{"id":235648,"date":"2026-01-18T16:38:52","date_gmt":"2026-01-18T15:38:52","guid":{"rendered":"https:\/\/caffarel.hyppoweb.fr\/lamour-plus-fort-que-la-souffrance\/"},"modified":"2026-09-15T10:15:02","modified_gmt":"2026-09-15T08:15:02","slug":"el-amor-mas-fuerte-que-el-sufrimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/el-amor-mas-fuerte-que-el-sufrimiento\/","title":{"rendered":"El amor, m\u00e0s fuerte que el sufrimiento"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; admin_label=\u00bbsection\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_row admin_label=\u00bbfila\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; custom_padding=\u00bb|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb custom_padding__hover=\u00bb|||\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.27.8&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb]<\/p>\n<h1>El amor, m\u00e1s fuerte que el sufrimento<\/h1>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 f\u00e1cil es, entre intelectuales alrededor de una mesa, disertar sobre el sufrimiento! Cu\u00e1nto m\u00e1s dif\u00edcil es hablar de ello cuando se tiene delante de s\u00ed seres que sufren en su coraz\u00f3n y en su carne, \u00a1esp\u00edritus desconcertados por el enigma del sufrimiento! Se teme profundizar una herida abierta. Un sacerdote, que participa en nuestra peregrinaci\u00f3n, escrib\u00eda muy acertadamente: \u00abEl sufrimiento no es primero una cuesti\u00f3n sobre la cual se diserta, es siempre el sufrimiento de alguien\u00bb.<\/p>\n<p>Mi inquietud se vuelve m\u00e1s grande a\u00fan, al pensar que entre ustedes se encuentran quiz\u00e1 almas rebeldes. Imposible no plantearse la pregunta: \u00bfLograr\u00e1n mis palabras reconciliarlas con Dios, o van a alejarlas m\u00e1s de \u00c9l? Ante tal riesgo, le he pedido a Mar\u00eda que rece, tanto por todas ustedes, como por m\u00ed.<\/p>\n<p>No me escuchen con una raz\u00f3n anal\u00edtica, siempre lista para discutir, para replicar, para objetar. El sufrimiento es un misterio. No puede sino desconcertar a una raz\u00f3n orgullosa que s\u00f3lo conf\u00eda en sus propios recursos. Sobre todo, no caigan en la tentaci\u00f3n de erigirse en acusadores de Dios, de exigirle que se justifique; sino m\u00e1s bien, humildemente, como un ni\u00f1o peque\u00f1o con su padre, p\u00eddanle que las ayude a comprender.<\/p>\n<p>Asimismo, les dejo treinta segundos de silencio a fin de que puedan pedirle a Dios que les d\u00e9 un coraz\u00f3n humilde y filial, y que ponga sus palabras en mis labios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>A favor o en contra del sufrimiento<\/strong><\/p>\n<p>Un d\u00eda, hace unos veinte a\u00f1os, vi llegar a mi casa a un joven profesor de la Sorbona enviado por un amigo. Indignado por haber sufrido demasiado pronto, apenas se sent en el borde del sill\u00f3n me lanz\u00f3 a quemarropa esta pregunta, que no me dejaba ninguna escapatoria: \u00abUstedes, los sacerdotes, \u00bfest\u00e1n a favor o en contra del sufrimiento?\u00bb. \u00abEn contra\u00bb, le respond\u00ed de inmediato. Visiblemente, no era esa la respuesta que esperaba; qued\u00f3 un instante desorientado.<\/p>\n<p>Pero despu\u00e9s de todo, qu\u00e9 importa el punto de vista personal de un sacerdote; es el de Dios el que necesitamos.<\/p>\n<p>Dirij\u00e1monos pues a \u00c9l: \u00abSe\u00f1or, \u00bfest\u00e1s a favor o en contra del sufrimiento?