{"id":235683,"date":"2025-12-02T13:57:35","date_gmt":"2025-12-02T12:57:35","guid":{"rendered":"https:\/\/caffarel.hyppoweb.fr\/le-foyer-et-le-pretre\/"},"modified":"2026-09-15T10:23:56","modified_gmt":"2026-09-15T08:23:56","slug":"el-sacerdote-y-el-hogar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.henri-caffarel.org\/es\/el-sacerdote-y-el-hogar\/","title":{"rendered":"El Sacerdote y el Hogar"},"content":{"rendered":"<p>[et_pb_section fb_built=\u00bb1&#8243; admin_label=\u00bbsection\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_row admin_label=\u00bbfila\u00bb _builder_version=\u00bb4.16&#8243; background_size=\u00bbinitial\u00bb background_position=\u00bbtop_left\u00bb background_repeat=\u00bbrepeat\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_column type=\u00bb4_4&#8243; _builder_version=\u00bb4.16&#8243; custom_padding=\u00bb|||\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb custom_padding__hover=\u00bb|||\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb][et_pb_text _builder_version=\u00bb4.27.7&#8243; _module_preset=\u00bbdefault\u00bb global_colors_info=\u00bb{}\u00bb theme_builder_area=\u00bbpost_content\u00bb]<\/p>\n<h1>El Sacerdote y el Hogar<\/h1>\n<p>Fue hacia el final del primer retiro de hogares, hace ya muchos a\u00f1os. Durante tres d\u00edas les prediqu\u00e9 sobre la dignidad de su vocaci\u00f3n y su misi\u00f3n en la Iglesia, una quincena de tareas. Ellos me hablaron con maravillosa confianza. Unos revelaron almas de gran generosidad, no mezquinaban el Don de Dios, ni se enga\u00f1aban con su Ley. Otros me confiaron sus dificultades y sus lutos. En su coraje y su humildad, sent\u00ed una profunda admiraci\u00f3n y descubr\u00ed la grandeza del amor humano cuando lo habita la Gracia de Dios.<\/p>\n<p>A la hora del adi\u00f3s, mi reconocimiento para con ellos se vio ciertamente vivo por todo lo que ellos testimoniaron. Recuerdo a uno de ellos, que coment\u00f3 estas palabras con una sonrisa, me agradeci\u00f3 en estos t\u00e9rminos: \u201cEsta vez, Margarita y yo, somos marido y mujer para bien.\u201d<\/p>\n<p>El retiro termin\u00f3, pas\u00e9 la tarde en lo de unos amigos que me hab\u00edan invitado en la capilla. Entr\u00e9 tarde a mi pieza y cerr\u00e9 las persianas, se percib\u00eda la luz a trav\u00e9s de los \u00e1rboles. Ellos hab\u00edan regresado a lo suyo, intent\u00e9 recordar a los que hab\u00edan hecho el retiro, y en sus casas seguramente esa tarde habr\u00eda una m\u00e1s ardiente ternura humana y un mayor amor a Dios. Fue entonces que una meditaci\u00f3n imprevista se me impuso, se me represent\u00f3 claramente la afinidad que existe entre el matrimonio y el sacerdocio, el lazo que une al sacerdote con la familia cristiana. Si son bellos esos hogares&#8230; Es la felicidad, la plenitud que Cristo le pide a su sacerdote en el sacrificio. \u00a1Es magn\u00edfico, la donaci\u00f3n del disc\u00edpulo a su Maestro! \u00bfSer\u00e1 que \u00e9l ha renunciado a la llama del amor y a la paternidad precisamente para poder reanimar la llama del hogar? \u00bfCu\u00e1l es la paradoja? No, ninguna paradoja, sino una misteriosa correspondencia entre el Orden y el Matrimonio. Ser\u00eda en efecto muy superficial pensar que el sacerdote se abstiene de fundar un hogar por desde\u00f1o del amor y la familia. No es menosprecio, sino una adhesi\u00f3n respetuosa: \u00e9l es el cordero marcado para el Sacrificio, para que Dios bendiga su reba\u00f1o todo entero. As\u00ed la renunciaci\u00f3n de uno explica la pureza y el fervor del amor de los otros&#8230; Ante esta perspectiva, parece evidente que el sacerdote y el hogar deben comprenderse, apoyarse.