, es para gritar, para clamar: \u00abViolencia, devastaci\u00f3n!\u00bb. Porque la palabra del Se\u00f1or es para m\u00ed oprobio y afrenta todo el d\u00eda.<\/em><br \/>\n<em>Entonces dije: \u00abNo lo voy a mencionar, ni hablar\u00e9 m\u00e1s en su Nombre\u00bb. Pero hab\u00eda en mi coraz\u00f3n como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no pod\u00eda.\u00bb <\/em>(J\u00e9r 20, 7-9).<\/p>\n<p>Es cierto en el caso de los profetas, y m\u00e1s a\u00fan en el de los ap\u00f3stoles. Fij\u00e9monos en Juan y Santiago (Mt 4,21-22). En un hermoso d\u00eda de primavera, en las orillas infinitamente apacibles del lago de Tiber\u00edades, los dos j\u00f3venes est\u00e1n remendando sus redes, en compa\u00f1\u00eda de su padre Zebedeo. Tal vez est\u00e9n cantando. Pasa un hombre, todav\u00eda joven. Se acerca. Y su voz debe de ser extraordinariamente seductora, porque basta una llamada para que Santiago y Juan dejen a su padre y sus redes, y le sigan con los pasos despiertos y \u00e1giles de unos adolescentes felices. Poco sospechaban de la aventura en la que estaban a punto de embarcarse. De hecho, su destino acaba de decidirse. Han apostado toda su vida a unas palabras de Cristo. Tambi\u00e9n ellos han sido seducidos, tambi\u00e9n ellos se han entregado.<\/p>\n<p>Unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, le lleg\u00f3 el turno a Pablo. En cada p\u00e1gina de sus cartas aflora su amor apasionado por quien le hab\u00eda ganado con tanto esfuerzo. Un d\u00eda se le apareci\u00f3 Cristo (1 Co 15,8) y lo vio (1 Co 9,1). A partir de entonces, su vida se transform\u00f3 radicalmente. \u00abTodas las cosas que fueron ventajas para m\u00ed, por amor de Cristo, las considero como p\u00e9rdida, para ganar a Cristo. No es que ya haya alcanzado la perfecci\u00f3n. No, sino que prosigo mi camino para conquistar a Cristo, habiendo sido conquistado por \u00c9l\u00bb (Flp 3,7-12). \u201cSi quisiera agradar a los hombres, ya no ser\u00eda siervo de Cristo\u00bb (Ga 1,10). El amor de su Se\u00f1or lo empuja (2 Co 5,14), y est\u00e1 seguro de que nada podr\u00e1 separarle de \u00e9l: \u00ab\u00bfQui\u00e9n me separar\u00e1 del amor de Cristo? \u00bfLa tribulaci\u00f3n? \u00bfLa angustia? \u00bfLa persecuci\u00f3n? \u00bfEl hambre? \u00bfLa desnudez? \u00bfEl peligro? \u00bfLa espada? Pero en todas estas cosas somos m\u00e1s que vencedores\u00bb (Rm 8,35-39). Ni siquiera teme su propia debilidad, ni corre el riesgo de alejarse de su Maestro: \u00abMe glor\u00edo en mis debilidades para que habite en m\u00ed la fuerza de Jesucristo. Cuando soy d\u00e9bil, entonces soy fuerte\u00bb (2 Co 12,9). Su uni\u00f3n con Jesucristo llega hasta la identificaci\u00f3n: \u00abCon Cristo estoy crucificado para siempre: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00bb (Ga 2,19). Sin embargo, estaba impaciente por la plena posesi\u00f3n de su Dios: \u00abEstoy dividido entre dos deseos opuestos. Uno es irme y estar con Cristo, y eso es con mucho lo mejor. Pero permanecer en la carne es m\u00e1s necesario por ustedes\u00bb (Flp 1,23-24). \u00abPorque a m\u00ed, el m\u00e1s peque\u00f1o de los santos, se me concedi\u00f3 la gracia de anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo\u00bb (Ef 3,8). Y cuando lleg\u00f3 al ocaso de su vida, gastada enteramente por su Se\u00f1or, una \u00faltima confidencia, sobrecogedora por su sencillez, a su amado disc\u00edpulo Timoteo, nos deja entrever lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n: \u00abYo s\u00e9 en qui\u00e9n he puesto mi confianza\u00bb (2 Tim 1,12).<\/p>\n<p>Si pensamos en la santidad cristiana como amor, el amor a Cristo que consum\u00eda el coraz\u00f3n de Juan y Pablo, entonces surge la pregunta: \u00bfson compatibles el matrimonio y la santidad?<br \/>\nUna treintena de parejas parisinas, casadas desde hace unos veinte a\u00f1os, acaban de mantener un largo -y amargo- debate sobre el tema. A lo largo de estas p\u00e1ginas, me referir\u00e9 a menudo a sus discusiones y citar\u00e9 algunos extractos de las cartas recibidas con ese motivo.<\/p>\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 es la santitad ?<\/strong><\/p>\n<p>Antes de adentrarnos en la naturaleza de la santidad, debemos reflexionar brevemente sobre la evoluci\u00f3n de la afectividad humana, que condiciona en parte el desarrollo y la perfecci\u00f3n de la vida cristiana.<\/p>\n<p><strong>Las edades del amor<\/strong><\/p>\n<p>Los ni\u00f1os peque\u00f1os son esencialmente egoc\u00e9ntricos. Si entra en contacto con el mundo exterior y descubre la existencia de cosas y personas a su alrededor, todo gira en torno a \u00e9l. Sin embargo, en su interior ya se desarrollan los primeros signos del amor. A medida que crece, descubre a los dem\u00e1s como otros y aprende a aceptarlos, volvi\u00e9ndose capaz de complacer a quienes le rodean.