\u00bb. La respuesta no deja lugar a dudas: \u00abEstoy en contra. \u2014 Pero entonces, Se\u00f1or, \u00bfpor qu\u00e9 env\u00edas sufrimiento a los hombres? \u2014 C\u00e1lmate, hijo m\u00edo; \u00bfpor qu\u00e9 sacas todas tus garras? Acepta escuchar con un coraz\u00f3n atento\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>No es hijo de Dios<\/strong><\/p>\n<p>El gran error es creer que el sufrimiento es la obra de Dios, hijo de Dios. Si lo fuera, la crueldad del hijo no podr\u00eda ser sino un reflejo de la crueldad del padre. Pero no es as\u00ed; no hay ning\u00fan parentesco entre el sufrimiento y Dios. Vean el para\u00edso terrenal, ese mundo totalmente nuevo salido de las manos de Dios donde el hombre y la mujer acaban de aparecer, maravillados ante esta creaci\u00f3n que se les da como herencia: el sufrimiento es all\u00ed desconocido, ser\u00e1 all\u00ed desconocido hasta el d\u00eda del primer pecado. Tal es la ense\u00f1anza de la Iglesia.<\/p>\n<p>Y luego piensen en ese otro Para\u00edso donde, por la eternidad, el Padre del cielo re\u00fane a todos sus hijos. <em>Ya no habr\u00e1 m\u00e1s dolor.<\/em> \u00bf<em>Acaso no leemos en el Apocalipsis?: \u00abYa nunca m\u00e1s sufrir\u00e1n de hambre ni de sed; nunca m\u00e1s se sentir\u00e1n agobiados ni por el sol ni por ning\u00fan viento abrasador&#8230; y Dios enjugar\u00e1 toda l\u00e1grima de sus ojos<\/em> (7, 16-17). De un mundo donde Dios reina, donde su voluntad no encuentra oposici\u00f3n, el sufrimiento queda excluido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Hijo del pecado<\/strong><\/p>\n<p>Y en efecto, el sufrimiento es hijo no de Dios sino del pecado. Ad\u00e1n y Eva pecadores lo comprendieron tr\u00e1gicamente ante el cad\u00e1ver de su hijo Abel, muerto por los celos de su hermano Ca\u00edn. As\u00ed, el primer pecado de nuestros primeros padres es la fuente de este r\u00edo de sufrimiento que ha sumergido la tierra, y que vienen a engrosar cada d\u00eda los sufrimientos nuevos engendrados por todos los pecados del mundo. Piensen en esos ni\u00f1os, en esos hombres y en esas mujeres v\u00edctimas de los bombardeos, v\u00edctimas de ese terrible pecado que se llama la guerra \u2014 la televisi\u00f3n casi a diario nos ofrece su odioso espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entre todos estos sufrimientos, miren el de Cristo en la cruz: \u00bftiene acaso otra causa que no sea el pecado? El pecado del sumo sacerdote, celoso de su influencia, el odio de una multitud fanatizada, la cobard\u00eda de un funcionario romano, sin omitir nuestros propios pecados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Dios, enemigo del sufrimiento<\/strong><\/p>\n<p>Porque el sufrimiento es hijo del pecado, Dios lo aborrece. Ser\u00eda tan il\u00f3gico atribuirlo al Se\u00f1or como atribuir al artista las pu\u00f1aladas con las que su cuadro ha sido lacerado. Absurdo, el sufrimiento es un esc\u00e1ndalo para la inteligencia de Dios. Cu\u00e1nto m\u00e1s para su coraz\u00f3n: \u00bfc\u00f3mo el coraz\u00f3n de tal padre no estar\u00eda indignado ante el dolor de uno de sus hijos, ya sea que este hijo sea su Hijo o uno de nosotros?<\/p>\n<p>Pero entonces, dir\u00e1n ustedes, \u00a1que Dios suprima el sufrimiento! \u2014 Para suprimirlo, habr\u00eda que suprimir su causa, el pecado; y para suprimir el pecado, suprimir la libertad del hombre. Ustedes mismas tendr\u00edan un medio infalible de evitar que su ni\u00f1o travieso se rompa la pierna: ser\u00eda atarlo. Pero al igual que ustedes, Dios no quiere atar a sus hijos; pretende educarlos, ense\u00f1arles a usar bien su libertad, a riesgo de que caigan, se lastimen y hagan da\u00f1o a los dem\u00e1s. Se encierra a los locos furiosos, as\u00ed como a los criminales, para impedirles da\u00f1ar, pero no se puede, despu\u00e9s de todo, encerrar a los pecadores: la tierra se convertir\u00eda en un inmenso campo de concentraci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Esos sufrimientos no imputables al hombre\u2026<\/strong><\/p>\n<p>Es muy posible que una objeci\u00f3n surja en sus mentes, que una u otra de ustedes tenga ganas de decirme: usted habla de aquellos, innumerables, que soportan sufrimientos cuya causa es el pecado: v\u00edctimas de la guerra, ni\u00f1os maltratados, esposas abandonadas, familias en duelo por la imprudencia de un conductor&#8230; pero hay otros sufrimientos que no se pueden imputar a los hombres.