<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00e1 conveniente que el hogar deba al sacerdote una gratitud ardiente, evaluando mejor su sacrificio para que su propia vida familiar sea m\u00e1s feliz y m\u00e1s intensa? \u00bfY que ore para que la amistad de Cristo transfigure la soledad del ap\u00f3stol?<\/p>\n<p>El sacerdote, por su lado, no estar\u00e1 celoso de la felicidad y la plenitud de la vida de los hogares, sino feliz de ver fructificar las bendiciones divinas que su vocaci\u00f3n va a solicitar para ellos; al alba, en la celebraci\u00f3n de la misa y a lo largo del d\u00eda al recitar el breviario.<\/p>\n<p>En la misa, la uni\u00f3n del sacerdote y los fieles podr\u00eda ser estrecha, entonces, cuando, en el ofertorio, el sacerdote presente al Se\u00f1or la hostia y el c\u00e1liz, el pueblo deber\u00e1 ofrecer junto al sacerdote y rezar por \u00e9l: \u201cRec\u00edbelo, Se\u00f1or, es el don de la familia humana, y del mismo modo, que en un momento la hostia se convertir\u00e1 en Cristo vivo en sus manos, haz, te lo pedimos, que el hijo del hombre y de la mujer sea en medio de nosotros un Cristo inmolado, que ora, perdona, bendice \u2026\u201d \u00bfPor qu\u00e9 la relaci\u00f3n del sacerdote y el hogar se elevan rara vez a este nivel? Sin lugar a duda, porque cada uno ignora m\u00e1s o menos la vida y el ideal del otro, \u00bfcomo si las dos vocaciones se situaran en dos mundos extra\u00f1os el uno del otro?<\/p>\n<p>Para que nazca y crezca la estima, el amor mutuo, hace falta que el sacerdote profundice en la grandeza del matrimonio y que los hogares comprendan la dignidad de la vocaci\u00f3n sacerdotal. Por \u00faltimo, a quienes en El <em>Anillo de Oro <\/em>les habl\u00e9 sobre su \u201cgran sacramento\u201d, me permito hablarles sobre el Sacramento del Orden.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El misterio del Sacerdote <\/strong><\/p>\n<p>Quien quiera comprender al sacerdote debe comenzar por abrir los evangelios y contemplar vivo a Aqu\u00e9l a quien s\u00f3lo le cabe perfectamente el t\u00edtulo de Sacerdote.<\/p>\n<p>Decir que Jesucristo es el Hijo de Dios nos rese\u00f1a sobre su origen y nos revela que todo en \u00c9l es regreso al Padre, reconocimiento y piedad filial, pero no aprendemos nada de su misi\u00f3n en medio de los hombres. Decir que \u00e9l es sacerdote, por el contrario, nos lleva en una palabra al secreto de su ministerio terrenal.<\/p>\n<p>Sacerdote, reconciliador, mediador, palabras equivalentes que son la clave del misterio de Cristo. Referirse a la alianza entre Dios y la humanidad en la que se ha obtenido el perd\u00f3n por su sacrificio, restablece el orden violado como quien reconstruye una catedral en ruinas, al mismo tiempo la piedra angular, all\u00ed est\u00e1 toda la misi\u00f3n sacerdotal de Nuestro Se\u00f1or, la luz en la que hay que contemplar las escenas de su vida.