<\/p>\n<p>El adolescente, en cambio, hace un descubrimiento singularmente m\u00e1s importante. En el ser humano, encuentra a la persona, ese algo \u00fanico e inviolable que lleva dentro. Acceden a esa cualidad totalmente nueva del amor que es la amistad, a trav\u00e9s de la cual las personas intentan comunicarse en profundidad. Son capaces, si es necesario, de sacrificar sus propios intereses por la felicidad de la persona amada. Aspira a la comuni\u00f3n. Se exaltan pensando que tienen a su disposici\u00f3n nada menos que el inmenso campo de la creaci\u00f3n para forjar amistades.<br \/>\nPero su coraz\u00f3n sigue madurando. Descubri\u00f3 que estaba preparado para dejar atr\u00e1s a su padre y a su madre y todo lo dem\u00e1s y entregarse total, exclusiva y definitivamente a la \u00fanica persona que hab\u00eda elegido por encima de todas las dem\u00e1s. Esta metamorfosis no se produjo de la noche a la ma\u00f1ana. Pas\u00f3 por un periodo de transici\u00f3n en el que viejos amores le frenaron, en el que el p\u00e1nico se apoder\u00f3 de \u00e9l ante la idea de saltar a lo desconocido. Incluso ahora, cuando contempla la posibilidad de comprometerse definitivamente, siente a veces un retroceso instintivo, como los Ap\u00f3stoles (Mt 19,10) cuando Jesucristo les present\u00f3 el matrimonio con todas sus exigencias: \u00abSi \u00e9sta es la condici\u00f3n del hombre para con la mujer -respondieron-, mejor ser\u00eda no casarse&#8230;\u00bb. Es tentador \u00abestancarse\u00bb ante la renuncia, negarse a ser hombre de un solo amor. Y, sin embargo, se trata de un paso necesario en el desarrollo de su personalidad. Lo que sin duda sorprende es que en la fase anterior, su poder de amar, que se desarrollaba en extensi\u00f3n, ahora parece tener que concentrarse en un solo ser. Probablemente a\u00fan no ha comprendido del todo que el amor se identifica con la entrega, y que la perfecci\u00f3n del amor exige la perfecci\u00f3n de la entrega: que sea total, definitiva, exclusiva.<\/p>\n<p><strong>La evoluci\u00f3n de la caridad<\/strong><\/p>\n<p>En el coraz\u00f3n cristiano se produce otro desarrollo, a la vez distinto de la evoluci\u00f3n del amor -de otro \u00aborden\u00bb, como dir\u00eda Pascal- y, sin embargo, vinculada a ella: la de la caridad. Para comprender esta evoluci\u00f3n de la caridad, hay que partir en primer lugar de lo que llamar\u00e9 la psicolog\u00eda del \u00abhombre viejo\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n de San Pablo. El viejo -que sobrevive largo tiempo en el coraz\u00f3n del cristiano- tiene su centro de gravedad en s\u00ed mismo: el m\u00f3vil de su acci\u00f3n es la persecuci\u00f3n de sus intereses a diversos niveles, intelectual, f\u00edsico, material&#8230; Su resorte principal es la \u00abcodicia\u00bb, como dice Santiago, que hace que la voluntad se doblegue y se pliegue sobre s\u00ed misma. Esta codicia se inmiscuye incluso en la esfera religiosa y hace que los cristianos se busquen a s\u00ed mismos incluso en su relaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>Lo opuesto es la psicolog\u00eda del \u00abhombre nuevo\u00bb. Su amor a Cristo, la caridad, que es a la vez una actividad humana y una actividad divina, es en \u00e9l como un fermento poderoso. Paso a paso, le conducir\u00e1 a la santidad, si responde a sus exigencias. Primer paso: no quebrantar la ley de Cristo. Segundo: no amar nada m\u00e1s que a Cristo: \u00abEl que ama a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed, no es digno de m\u00ed\u00bb (Mt 10, 37). Tercero: d\u00e9jate guiar en todo por el amor de Cristo, que se ha convertido en tu amigo predilecto. Esta tercera etapa conduce a un umbral: as\u00ed como el amor humano, en su desarrollo, llega un d\u00eda a ese tipo de amor hasta ahora desconocido que es el amor conyugal, as\u00ed la caridad, a medida que progresa, llega a lo que se puede llamar la etapa conyugal de su evoluci\u00f3n. Dejarlo todo (en el sentido espiritual de la palabra) para aferrarse s\u00f3lo a Cristo: \u00e9sta es la inesperada exigencia del Se\u00f1or que un d\u00eda tendr\u00e1n que afrontar los que avanzan guiados por la caridad. En efecto, la caridad est\u00e1 presente en el coraz\u00f3n del cristiano desde el bautismo, con su exigencia irrenunciable de totalidad: \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con <em>toda <\/em>tu alma, con <em>todo<\/em>&#8230;\u00bb; pero, de hecho, esta exigencia s\u00f3lo emerge en nuestra conciencia a medida que progresamos en la vida de fe.<\/p>\n<p>Cristo pretende ser considerado no s\u00f3lo como un amigo, sino como un \u00abesposo\u00bb. Cu\u00e1ntas veces la Escritura se refiere a \u00c9l con este t\u00e9rmino. Pretende ser no s\u00f3lo el m\u00e1s amado, sino, en un sentido que debe entenderse, el \u00fanico amado.