<\/p>\n<p>Conozco bien esta objeci\u00f3n; me fue lanzada en condiciones tales que nunca la he olvidado. En Par\u00eds, en el metro en una hora pico: he aqu\u00ed que un borracho viene hacia m\u00ed, me muestra, en su peri\u00f3dico todo arrugado, un t\u00edtulo en letras enormes relatando los desastres causados por un cicl\u00f3n en no s\u00e9 qu\u00e9 regi\u00f3n de la tierra. Y me interpela: \u00ab\u00bfCree usted, se\u00f1or cura, que habr\u00eda cosas as\u00ed si hubiera un buen Dios?\u00bb. Les confieso, sin orgullo, que me encontr\u00e9 de repente con una raz\u00f3n imperiosa para bajar en la estaci\u00f3n siguiente \u2014 no teniendo muchas ganas de dar una conferencia sobre el sentido cristiano del sufrimiento ante los viajeros intrigados, que asist\u00edan al di\u00e1logo del borracho y del joven sacerdote.<\/p>\n<p>Debo admitir que la objeci\u00f3n es inc\u00f3moda. Y no me atrevo a decirles lo que Dios habr\u00eda hecho para apartar los cataclismos en una humanidad sin pecado. No estoy, sin embargo, lejos de reaccionar como el borracho que, en su l\u00f3gica de buen hombre, razonaba as\u00ed: Cuando no estoy demasiado borracho, no le pego a la mujer ni a los ni\u00f1os; si existiera un Dios bueno, ser\u00eda seguramente mejor que yo, no le pegar\u00eda a la gente. Pero, mientras que \u00e9l llega a la conclusi\u00f3n de que el sufrimiento existe, es que Dios no existe, yo pienso: puesto que mi Dios es todo amor, y amor todopoderoso, no habr\u00eda tenido dificultades en alejar el sufrimiento de una humanidad sin pecado. Mantengo pues firme mi certeza extra\u00edda de la Biblia: es a consecuencia del pecado que apareci\u00f3 el sufrimiento en el mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Cristo frente al sufrimiento de los hombres<\/strong><\/p>\n<p>La reacci\u00f3n de Cristo ante el sufrimiento de los hombres fortalece a\u00fan m\u00e1s mi convicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Recuerden: \u00abLa gente empez\u00f3 a llevar a todos sus enfermos a Cristo en todos los pueblos donde entraba y todos los que lo tocaban quedaban curados\u00bb (Marcos 6, 56).<\/p>\n<p>Recuerden adem\u00e1s esta escena que, estoy seguro, les es muy especialmente querida: A la entrada de un pueblito, se oyen flautistas y lloronas; y he aqu\u00ed que Jesucristo y los ap\u00f3stoles se cruzan con un cortejo f\u00fanebre. Jes\u00fas mira: una mujer sola sigue la camilla donde un muchacho joven est\u00e1 tendido; ya ella hab\u00eda perdido a su marido, y su hijo \u00fanico acaba de morir. El Maestro se conmueve, nos dice el Evangelio. Resucita al muerto, y \u00abse lo entrega a su madre\u00bb.<\/p>\n<p>Piensen adem\u00e1s en ese episodio inolvidable: ante el dolor de Marta y de Mar\u00eda, Jes\u00fas estalla en sollozos y resucita a su hermano. Jesucristo, de eso no cabe duda, se present\u00f3 en la tierra como el enemigo del sufrimiento. Miles de seres fueron liberados por \u00c9l de las garras del dolor. Su amor no solamente lo llevaba a compadecerse, a compartir la pena de sus hermanos sufrientes, sino tambi\u00e9n a liberarlos. Quien no reacciona como \u00c9l no es su disc\u00edpulo. Y si un cristiano no se siente escandalizado por el sufrimiento, yo me siento escandalizado por ese cristiano.