<\/p>\n<p>Los chicos de Palestina lo siguieron y lo acosaron, \u00e9l los acogi\u00f3, les acarici\u00f3 su cabeza despeinada y los bendijo: bendecir, funci\u00f3n sacerdotal. Al contacto de la Pureza en persona, una mujer descubre bruscamente las tinieblas de su coraz\u00f3n, ella llora, se lamenta, ella espera \u201cTu fe te ha salvado, le dice Jes\u00fas, tus pecados son perdonados\u201d: perdonar, funci\u00f3n sacerdotal. Sentado en la monta\u00f1a, el Maestro habla a esa multitud de gente que el entusiasmo viene a arrancarlos de sus tareas: el les da un serm\u00f3n inolvidable, la carta de un mundo nuevo: predicar, funci\u00f3n sacerdotal. Luego de la jornada agobiante, env\u00eda a sus disc\u00edpulos a tomar un descanso bien merecido; pero \u00e9l, responde a un llamado desde lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n, en paz el pueblo, toma el sendero de la monta\u00f1a y, en la soledad de las rocas, conversa con el Padre: orar, funci\u00f3n sacerdotal. Preside la \u00faltima cena, toma el pan, lo parte y lo da a sus ap\u00f3stoles; les da al mismo tiempo las consignas mayores: presidir, gobernar, funciones sacerdotales.\u00a0 Al d\u00eda siguiente, la cruz le sirve de altar, \u00e9l se ofrece en sacrificio por amor al Padre y por amor a los pecadores, por la gloria de Dios y por la felicidad del hombre: ofrecer el sacrificio, la m\u00e1s alta funci\u00f3n sacerdotal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una tarde de primavera. Los ap\u00f3stoles se han reunido con Jes\u00fas en una colina de Judea. Despu\u00e9s que \u00e9l los mira, ellos se prosternan (Mt. 28, 17). Se enderezan, entienden las par\u00e1bolas que hablan de su porvenir, de su vida y de su muerte: \u201c<em>Yo he recibido todo el poder en el cielo y la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis disc\u00edpulos, bautiz\u00e1ndolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, y ense\u00f1\u00e1ndoles a cumplir todo lo que yo les he mandado<\/em>\u201d. Luego Jes\u00fas extendi\u00f3 sus manos sobre ellos y \u201c<em>mientras los bendec\u00eda&#8230; fue llevado al cielo<\/em>.\u201d (Lc. 24, 51) C\u00f3mo son de evocadoras, estas palabras de San Lucas; nos dejan entender que la Ascensi\u00f3n no interrumpe la bendici\u00f3n y que Jesucristo, desde lo alto del cielo, no cesa de imponer sus manos a los ap\u00f3stoles. Es m\u00e1s que un gesto conmovedor. Es una toma de posesi\u00f3n. Un misterioso poder les es comunicado, que transforma profundamente su ser espiritual, que los liga, los adapta a Cristo. Es \u00c9l que as\u00ed se sirve de su propio cuerpo para salir al encuentro de los hombres, hablarlos y santificarlos, se servir\u00e1 en delante de sus ap\u00f3stoles que lo prolongar\u00e1n, puesto que no son sacerdotes solamente a su imagen, ni a su costado, sino por \u00c9l y en \u00c9l. Ramas de un mismo \u00e1rbol, es del tronco que viene la savia.<\/p>\n<p>A su vez, los ap\u00f3stoles impondr\u00e1n sus manos y ordenar\u00e1n a los nuevos sacerdotes, que tambi\u00e9n impondr\u00e1n sus manos &#8230; Las ramas se multiplican, pero no forman m\u00e1s que un solo \u00e1rbol. Los sacerdotes se multiplican, pero, \u00bfno es que hay m\u00e1s que un solo sacerdote, una sola actividad sacerdotal y que es Jesucristo quien la ejerce por sus sacerdotes? En San Pablo, el infatigable caminante, en San Agust\u00edn predicando a su pueblo de Hipon\u00e1, en Juan Mar\u00eda Vianney confesando diecis\u00e9is horas por d\u00eda, en Charles de Foucauld orando en el coraz\u00f3n del desierto, en los sacerdotes de genio y de gran virtud, en los sacerdotes pobres en sus dones humanos, en el sacerdote pecador mismo, es Cristo quien obra, quien no cesa de bendecir, de perdonar, de aconsejar, de instruir y de santificar. Si, aunque imposible, Cristo dejara de existir, instant\u00e1neamente los gestos de los sacerdotes se volver\u00edan vanos, sus palabras ineficaces: el miembro se muere y queda inm\u00f3vil cuando el alma se retira. Pero no teman, Jes\u00fas lo prometi\u00f3: \u201c<em>Yo estar\u00e9 con Uds., todos los d\u00edas, hasta el fin del mundo.