<\/p>\n<p>Puede ser como una revelaci\u00f3n repentina, una especie de amor a primera vista que provoca una reacci\u00f3n espont\u00e1nea, instant\u00e1nea, decisiva, de entrega total; como Pascal gritando durante su famosa noche: \u00abSe\u00f1or, te lo doy todo\u00bb. O puede ser al final de un proceso en el que la invitaci\u00f3n a la entrega total se hace cada vez m\u00e1s imperativa, no sin suscitar a veces un sentimiento de miedo.<br \/>\nQuien cruza el umbral descubre una psicolog\u00eda totalmente nueva. Es la supremac\u00eda efectiva del amor de Cristo: todos los dem\u00e1s amores est\u00e1n ordenados y animados por este amor primario. No sin tentaciones, retiros y renacimientos.<\/p>\n<p>Llegado a esta estapa, el cristiano es a la vez el ser m\u00e1s indiferente y el m\u00e1s amante de las criaturas. Comprende que \u00abnadie puede servir a dos se\u00f1ores: o aborrecer\u00e1 a uno y amar\u00e1 al otro, o se aferrar\u00e1 a uno y despreciar\u00e1 al otro\u00bb (Mt 6,24). En \u00e9l se cumple la exigencia de Cristo: \u00abEl que venga a m\u00ed sin <em>&#8216;ha\u00efr&#8217; <\/em>(aborrecer) a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser disc\u00edpulo m\u00edo\u00bb (Lc 14,25). Un texto de San Pablo da una buena idea del estado de \u00e1nimo de este cristiano: \u201cLo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque la apariencia de este mundo es pasajera.\u201d (1 Co 7,29-31).<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, este cristiano se nos presenta como el m\u00e1s amante. Observa mejor que nunca el gran mandamiento: \u00abComo yo los he amado, \u00e1mense tambi\u00e9n ustedes los unos a los otros\u00bb, retomado por san Pablo: \u00abEl amor es la plenitud de la ley\u00bb, repetido una y otra vez por san Juan: \u00abSabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos&#8230; Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino con obras, de verdad\u00bb (1 Jn 3, 14.18).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo pueden conciliarse en un mismo coraz\u00f3n tal indiferencia soberana y la caridad universal? La paradoja es s\u00f3lo aparente. En efecto, al entregarse a Cristo con este don que he calificado de \u00abconyugal\u00bb, el cristiano renuncia a todo, renuncia a amar a nadie por s\u00ed mismo, sino que precisamente amar\u00e1 en adelante a todos los seres no por s\u00ed mismo, sino a trav\u00e9s de Cristo que, viviendo en \u00e9l, le lleva a amar. De este modo, se realiza la unidad de su vida afectiva -y esto es tan caracter\u00edstico del santo- : es el hombre de un solo amor, pero este amor suscita otros amores, los contiene y los anima.<\/p>\n<p>No hay que pensar que el hombre nuevo est\u00e1 fijado en una determinada etapa de caridad. Esta caridad puede decaer y extinguirse. Pero si es fiel, nunca dejar\u00e1 de crecer. Su adhesi\u00f3n a Cristo ser\u00e1 cada d\u00eda m\u00e1s fuerte. Su comuni\u00f3n de los pensamientos, sentimientos y voluntades con aquel a quien se ha entregado ser\u00e1 cada vez m\u00e1s perfecta. Y cada vez m\u00e1s entregado a su servicio. Si, como San Pablo, puede decir que est\u00e1 identificado con Cristo (\u00abVivo yo, pero no soy yo; es Cristo quien vive en m\u00ed\u00bb), esta identificaci\u00f3n progresar\u00e1 indefinidamente.<br \/>\nAhora podemos llegar a la cuesti\u00f3n que es objeto de nuestro estudio: esta perfecci\u00f3n cristiana, tal como la hemos visto encarnada en algunos hombres de Dios, tal como acabo de esbozarla, \u00bfc\u00f3mo puede alcanzarla el cristiano en el matrimonio?<\/p>\n<p><strong>Matrimonio y Santidad<\/strong><\/p>\n<p>Es cierto que todo cristiano est\u00e1 llamado a la santidad, cualquiera que sea su estado de vida: la Escritura no deja lugar a dudas sobre este punto (cf. Mt 5, 48). No es menos cierto que no hay dos tipos de santidad, uno de los cuales prescinde de la renuncia, sino que la aut\u00e9ntica santidad incluye la perfecci\u00f3n de la renuncia y la aut\u00e9ntica perfecci\u00f3n de la caridad. Por tanto, la \u00fanica pregunta que cabe hacerse sobre los cristianos casados es la siguiente: puesto que est\u00e1n llamados a la perfecci\u00f3n cristiana, \u00bfla alcanzar\u00e1n <em>a pesar <\/em>del matrimonio, o <em>en <\/em>el matrimonio, o <em>gracias al <\/em>matrimonio?<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes hogares cristianos de hoy, al menos los que creen en esta llamada a la perfecci\u00f3n para todos, no dudan entre los tres t\u00e9rminos. Eligen \u00ab<em>gracias a<\/em>\u00ab. Les cuesta entender c\u00f3mo alguien puede dudar. Los de generaciones anteriores respond\u00edan lo contrario: matrimonio y santidad eran, a sus ojos, incompatibles de hecho sino de derecho. J\u00f3venes y mayores resuelven el problema con demasiada facilidad. Merece m\u00e1s reflexi\u00f3n: es serio.