<\/p>\n<p>Pero entonces, \u00bfpor qu\u00e9 la gente piadosa nos repite, cuando sufrimos, que hay que aceptar la voluntad de Dios? \u2014 Esta forma de hablar, lo reconozco, se presta a confusi\u00f3n y yo no la empleo nunca. Volvamos a Cristo. No van ustedes a decir, despu\u00e9s de todo, que los verdugos cumplieron la voluntad del Padre al crucificarlo: cometieron el m\u00e1s espantoso de los cr\u00edmenes. La voluntad del Padre no es que su Hijo sea torturado, sino que, torturado consienta al sufrimiento que le inflige el pecado y demuestre as\u00ed su invencible amor por los hombres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Cristo y la cruz<\/strong><\/p>\n<p>\u00abSi Dios est\u00e1 en contra del sufrimiento, si Cristo lo combati\u00f3, \u00bfpor qu\u00e9 se nos invita a amarlo?\u00bb. Es la otra pregunta que me hizo, no sin vehemencia, el joven profesor del que les hablaba.<\/p>\n<p>Recuerdo a\u00fan su gesto pat\u00e9tico se\u00f1al\u00e1ndome el crucifijo colgado en la pared de mi despacho: \u00abCuando pienso, me dijo, que ustedes sienten la necesidad de colgarlo en todas sus paredes, de plantarlo en el cruce de todos nuestros caminos, de izarlo hasta la cima de las monta\u00f1as para urgirnos a amar el sufrimiento&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>A lo cual respond\u00ed: \u00abUsted le hace decir al crucifijo lo contrario de lo que significa. Lejos de predicarnos la bondad, la amabilidad, la inteligibilidad del sufrimiento, la cruz proclama alrededor del mundo la definitiva victoria de Cristo sobre el sufrimiento y sobre la muerte\u00bb.<\/p>\n<p>Tenemos que detenernos para reflexionar sobre esta afirmaci\u00f3n aparentemente contraria a la evidencia diaria. Aqu\u00ed hemos llegado al coraz\u00f3n del misterio cristiano. Veamos c\u00f3mo se comporta Cristo ya no ante el sufrimiento de los dem\u00e1s, sino ante el que se ensa\u00f1a con \u00c9l. Se present\u00f3 bajo la forma de la cruz, cuyos dos brazos extendidos parec\u00edan decir: \u00a1no se pasa! \u00c9l pod\u00eda f\u00e1cilmente haber escapado de ella, dar media vuelta. Pero no, no se dej\u00f3 desviar, avanz\u00f3 hacia la cruz. \u00bfSer\u00e1 que encuentra bueno el sufrimiento, que lo ama? \u00a1Ciertamente no! Le horroriza, ese hijo del pecado. Tiembla de espanto ante \u00e9l. Pero entonces, \u00bfpor qu\u00e9 se apresura hacia el Calvario, por qu\u00e9 tiene tanta prisa de que llegue su \u00abHora\u00bb? Piensen en un novio que se arroja a las llamas para salvar a la mujer que ama; no dir\u00e1n que ama las llamas; es a su novia a quien ama. No es la cruz, el sufrimiento, lo que Cristo ama, sino al Padre que lo llama y a la humanidad que quiere salvar, de la cual est\u00e1 impaciente por convertirla en su esposa. S\u00ed, su sacrificio es ciertamente la victoria del amor sobre el sufrimiento y sobre el pecado que es su fuente. He aqu\u00ed lo que proclaman los crucifijos de nuestras iglesias, de nuestras casas, de nuestros campos.<\/p>\n<p>Hablo de victoria del amor, ser\u00eda m\u00e1s justo a\u00fan hablar de una revancha del amor sobre el sufrimiento. \u00a1Qu\u00e9 revancha, en efecto, hacer del sufrimiento \u2014 hijo del pecado, del rechazo del amor \u2014 la ocasi\u00f3n de un amor m\u00e1s grande! Porque es muy cierto que en el sufrimiento el amor se supera a s\u00ed mismo. En ese sentido se puede decir que se vuelve bueno, inteligible, fecundo, pero en realidad no es \u00e9l, es el amor que \u00e9l provoca y estimula lo que es bueno, inteligible, fecundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Crucifijos enga\u00f1osos, crucifijos aut\u00e9nticos<\/strong><\/p>\n<p>Reconozco que hay crucifijos que nos inducen a error. \u00bfHan notado que existen dos tipos de crucifijos?: los que se califican de \u00abrealistas\u00bb, y los que se designan con el t\u00e9rmino de \u00abm\u00edsticos\u00bb<\/p>\n<p>Los crucifijos realistas, lamentablemente los m\u00e1s numerosos, representan a Cristo despojado, su cuerpo cubierto de heridas, retorcido de dolor, coronado de espinas; su objetivo principal es conmovernos, despertar nuestra compasi\u00f3n. Parecen expresar el triunfo del sufrimiento.