<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Los sacerdotes, as\u00ed, luego del sacerdocio de Cristo se perpet\u00faan y se propagan. \u00a1Era bien necesario que se multiplicara para estar todo en todos! La instituci\u00f3n del sacerdocio es la invenci\u00f3n de su amor para venir a nuestro encuentro. Como por error, adem\u00e1s: no hay m\u00e1s que observar y escuchar a los sacerdotes para convencerse que por sus gestos es otro quien opera, que por sus labios es otro quien habla. \u00bfQui\u00e9n m\u00e1s, sino Cristo, puede decir: \u201cYo te absuelvo\u201d \u2013 \u201cEste es <strong><em>mi<\/em><\/strong> Cuerpo, \u00e9sta es <strong><em>mi<\/em><\/strong> Sangre\u201d?<\/p>\n<p>Los cristianos cuya fe es pura, cuya mirada es simple, no tienen a mal descubrir esta misteriosa presencia de Cristo en su sacerdote. Ellos lo aceptan sin reticencia, como ellos creen sin objeci\u00f3n que bajo las apariencias de pan y de vino viven el Cuerpo y la Sangre de Cristo. \u00bfPor qu\u00e9 hay tantos que dudan, se revelan ante el misterio del sacerdote, intentan reducirlo a la escala humana? Ah, yo se bien a qu\u00e9 dificultad se enfrentan: mientras bajo la vista de la hostia, Cristo est\u00e1 simplemente disimulado; por la humanidad del sacerdote, \u00c9l est\u00e1 m\u00e1s o menos desfigurado y traicionado. As\u00ed bien el d\u00eda en que Jesucristo nos pidi\u00f3, a nosotros sacerdotes, que le prest\u00e1ramos nuestra miserable humanidad leprosa, mal herida, marcada por los estigmas del pecado, a fin de poder revivir a miles de hombres y continuar despu\u00e9s de \u00c9l su ministerio sacerdotal, \u00bfcreen Uds. que no hemos vacilado, que no le hemos hecho notar su imprudencia? \u201c\u00a1Uds. quieren hacerse conocer por los hombres y atraerlos hacia Uds., y se revisten de su miseria! \u00a1Quieren amar a los hombres y reciben mi coraz\u00f3n avaro e ind\u00f3cil! \u00bfy creen que no tenemos el alma desgarrada en el momento en que constatamos nuestra insuficiencia y nuestra mediocridad, que asombran a nuestros hermanos y los apartan de esta gracia de la que, a pesar de todo, somos portadores por ellos? Es la hora en la que queremos gritar: \u201cPero s\u00ed, yo soy un pecador como Uds., se que todo en m\u00ed traiciona a Aquel que me habita, que no soy transparente a su luz y su amor; pero tambi\u00e9n se bien que por m\u00ed, Cristo viene a vuestro encuentro, que soy depositario y tesorero de sus dones y que los har\u00e1 venir a m\u00ed, sacerdote, \u00a1para que Lo encuentren!