<\/p>\n<p>Puesto que el matrimonio fue instituido por Dios, bien podemos inclinarnos a priori a pensar que los cristianos casados se santificar\u00e1n a trav\u00e9s del matrimonio. Esta es, por otra parte, la ense\u00f1anza de la Iglesia, m\u00e1s o menos expl\u00edcita a lo largo de los siglos. Pero, \u00bfen qu\u00e9 condiciones y c\u00f3mo progresar\u00e1n los cristianos hacia la santidad a trav\u00e9s de su vida matrimonial y familiar?<\/p>\n<p><strong>Matrimonio, escuela de amor y de renunciamiento<\/strong><\/p>\n<p>Volvamos al hombre cuyos sentimientos hemos seguido m\u00e1s arriba, hasta el umbral de la vida matrimonial. Aqu\u00ed acaba de decidirse por la persona con la que pretende formar un v\u00ednculo para toda la vida. Bajo el impulso del amor, hace donaci\u00f3n total de todo lo que posee y de todo lo que es. La alegr\u00eda de amar le hace ignorar las renuncias que implican esta elecci\u00f3n y este don. En efecto, no me imagino a una joven novia que, la noche de su boda, dijera a su marido, preocupado al verla triste: \u00abCreo que acabo de renunciar a casarme con Jacques, Fran\u00e7ois, \u00c9tienne, Jules&#8230;\u00bb y rompiera a llorar. El hecho es que elegir a una persona significa renunciar a todas las dem\u00e1s, que entregarse significa sacrificarse. As\u00ed es como el amor logra esa renuncia y ese sacrificio fundamentales que tanto cuesta consentir a cualquier otra cosa. En verdad, comprometerse en matrimonio es ya dar un serio paso adelante tanto en el camino de la renuncia como en el del amor; ambos van unidos.<\/p>\n<p>De hecho, significa comprometerse en una vida de muchos dones, renuncias y superaciones, en respuesta a las reiteradas exigencias del amor. Esta unidad, que la joven pareja ha forjado por el don que se han hecho el uno al otro, no es nunca una adquisici\u00f3n definitiva; debe ser reconquistada cada d\u00eda y profundizada por dones y renuncias renovados y cada vez m\u00e1s perfectos. \u00bfQuisieran ellos al menos encontrar en \u00e9l la recompensa a su generosidad y el descanso en la posesi\u00f3n? No, el amor es despiadado; nos ordena seguir avanzando. Esta unidad no es para su propia satisfacci\u00f3n, sino para un nuevo don, el don de la vida, que conducir\u00e1 a una cadena de renuncias al tiempo que les ofrecer\u00e1 maravillosas alegr\u00edas. De este modo, cada vez que el amor avanza, se propone un nuevo paso adelante, para un nuevo progreso.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, s\u00f3lo desde el punto de vista humano, el matrimonio se nos presenta como el gran maestro tanto de la renuncia como del amor. S\u00f3lo desde este punto de vista, ya es a decir verdad el que favorece la vida cristiana.<\/p>\n<p><strong>La amistad de Cristo<\/strong><\/p>\n<p>Para los cristianos que viven en estado de gracia, este amor al c\u00f3nyuge y a los hijos, que acabo de mencionar, no es s\u00f3lo humano, sino que est\u00e1 impregnado de caridad, de modo que crecer en el amor es al mismo tiempo crecer en la caridad. En este sentido, el matrimonio es un medio positivo para acercarse a Dios.<\/p>\n<p>Pero en este hogar, donde la caridad crece a medida que se profundiza el amor conyugal y el amor a los hijos, y gracias a esta profundizaci\u00f3n, Cristo ocupar\u00e1 un lugar cada vez m\u00e1s importante. Tal vez, al principio, los esposos s\u00f3lo lo ve\u00edan como el Maestro, aquel a quien no se puede desobedecer cada vez que plantea una cuesti\u00f3n de confianza, cada vez que se cuestiona un mandamiento formal. En esta etapa, su amor se centraba principalmente en no desviarse de lo que el Se\u00f1or proh\u00edbe, en someterse a su ley. Pero la pareja avanz\u00f3, progres\u00f3 en la caridad, lleg\u00f3 a ver a Cristo como su amigo, su amigo com\u00fan. Su amor por \u00c9l se ha vuelto m\u00e1s positivo: ahora les gu\u00eda el deseo de agradarle. Ya no les basta con obedecer los mandatos del Se\u00f1or, sino que buscan sus preferencias. Se esfuerzan por seguirle, por imitarle, por cooperar en su misi\u00f3n. Por \u00e9l, renuncian a menudo y con entusiasmo a lo que les agradar\u00eda.<\/p>\n<p>Su amor crece a\u00fan m\u00e1s: Cristo se convierte en su amigo predilecto. \u00c9l es siempre lo primero. No s\u00f3lo ante las llamadas de otros amigos, sino incluso ante las aspiraciones m\u00e1s leg\u00edtimas de la pareja. Cristo sirvi\u00f3 primero en todo y siempre: \u00e9sa es la ley de esta casa. Al menos, eso es lo que aspiran a observar.<\/p>\n<p><strong>\u00ab Ven y s\u00edgueme \u00bb<\/strong><\/p>\n<p>En este hogar donde los esposos caminan uno al lado del otro en busca de una vida cristiana cada vez m\u00e1s verdadera, al mismo tiempo que su amor com\u00fan por Cristo, la caridad crece en cada uno. Durante mucho tiempo, los esposos no tuvieron que preguntarse qu\u00e9 era primero, si el amor al c\u00f3nyuge o el amor a Cristo. No es lo mismo, pensaban impl\u00edcitamente: si Cristo tiene la primac\u00eda de la soberan\u00eda, el c\u00f3nyuge tiene la primac\u00eda del amor. Es un poco como la patria: el d\u00eda que convoca a un hombre a la guerra, va a pesar del amor que siente por su mujer, no porque ame m\u00e1s a su patria que a su mujer, sino porque la patria tiene primac\u00eda de soberan\u00eda.