<\/p>\n<p>Afortunadamente hay otros que anuncian la victoria del amor: los crucifijos calificados de m\u00edsticos, que se encuentran sobre todo en Oriente: Cristo vestido con una t\u00fanica, una corona imperial sobre la cabeza, los ojos bien abiertos, los brazos horizontales. A veces el rostro es impasible, a menudo deja filtrar una misteriosa alegr\u00eda, la alegr\u00eda de aquel que dijo: \u00ab<em>Hay m\u00e1s felicidad en dar que en recibir<\/em>\u00bb (Hch 20, 35).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo dudar, en efecto, que Cristo en la cruz haya sentido, en lo m\u00e1s \u00edntimo de su ser, una intensa alegr\u00eda en la hora en que brotaba de su coraz\u00f3n traspasado la fuente de una felicidad infinita para todos los hombres? S\u00ed, su cuerpo sufr\u00eda horriblemente pero su coraz\u00f3n estaba habitado por la alegr\u00eda de amar, rebosaba de ella. \u00bfNo han tenido ustedes mismas, un d\u00eda u otro, esta experiencia de la cohabitaci\u00f3n en ustedes de la alegr\u00eda y del sufrimiento? Aquellas entre ustedes que han dado a luz a sus hijos, \u00bfno han conocido juntas el dolor de la carne y la alegr\u00eda de dar la vida? Por lo tanto, hay que afirmar que no solo sufrimiento y alegr\u00eda pueden cohabitar, sino que existe una misteriosa alegr\u00eda de sufrir por amor. Tal fue la alegr\u00eda de Cristo en la cruz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Creer en el amor compasivo de Dios<\/strong><\/p>\n<p>C\u00f3mo una viuda cristiana puede reaccionar en su terrible prueba, he aqu\u00ed de lo que me toca ahora hablarles, a la luz de lo que acabo de decirles sobre el sentido cristiano del sufrimiento.<\/p>\n<p>Ustedes saben que su Dios no es un Dios impasible sino infinitamente compasivo, aquel mismo que se conmov\u00eda ante el sufrimiento de los cuerpos y de los corazones, que ten\u00eda piedad de las multitudes, que repet\u00eda: \u00ab<em>Vengan a m\u00ed, todos ustedes que est\u00e1n cansados y agobiados y yo les dar\u00e9 descanso<\/em>\u00bb (Mt 11, 28). Como ya todo ha cambiado, \u00bfno es verdad? cuando para nosotras Dios ya no es el ser del que imaginamos que nos acecha para sorprendernos en falta, sino aquel que se compadece, que, me atrever\u00e9 a decir, se disculpa por haber dejado que el sufrimiento se acercara a nosotras. Bernanos supo expresar esto en t\u00e9rminos conmovedores. \u00c9l habla de una madre junto a su ni\u00f1o muerto \u2014 pero sus palabras se aplican igual de bien a la esposa cuyo marido acaba de exhalar el \u00faltimo suspiro. Cito de memoria: \u00ab<em>Una mam\u00e1 esconde una \u00faltima vez su rostro en el hueco de un peque\u00f1o pecho que ya no latir\u00e1. De repente ella se endereza. La Voz divina, la Voz que ha lanzado los soles por la inmensidad, as\u00ed como una mano lanza semillas, la Voz acaba de murmurarle dulcemente: \u00abPerd\u00f3name. Alg\u00fan d\u00eda lo sabr\u00e1s, lo comprender\u00e1s, me dar\u00e1s las gracias. Pero ahora, lo que espero de ti, es tu perd\u00f3n, perd\u00f3name<\/em>\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Sufrimiento, ofrenda de amor<\/strong><\/p>\n<p>Si se dejan guiar por Cristo, \u00c9l las invitar\u00e1, dulce y pacientemente a superar igualmente este estadio del sufrimiento aceptado y vivido bajo su mirada compasiva. \u00c9l les propondr\u00e1 una actitud m\u00e1s semejante