\u201d<\/p>\n<p>\u00bfTe sorprender\u00eda si te confesara que un sacerdote teme casi tanto atraer por sus dones humanos que alejar por sus defectos? Puesto que su misi\u00f3n no es atraer hacia \u00e9l mismo el coraz\u00f3n de los hombres, sino hacia Aquel de quien no quiere ser m\u00e1s que su servidor. Aquel que sea sacerdote, que sea un Lacordaire o un Don Bosco, su verdadera grandeza no aparece en sus obras, no brilla en sus palabras. No sucumbe bajo los sentidos. Es toda interior. Es sobrenatural, no puede ser conocida y descubierta m\u00e1s que por la fe. Feliz aquel que, a trav\u00e9s del hombre, a pesar de su falta de dones, sabe encontrar al sacerdote, el \u00fanico Sacerdote, Jesucristo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La misi\u00f3n del Sacerdote. <\/strong><\/p>\n<p>Cuando uno sabe que, por el sacerdote, Jesucristo contin\u00faa ejerciendo su actividad sacerdotal, es f\u00e1cil admitir que el mismo t\u00e9rmino de <strong><em>mediador<\/em><\/strong> conviene para definir la misi\u00f3n de Cristo y la de sus sacerdotes. Esta palabra, inmediatamente, sit\u00faa al sacerdote: \u00e9l es el hombre que se <strong><em>pone al medio<\/em><\/strong>, no para separar sino para unir, el hombre que va del Uno a los otros, de Dios a los hombres, para operar una aproximaci\u00f3n y una alianza. La paz entre Dios y la humanidad en general ha sido consumada, es verdadera por la muerte de Cristo; pero hace falta restituirla efectiva entre Dios y cada hombre en particular. \u00c9l obra m\u00e1s bien de otro modo que, de la paz en el sentido com\u00fan de la palabra, sino de amor, de comuni\u00f3n, de \u201cesponsales\u201d, dice la Biblia, entre cada hombre y su Dios.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino mediador resiste mejor que muchos otros vocablos la profanaci\u00f3n de los tiempos. No importa que el intermediario no tenga derecho a este t\u00edtulo. Se da a las personas que trabajan por la reconciliaci\u00f3n entre aquellos que la pasi\u00f3n o las opiniones separan. Uno quisiera, porque tiene a\u00fan m\u00e1s densidad, reservar a estos hombres un coraz\u00f3n grande en el que la mayor alegr\u00eda es hacer que se reencuentren, se comprendan y se amen como amigos. El sacerdote est\u00e1 all\u00ed. Dos amores habitan su coraz\u00f3n, el amor de Dios y el amor de los hombres. Es porque uno los ve, en tanto mezclado a sus hermanos, participando de su existencia, asumiendo sus penas y sus alegr\u00edas, haci\u00e9ndose obrero con los obreros, campesino con los campesinos, luego, se retira para la oraci\u00f3n en la intimidad de su Dios. A los hombres le habla de Dios, a Dios de los hombres, persiguiendo un solo objetivo, la uni\u00f3n de Dios con los hombres.<\/p>\n<p>Estos dos amores no son m\u00e1s que uno en el coraz\u00f3n del sacerdote. Cuando ense\u00f1a el catecismo a los ni\u00f1os, perdona los pecados, visita a los enfermos y a los moribundos. Cuando el misionero atraviesa los desiertos o cruza un camino a trav\u00e9s del bosque virgen, no es solamente filantrop\u00eda, un amor del hombre que le inspira el hombre. Sin duda, tiene piedad del abandono, del sufrimiento, de la desesperaci\u00f3n de tantas almas. Pero un resorte m\u00e1s poderoso a\u00fan lo anima: un d\u00eda, en su oraci\u00f3n, \u00e9l ha entendido el latido del coraz\u00f3n de Dios, ha descubierto el inmenso amor paternal impaciente por comunicarse. Desde aquel momento, no puede m\u00e1s conocer el descanso; una fuerza lo impulsa hacia todos aquellos que se creen hu\u00e9rfanos, ignorantes de la Buena Nueva.