<\/p>\n<p>Pero el amor de cada c\u00f3nyuge por el Se\u00f1or nunca deja de progresar. La curva de crecimiento de la caridad en cada persona reproduce la curva de la evoluci\u00f3n del amor humano que hemos considerado anteriormente. Del mismo modo que el amor, a medida que evoluciona, lleva al ser humano al don de s\u00ed mismo a uno: un don total, exclusivo, definitivo, lo mismo sucede con la caridad. Y entonces, un buen d\u00eda, Cristo aclara a uno u otro de los esposos que espera de ellos un don total, exclusivo y definitivo. Sorprendido, el que escucha la llamada se\u00f1ala al Se\u00f1or que es demasiado tarde; que est\u00e1 unido a otra persona por un matrimonio indisoluble. Pero Cristo responde: \u00abYo hice el matrimonio, t\u00fa no puedes oponerme las leyes del amor. \u2013 Deb\u00edas advertirme y no dejar que me comprometiera. \u2013 Estabas advertido: el Evangelio es expl\u00edcito; \u00bfy no es el bautismo un don total? Pero es verdad que entonces no pod\u00edan comprenderlo; ha sido necesario su crecimiento espiritual, precisamente en el matrimonio y a trav\u00e9s de \u00e9l, para que hoy pueda hacerles la llamada con posibilidades de ser escuchada. Les ofrezco una realidad prodigiosa: una vida a dos con el Hijo de Dios. El verdadero matrimonio es el del alma con su Dios.<\/p>\n<p>Acabo de presentar la objeci\u00f3n que a veces surge en el coraz\u00f3n del cristiano casado ante la desconcertante, iba a decir provocadora, propuesta de Cristo. Pero su c\u00f3nyuge, si sabe lo que ocurre, sin duda se altera a\u00fan m\u00e1s, a menos que haya alcanzado ya una gran comprensi\u00f3n de los caminos de Dios. He aqu\u00ed lo que le dije una vez a un marido que era un buen cristiano, pero que estaba profundamente turbado por la idea de perder el amor de su mujer que hab\u00eda \u00abdado el paso\u00bb: \u00abNo s\u00e9 c\u00f3mo progresa su mujer, pero hagamos una hip\u00f3tesis. Durante una meditaci\u00f3n o una comuni\u00f3n, el inmenso amor de Cristo acudi\u00f3 de repente a su mente. Inmediatamente, surgi\u00f3 en ella un deseo loco de ser suya, unida a \u00e9l, de poseerlo, de ser pose\u00edda por \u00e9l. Se dio cuenta de que ten\u00eda que hacer de s\u00ed misma una ofrenda sin reservas, incondicional, definitiva. Y cedi\u00f3 a la corriente que la arrastraba, a esa necesidad irreprimible de sacrificar su alma y el mundo entero a Cristo. \u00bfPuedes negar a Dios el derecho a intervenir as\u00ed en la vida de tu mujer? \u00bfA seducirla? \u00bfPuedes negar a la mujer seducida el derecho a entregarse espont\u00e1nea y generosamente? \u00bfY por qu\u00e9 no conf\u00edas en ella cuando, ante tus aprensiones y reproches por haber hecho un gesto \u00abdesconsiderado\u00bb, te responde: \u00abNo puedo creer ni por un momento que entregarme al Dios del amor pueda ir en detrimento de mi marido y de mis hijos\u00bb?<\/p>\n<p><strong>A trav\u00e9s de la noche oscura<\/strong><\/p>\n<p>No recuerdo qui\u00e9n escribi\u00f3: \u00abEl amor implica siempre inmensas perturbaciones\u00bb. Esto es cierto de todo amor, pero m\u00e1s a\u00fan del amor de Dios que interviene en la uni\u00f3n del hombre y la mujer. La llamada que Cristo hace a uno de los c\u00f3nyuges, hay que reconocerlo, provoca una perturbaci\u00f3n mayor o menor en la uni\u00f3n de los esposos. Sobre todo cuando se produce de modo repentino e inesperado. Quisiera intentar analizar esta perturbaci\u00f3n antes de hablar del nuevo amor conyugal que se desarrolla durante esta fase dif\u00edcil.<\/p>\n<p>El c\u00f3nyuge de la persona que ha respondido a la llamada, si es consciente de lo que ocurre, o si simplemente adivina algo, se ve a veces visitado por una insidiosa tentaci\u00f3n de celos. Porque percibe en el otro un cierto desapego hacia \u00e9l, aunque vea redoblarse el amor. No se trata de una hip\u00f3tesis gratuita. He detectado estos celos en varias personas. Recuerdo las vehementes palabras de una mujer: \u00abYa no le basto: antes lo era todo para \u00e9l y ahora se vuelve hacia otra. Ya no soy su \u00fanico amor. Ya no es todo m\u00edo, es compartido y ya no es de m\u00ed de quien obtiene su mayor alegr\u00eda. Alguien m\u00e1s tiene derechos sobre \u00e9l, un terrible dominio sobre \u00e9l. Y ese otro es el primero: si se presentara la alternativa, ser\u00eda a \u00e9l a quien seguir\u00eda, no a m\u00ed. Diga lo que diga, ya no me quiere con amor conyugal. Es una hermosa amistad, una amistad privilegiada, no me importa, pero ya no es el amor que conoc\u00ed.