a la que fue la suya en la hora de la Pasi\u00f3n. \u00c9l las ayudar\u00e1 a hacer de su sufrimiento la ocasi\u00f3n de un amor m\u00e1s grande; hablo primero, por supuesto, del cruel sufrimiento de la separaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n de esos mil sufrimientos que son sus consecuencias y que no tengo que enumerar, ustedes los conocen demasiado bien. S\u00ed, a lo largo del d\u00eda el amor puede crecer en su coraz\u00f3n, las preocupaciones, las penas, las dificultades pueden ser la ocasi\u00f3n de una ofrenda de amor, de una victoria de su amor hacia Dios.<\/p>\n<p>Tal vez me dir\u00e1n: As\u00ed como era f\u00e1cil aceptar y llevar los sufrimientos cuando \u00e9ramos dos, as\u00ed parece dif\u00edcil ahora que estoy sola. Tienen raz\u00f3n: \u00ab<em>No es bueno que el hombre est\u00e9 solo<\/em>\u00bb, est\u00e1 escrito en la primera p\u00e1gina de la Biblia. Tienen raz\u00f3n, pero precisamente no est\u00e1n solas. Cristo, es verdad, no resucita a aquel que las ha dejado, pero las invita a descubrir siempre mejor su misteriosa presencia a su lado. No fue mi menor asombro, a lo largo de veintis\u00e9is a\u00f1os de ministerio con las viudas, constatar la fuerza y la alegr\u00eda que les aporta el amor de Cristo.<\/p>\n<p>No es que la presencia de Cristo haya sustituido pura y simplemente a la de su marido. Muchas les dir\u00edan que primero fueron a Cristo para encontrar a su esposo y que poco a poco (a veces de un d\u00eda para otro) el amor del Se\u00f1or se les apareci\u00f3 como una gran realidad, la gran realidad. Cristo se convirti\u00f3 en su amigo. Pero muy lejos de eliminar a su marido, \u00c9l hizo su amor conyugal m\u00e1s fuerte que la muerte; y aquel que hab\u00eda sido su compa\u00f1ero de ruta se convirti\u00f3 en su compa\u00f1ero de eternidad.<\/p>\n<p>Y ciertamente la sensibilidad est\u00e1 de ahora en adelante privada de las dulzuras de una ternura humana; sigue siendo cruel no poder refugiarse en los brazos de un hombre al que se ama; pero en el fondo del coraz\u00f3n habita una alegr\u00eda muy pura pues en el fondo del coraz\u00f3n hay dos amores, indisociables, intensamente vivos, el de Cristo y el del marido.<\/p>\n<p>Les he mostrado sucesivamente a Cristo comprensivo, compasivo, cercano a la viuda que acaba de perder a aquel que ama, ayud\u00e1ndola a llevar su sufrimiento. Luego se lo he mostrado proponi\u00e9ndose discretamente como el amigo, el compa\u00f1ero de ruta, invitando a la viuda a hacer de su sufrimiento una victoria del amor. Su ambici\u00f3n, o m\u00e1s bien su amor desea m\u00e1s todav\u00eda.<\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>Es Cristo quien sufre en m\u00ed<\/strong><\/p>\n<p>Esc\u00fachenlo decirle a aquella de la que se ha hecho amigo: No quiero contentarme con caminar a tu lado, quiero vivir en ti, sufrir en ti, amar en ti y por ti. La victoria de mi amor sobre el sufrimiento, quiero ganarla de nuevo, pero esta vez en ti, por ti. Hay en el mundo un rechazo de amor tan enorme hacia el Padre del cielo, es necesario que en ti y por ti yo le d\u00e9 un excedente, una sobreabundancia de amor. \u00bfQuieres permitirme continuar, en ti y por ti, mi gran tarea redentora? Un d\u00eda podr\u00e1s decir en toda verdad como mi ap\u00f3stol Pablo: \u00ab<em>Vivo, pero ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en m\u00ed<\/em>&#8230;\u00bb (G\u00e1l 2, 20); sufro, amo, pero ya no soy yo quien sufre, ya no soy yo quien ama, es Cristo quien en m\u00ed ama y sufre.