\u00bb<\/p>\n<p>Ser\u00eda un error pensar que para quien ha escuchado la llamada y quiere responder fielmente, todo es siempre sencillo: Cristo, al apoderarse de \u00e9l, no ha resuelto todos sus problemas. Cuando piensa en su compa\u00f1ero, a veces se dice a s\u00ed mismo, a veces con cierta angustia: \u00abEs verdad, como me reprocha, necesito m\u00e1s a Dios que a \u00e9l. Hay momentos en que me siento m\u00e1s inclinada espont\u00e1neamente a pensar en Cristo que en \u00e9l; \u00e9l lo siente, lo sufre. Necesito soledad para encontrar a Dios y \u00e9l cree que intento escapar de \u00e9l. No puedo confiarle todo lo que me pasa por dentro, a pesar de mi deseo de hacerlo, porque mucho de ello es inexpresable, y eso me vale el reproche de ser cerrada\u00bb.<\/p>\n<p>Una mujer, que vivi\u00f3 esta experiencia, escribi\u00f3: \u00abAl amor conyugal le gustar\u00eda hacerlo todo, descubrirlo todo juntos, y de repente Dios me llamaba en lo m\u00e1s profundo de mi alma de una manera misteriosa que yo no comprend\u00eda. Me parece que cuanto m\u00e1s unida espiritualmente est\u00e1 la pareja, mayor es el coste de tener que o\u00edr sola esta llamada profunda. Dios, que se me hab\u00eda aparecido como el que nos un\u00eda, se me apareci\u00f3 luego como el que separa, que divide profundamente, por la soledad en que envuelve el alma y la distancia que pone entre los esposos. Me hab\u00eda casado para su gloria. Pero nunca hubiera imaginado que \u00e9l pudiera conducirme as\u00ed, por un camino que parec\u00eda perdido para nuestro amor. Pero no tard\u00f3 en hacerse la luz: \u00abAh, ahora que conozco un poco mejor a Dios, c\u00f3mo me gustar\u00eda decir al mundo entero lo que \u00e9l me ha ense\u00f1ado, a saber, que la santidad consiste, primero y siempre, en abandonarse a \u00e9l con los ojos cerrados, en entregarse a \u00e9l con fe, sin comprender nada\u00bb. Quiz\u00e1 valga la pena se\u00f1alar aqu\u00ed que existe un riesgo de enga\u00f1o. Con el pretexto de una llamada a la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica y al desapego, algunas personas descuidan las exigencias de la vida conyugal y familiar. En realidad\u00bb, escribe un matrimonio, \u00abcedemos, sin saberlo ni quererlo, al insidioso se\u00f1uelo de la soledad y la tranquilidad. Es mucho m\u00e1s f\u00e1cil, despu\u00e9s de veinte o veinticinco a\u00f1os de matrimonio, llevarse bien (o creer que te llevas bien) con Dios que con un c\u00f3nyuge cuya personalidad se ha desarrollado y afirmado y, como consecuencia, se enfrenta a la tuya m\u00e1s a menudo. Crees que te est\u00e1s volviendo hacia Dios; en realidad, est\u00e1s huyendo de tu pareja\u00bb.<\/p>\n<p>Hablo como si uno u otro de los c\u00f3nyuges no hubiera tenido la misma experiencia. De hecho, eso es lo que suele ocurrir. Incluso cuando los dos c\u00f3nyuges han progresado juntos hacia el Se\u00f1or, no han llegado necesariamente al mismo estadio. Ante todo, Dios, due\u00f1o de sus dones, reserva a cada uno sus propias gracias. La intimidad de un alma con \u00c9l es siempre \u00fanica. Demasiados esposos y esposas no lo comprenden cuando, con conmovedora y sobre todo ingenua buena voluntad, pretenden recorrer el mismo camino espiritual, evitar distanciarse, esperarse mutuamente. \u00a1Que cada uno responda con audacia a las llamadas del Se\u00f1or! No por acercarnos m\u00e1s a \u00c9l corremos el riesgo de distanciarnos de nuestro c\u00f3nyuge. Recordemos tambi\u00e9n que, en el matrimonio, la gracia individual beneficia a la comunidad.<\/p>\n<p><strong>Hacia un amor nuevo<\/strong><\/p>\n<p>En el coraz\u00f3n de una persona que se ha entregado a Cristo, se desarrolla un amor conyugal nuevo, de una calidad muy rara.<\/p>\n<p>Es verdad, soy un cautivo, un \u00abprisionero de Cristo\u00bb y feliz de ser su prisionero; es verdad, ya no me pertenezco, ya nontengo control sobre m\u00ed mismo, pero Cristo, mi amor, me pide que me despose con todos sus amores. M\u00e1s a\u00fan, puesto que tengo un solo coraz\u00f3n y una sola alma con \u00c9l, ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en m\u00ed. Y Cristo, en m\u00ed y por m\u00ed, ama a todos los que me rodean, empezando por mi c\u00f3nyuge. Amo a este c\u00f3nyuge con el coraz\u00f3n de Cristo, y lo amo con amor conyugal.<\/p>\n<p>\u00bfNo es \u00e9ste el tipo de amor que define el acto de caridad: \u00abAmo a mi pr\u00f3jimo por amor a ti\u00bb? Amar al c\u00f3nyuge por amor a otro ser\u00eda monstruoso si ese otro fuera un ser humano; m\u00e1s bien, es el amor al c\u00f3nyuge el que debe mandar sobre todos los dem\u00e1s amores. Pero lo que ser\u00eda chocante a nivel humano ya no lo es cuando se trata de Dios. Amar al c\u00f3nyuge por Dios es participar del amor con que Dios le ama. Y eso es muy distinto de un \u00abamor de mandato\u00bb, de un amor de deber. Es verdad que te amo porque Dios quiere; pero precisamente porque quiere, Dios me comunica su propio amor por ti. Y yo te amo con un amor conyugal nuevo, aut\u00e9ntico, del que nada queda excluido.<\/p>\n<p>El gran objetivo de este nuevo amor ser\u00e1 ayudar al otro a llegar a un encuentro personal con Cristo, si todav\u00eda no lo ha hecho, ayudarle mediante el don de una ternura humana que se ha hecho tanto m\u00e1s perfecta, tanto m\u00e1s discreta, porque se ha convertido en caridad. Tu amor por m\u00ed -dice Cristo a la persona que ha conquistado- lo pido, lo espero y lo recibo en tu pr\u00f3jimo, en tu pr\u00f3jimo m\u00e1s cercano, en tu c\u00f3nyuge y en tus hijos. En este sentido, el segundo mandamiento es semejante al primero.<\/p>\n<p><strong>\u00bf Y qu\u00e9 pasa en los hogares que sufren ?<\/strong><\/p>\n<p>Hasta ahora he hablado de un hogar armonioso en el que el hombre y la mujer se aman. \u00bfQu\u00e9 sucede con el progreso hacia la perfecci\u00f3n cuando no hay armon\u00eda en el hogar? \u00bfEl c\u00f3nyuge ansioso por progresar espiritualmente encontrar\u00e1 ayuda en el acercamiento al Se\u00f1or? S\u00ed, y en los propios fracasos. Es cierto que esos fracasos pueden llevar a la rebeli\u00f3n, al estancamiento e incluso al adulterio; pero tambi\u00e9n pueden favorecer el descubrimiento de Cristo, como toda pobreza y decepci\u00f3n aceptadas. En un hogar as\u00ed, no se corre el riesgo de hacer del amor conyugal un absoluto. Las Bienaventuranzas del Se\u00f1or proporcionar\u00e1n consuelo y apoyo: \u00abBienaventurados los pobres, bienaventurados los que lloran, bienaventurados los hambrientos, bienaventurados los perseguidos&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>No dudo en decir: Mejor, a los ojos de Dios, un matrimonio menos exitoso que un amor m\u00e1s perfecto, al que los c\u00f3nyuges se aferran como a un tesoro del que no quieren desprenderse. El peligro no es ilusorio. Leo en una carta: \u00abLa llamada de Cristo es escuchada por muy pocos, incluso entre c\u00f3nyuges profundamente cristianos y unidos. Quiz\u00e1 precisamente porque est\u00e1n tan unidos y apegados el uno al otro. No pueden aceptar la segunda llamada de Cristo, que pretende separarlos el uno del otro. Cu\u00e1ntos se aferran desesperadamente a la fase anterior y se resisten a Cristo, que de repente se ha convertido en el Dios celoso de la Biblia. Se escandalizan ante la sola idea de que la ley de la renuncia evang\u00e9lica pueda dirigirse contra su amor: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 -dicen- el que quiere que esta c\u00e9lula de la Iglesia, nuestro hogar, tenga \u00e9xito, vendr\u00eda \u00e9l mismo a destruir su obra y a separar a los que ha unido?<\/p>\n<p>De hecho, muchos hogares se sit\u00faan entre dos extremos, el del fracaso y el del \u00e9xito perfecto. Para ellos, el amor es a la vez riqueza y pobreza, \u00e9xito y fracaso. Este tipo de amor es una ayuda preciosa en nuestro camino hacia Dios. Hecho de l\u00e1grimas y de alegr\u00edas, de esfuerzos, de sacrificios y de oraciones, de decepciones y de esperanzas, de dones y de perd\u00f3n, esta uni\u00f3n en la que hemos recibido mucho el uno del otro y hemos sufrido igualmente el uno por el otro, est\u00e1 habitada por la gracia, en la que la gracia act\u00faa para llevarnos a cada uno al encuentro de Cristo vivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p><strong>Matrimonio, camino de santidad<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfHe logrado mostrar que el matrimonio, por sus exigencias y sus riquezas, por sus victorias y sus derrotas, y sobre todo por todas las gracias sacramentales que comporta, es efectivamente un camino de santidad? Como hemos visto, madura el coraz\u00f3n humano a trav\u00e9s de todos los dones y renuncias que exige; favorece el crecimiento de la caridad en el hogar y en cada uno de los c\u00f3nyuges, hasta llevarlos al umbral del encuentro personal con Cristo, verdadero inicio del camino de la santidad. Si entonces se sacude la comodidad de un amor conyugal todav\u00eda demasiado humano, es s\u00f3lo para ayudar a los esposos a entrar en un amor totalmente nuevo \u00aben el Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Dichosos los esposos -y lo digo con mayor convicci\u00f3n porque conozco a algunos de ellos- cuya primera ambici\u00f3n en el amor es ayudarse mutuamente a responder cada vez m\u00e1s generosamente a la llamada de Aquel que, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, se ha presentado siempre como el Esposo. Un hombre casado me escrib\u00eda: \u00abDel amor nace el deseo de ver al otro realizado en plenitud. S\u00e9 que mi mujer s\u00f3lo puede realizarse en su vocaci\u00f3n de esposa por el \u00fanico Esposo: Cristo, y la amo demasiado para no desearlo, para no quererlo para ella&#8230; con toda mi debilidad\u00bb. En estos hogares se cumple la promesa del Se\u00f1or: \u00abQuien deje casa, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibir\u00e1 cien veces m\u00e1s aqu\u00ed en la tierra y participar\u00e1 de la vida eterna\u00bb (Lc 18,28-30; Mt 19,29). El \u00abc\u00e9ntuplo\u00bb es un amor nuevo, cuya fuerza y dulzura ni siquiera pod\u00edan imaginar en las horas radiantes de su naciente vida matrimonial.