<\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>Escuchar a su marido<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfPuedo pedirle a cada una de ustedes, en este mismo momento, que se vuelva hacia su marido vivo junto a Dios y que lo escuche: \u00abMi alegr\u00eda y mi orgullo ser\u00edan grandes, les dice \u00e9l, si Cristo pudiera hablarme en estos t\u00e9rminos: Has despertado un coraz\u00f3n de mujer al amor, le has ense\u00f1ado a darse; he aqu\u00ed que en ella el amor ha triunfado sobre el sufrimiento; y aquella que en otro tiempo hab\u00eda dejado padre y madre para seguirte, he aqu\u00ed que ahora no duda en responder a mi llamado cuando a mi turno le digo \u201cVen y s\u00edgueme\u201d; he aqu\u00ed que ella coopera en mi misi\u00f3n de salvador del mundo como ella se dedicaba, hace algunos a\u00f1os, a tu misi\u00f3n de hombre\u00bb.<\/p>\n<p>Permitan a su marido conocer esta alegr\u00eda y este orgullo.<\/p>\n<p>Pero el pensamiento me viene, de repente, de aquellas cuyo marido no fue practicante, de aquellas cuyo marido puso fin a sus d\u00edas. Oh, les ruego, no pongan l\u00edmite a la misericordia divina. Atr\u00e9vanse a creer que su fe, su amor, sus oraciones, tanto las de ayer como las de hoy, le han obtenido, cuando apareci\u00f3 ante el Se\u00f1or, una acogida misericordiosamente paternal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Nunca m\u00e1s un hijo<\/strong><\/p>\n<p>Durante esta conferencia no he dejado de evocar su sufrimiento de esposa ahora sola en la tierra. Pero s\u00e9 bien que otro sufrimiento oprime el coraz\u00f3n de muchas de ustedes; pienso especialmente en las m\u00e1s j\u00f3venes que esperaban tener otros hijos: el sufrimiento de la soledad se duplica para ellas con el sufrimiento de una esterilidad prematura. Pienso tambi\u00e9n en todas aquellas que no han tenido hijos.<\/p>\n<p>Que miren y escuchen a Cristo. \u00c9l les muestra a su Madre al pie de la cruz. Ella no tendr\u00e1 otro hijo seg\u00fan la carne, pero porque en ella el amor consiente muy perfectamente al sacrificio, he aqu\u00ed que una maternidad nueva, espiritual, le es ofrecida, que ensancha su coraz\u00f3n a las dimensiones del mundo. Y a lo largo de los siglos, hijos innumerables vendr\u00e1n a recurrir, y nunca en vano, a su ternura maternal. A todas ustedes igualmente, Cristo les propone una maternidad espiritual. Ella aportar\u00e1 a su vida de viuda un sentido nuevo, fecundidad, plenitud. Sin embargo, hace falta que entren con un coraz\u00f3n diligente en esta misi\u00f3n nueva.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Una maternidad espiritual<\/strong><\/p>\n<p>Es exaltante pensar que podemos dar la vida, pero \u00bfqu\u00e9 hacer? se preguntar\u00e1n ustedes. No se trata primero, no se trata tanto de \u00abhacer\u00bb sino de \u00abser\u00bb. Si el amor en ustedes es m\u00e1s fuerte que el sufrimiento, emanar\u00e1 de ustedes una luz sobrenatural. Cerca de ustedes uno se sentir\u00e1 como seguro, en confianza. Y ver\u00e1n a los seres que sufren \u2014 \u00a1Dios sabe que son numerosos! \u2014 venir a ustedes, en busca de consejos, de valor, de comprensi\u00f3n y de amistad fraterna.<\/p>\n<p>Esta amistad, mejor a\u00fan que sus palabras, les har\u00e1 comprender que Dios no es el autor del sufrimiento sino un Padre infeliz de ver sufrir a sus hijos. Aprender\u00e1n que ya no hay que tener miedo de Dios \u2014 ese miedo que retiene a tantos seres de acercarse a \u00c9l, porque temen sufrir demasiado.<\/p>\n<p>No solamente dar\u00e1n luz y fuerza a los que sufren, los ayudar\u00e1n a crecer en amor, sino que har\u00e1n retroceder, sobre la tierra, el imperio del sufrimiento. \u00bfQuieren un ejemplo? Lo tengo de una pareja que hab\u00eda invitado a cenar a una viuda amiga. En la velada, he aqu\u00ed que marido y mujer se dejan llevar a intercambiar en su presencia algunas palabras un poco agrias. Entonces a ella se le escapa como un gemido: \u00ab\u00a1Ah! \u00a1no, eso no&#8230;!\u00bb. Algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde ellos recordaban todav\u00eda el tono con el que ella hab\u00eda pronunciado esas palabras que significaban: Les suplico, ustedes que tienen la suerte de estar juntos, no echen a perder su amor.<\/p>\n<p>Pienso adem\u00e1s en lo que yo llamar\u00eda una maternidad colectiva de las viudas. Uno desear\u00eda que, superando su propio sufrimiento, superando el c\u00edrculo restringido de los sufrimientos que las rodean, las viudas recordaran a la humanidad las innumerables angustias que a trav\u00e9s del mundo piden auxilio. Uno desear\u00eda que todas las viudas de la tierra, unidas, lanzaran ante los cr\u00edmenes de guerra y la amenaza de un gigantesco conflicto un gran clamor: \u00ab\u00a1Ah! no, \u00a1eso no&#8230;!\u00bb.<\/p>\n<p>Pero, mejor a\u00fan que una proclamaci\u00f3n ante los pueblos, poderosa y eficaz es la intercesi\u00f3n de las viudas. Comprendan, se lo ruego, que su prueba es una invitaci\u00f3n de Dios a una vida de oraci\u00f3n. \u00a1Oh! s\u00e9 bien que en sus vidas sobrecargadas es dif\u00edcil encontrar tiempo para la oraci\u00f3n \u2014 aunque aquellas que lo quieren verdaderamente lo logran, tengo tantos ejemplos. Pero es su vida entera, tareas familiares y profesionales, preocupaciones y alegr\u00edas, lo que debe hacerse oraci\u00f3n, ofrenda, intercesi\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 no obtendr\u00edan las viudas para nuestro mundo amenazado, si todas asumieran plenamente su vocaci\u00f3n de oraci\u00f3n!<\/p>\n<p>Que, durante esta peregrinaci\u00f3n, su oraci\u00f3n est\u00e9 muy presente. Mientras que ustedes est\u00e1n aqu\u00ed en Lourdes, Pablo VI por su parte acaba de llegar a F\u00e1tima para suplicar a Dios que conceda la paz al mundo. Que su oraci\u00f3n se una a la suya.<\/p>\n<p>Cristo un d\u00eda, ante una madre que oraba por su hija enferma exclamaba: \u00ab<em>\u00a1Oh mujer, \u00a1qu\u00e9 grande es tu fe!<\/em>\u00bb (Mt 15, 28). Que \u00c9l pueda maravillarse ante la fe de las 4500 viudas que son ustedes, venidas en peregrinaci\u00f3n a Lourdes de diez pa\u00edses, y exclamar como hace veinte siglos: \u00ab\u00a1Oh! mujeres, \u00a1qu\u00e9 grande es su fe, que se haga seg\u00fan su deseo!\u00bb.<\/p>\n<p><cite>L\u2019Anneau d\u2019or, n.\u00b0 137, septiembre-octubre 1967<br \/>L\u2019Anneau d\u2019Or ha reproducido aqu\u00ed el texto de una conferencia pronunciada por el P. Caffarel en Pentecost\u00e9s de 1967, en Lourdes, ante un auditorio de 4500 viudas.<br \/><\/cite><\/p>\n<p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><em>L\u2019Anneau d\u2019Or<\/em> ha reproducido aqu\u00ed el texto de una conferencia pronunciada por el padre Henri Caffarel en Pentecost\u00e9s de 1967, en Lourdes, ante una audiencia de 4500 viudas. \u00a1Qu\u00e9 f\u00e1cil resulta, entre intelectuales reunidos alrededor de una mesa, disertar sobre la&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"on","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[65],"tags":[],"class_list":["post-235648","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-viudedad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/235648","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=235648"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/235648\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":235981,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/235648\/revisions\/235981"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=235648"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=235648"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=235648"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}