<\/p>\n<p>Quien pierde su vida la salva, quien pierde su amor la salva: por un momento, los esposos pudieron pensar que responder a la llamada de Cristo comprometer\u00eda su uni\u00f3n; en realidad, su respuesta permite que \u00e9sta se supere y alcance una nueva perfecci\u00f3n. Lo que antes cre\u00edan, ahora lo experimentan: \u00abDonde se encuentran la caridad y el amor, all\u00ed est\u00e1 presente Dios\u00bb.<br \/>\nEsta presentaci\u00f3n del matrimonio cristiano dista mucho, lo reconozco, de cierta visi\u00f3n demasiado com\u00fan que ve en el sacramento del matrimonio s\u00f3lo una ayuda de Dios para curar el amor humano, enriquecerlo, hacerlo m\u00e1s feliz y duradero. Es una visi\u00f3n ingenua, que ve en la gracia un medio para hacer m\u00e1s c\u00f3moda la vida en la tierra. \u00a1Como si Cristo hubiera venido ante todo a salvar la felicidad humana.!<\/p>\n<p>\u00bfSignifica esto que los esposos cristianos tendr\u00e1n poco en cuenta la vida conyugal y todas las realidades que la componen? A los que piensan as\u00ed, quisiera ofrecerles una comparaci\u00f3n: el pan y el vino, cuando se deterioran, son incapaces de convertirse en el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucarist\u00eda; del mismo modo, si los esposos dejan que se deteriore la calidad humana de su matrimonio, \u00e9ste ya no es un medio que la gracia pueda utilizar para santificarlos. S\u00f3lo una vida conyugal vivida en plenitud permite al sacramento producir sus frutos.<\/p>\n<p>Por tanto, nunca se dir\u00e1 demasiado que la vida conyugal es un camino de santidad, pero s\u00f3lo a condici\u00f3n de que se recuerde claramente que el sentido de un camino es conducir a un fin, que la gran ambici\u00f3n de los compa\u00f1eros de viaje debe ser, no \u00abestablecerse\u00bb en la tierra, sino caminar juntos hacia la casa del Padre, donde se encontrar\u00e1n \u00abcompa\u00f1eros para la eternidad\u00bb.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n cristiana del sacramento del matrimonio muestra claramente su admirable dignidad, y al mismo tiempo nos hace comprender por qu\u00e9 la Iglesia ha reconocido siempre una mayor dignidad a la virginidad consagrada: \u00e9sta, en efecto, es desde el principio una preferencia por Cristo y una consagraci\u00f3n a su amor. Esto no significa, sin embargo, que un cristiano casado no pueda alcanzar un grado de perfecci\u00f3n superior al de un monje.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Al final de esta conferencia, quisiera dejarlos en presencia del hogar de Jos\u00e9 y Mar\u00eda. No para sugerir que la vida cristiana en el matrimonio exige una continencia total, sino para invitarlos a contemplar el amor conyugal m\u00e1s perfecto. Este matrimonio es \u00fanico en cuanto es la uni\u00f3n de dos seres consagrados de antemano a Dios y que Dios entrega el uno al otro: comienzan donde otros llegan -y todav\u00eda muy imperfectamente- s\u00f3lo despu\u00e9s de un laborioso camino. Pero se aman tanto m\u00e1s por ello. \u00bfQu\u00e9 amor conyugal puede rivalizar con el suyo? Se aman con el mismo amor de Dios: \u00abLa fuerza con la que te amo no es diferente de la fuerza con la que t\u00fa existes\u00bb; \u00bfno es esta frase de una de las hero\u00ednas de Claudel una expresi\u00f3n adecuada de su experiencia? \u00bfLes hab\u00eda dado Cristo la gran instrucci\u00f3n que dej\u00f3 a sus ap\u00f3stoles: \u00abSean uno como mi Padre y yo somos uno\u00bb? No lo s\u00e9, pero sin duda alcanzaron este ideal mejor que nadie. Y por eso no hay modelo m\u00e1s alto para los esposos que aspiran a la santidad que el matrimonio de Jos\u00e9 y Mar\u00eda.<\/p>\n<p><cite>Henri Caffarel, L\u2019Anneau d\u2019Or, \u201cLe mariage, ce grand sacrement\u201d, N\u00famero especial 111-112, mayo \u2013 agosto 1963, p. 289 a 303.<\/cite>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un hogar que es consciente de su doble vocaci\u00f3n de culto y misi\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"on","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[61],"tags":[],"class_list":["post-235142","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-el-matrimonio"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/235142","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=235142"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/235142\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":235960,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/235142\/revisions\/235960"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=235142"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=235142"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=235142"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}