\u00a0 Si bien se sabe portador del m\u00e1s preciado mensaje; el sacerdote, sin embargo, no aborda a los hombres sin temor. \u00a1Hablar de Dios, qu\u00e9 responsabilidad! \u00bfPodr\u00e1 encontrar las palabras capaces de evocar el verdadero rostro del Padre? Estos hombres a los que \u00e9l se dirige han sido frecuentemente golpeados por los falsos profetas y enga\u00f1ados en su b\u00fasqueda de la felicidad y de lo absoluto&#8230; \u00bfno se desviar\u00edan de su camino, esc\u00e9pticos? \u00c9l es de los corazones que se abren, \u00e1vidos de la gracia de los sacramentos y de la palabra de Dios que es respuesta a sus preguntas angustiadas, regla de vida, alimento de las almas. El sacerdote experimenta entonces, una alegr\u00eda misteriosa que no se equipara a ninguna otra: la Vida est\u00e1 en \u00e9l; toda de golpe la ha comunicado. Si quiere emplear las palabras para traducir lo que ha pasado, no puede m\u00e1s que decir como San Pablo: \u201cMis hijos, que los he engendrado a la vida divina &#8230; tendr\u00e1n sin duda numerosos pedagogos, pero no tendr\u00e1n m\u00e1s que un solo Padre.\u201d<\/p>\n<p>Es as\u00ed que aquel que ha renunciado a la paternidad humana conoce otra de la que, sin duda, los padres y madres pueden entrever las alegr\u00edas y tambi\u00e9n las penas. Como toda paternidad, la del sacerdote, conoce bien pronto sus inquietudes. La vida divina en el coraz\u00f3n de los ne\u00f3fitos es fr\u00e1gil y amenazada; luego de haberla donado, es necesario protegerla, nutrirla y conducirla. \u00a1Dura misi\u00f3n!<\/p>\n<p>A ciertas horas, el sacerdote se ve abrumado por su tarea. Pero entonces, se acuerda que un amor paternal vela por \u00e9l. \u00bfC\u00f3mo dudar de la solicitud y de la misericordia de Dios, \u00e9l que en su pobre coraz\u00f3n de hombre sabe encontrar tales fuentes de bondad para los pecadores?<\/p>\n<p>El regreso a Dios que es la oraci\u00f3n tiene un gran lugar en su vida. Recurre a ella para renovar su coraje y reencontrar el impulso primero. Aspira a ella, como el obrero a la paz de su morada. Sale de ella con las manos cargadas de gracias divinas; vuelca el coraz\u00f3n lleno de preguntas, de angustias, de buenas acciones y de pecados de los hombres. Cuando, en la noche, gentes y bestias reposan en la villa dormida, una luz brilla en la ventana del presbiterio: el cura vela y ora. Por todos los habitantes el suplica, intercede, se ofrece. Como Mois\u00e9s, puede ser, a quien Yahv\u00e9 ofreci\u00f3 una regencia, el rechaza no solidarizarse \u201ccon un pueblo con la cabeza dura.\u201d<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n de San Ambrosio expresa admirablemente de lo que est\u00e1 hecha la oraci\u00f3n sacerdotal:<\/p>\n<p>\u201c<em>Te presento, Se\u00f1or, si te dignas a lanzar una mirada favorable, las tribulaciones de los pueblos, los peligros de las naciones, los gemidos de los cautivos, las penas de los hu\u00e9rfanos, las necesidades de los viajeros, la desnudez de los enfermos, la desesperaci\u00f3n de los desconfiados, el cansancio de los ancianos, los suspiros de la gente joven, los votos de las v\u00edrgenes, el llanto de los viudos<\/em>.\u201d<\/p>\n<p>Pero, es en el altar que el sacerdote es mediador en plenitud. La Misa es el punto culminante de su vida sacerdotal. A decir verdad, todo su ministerio no tiene otro objetivo que el de conducir a este punto de encuentro con Dios a todos aquellos de quienes \u00e9l es diputado. En el Ofertorio, cuando el presenta el pan y el vino del sacrificio, no es solamente una cosa que ofrece en nombre de los fieles, sino a ellos mismos, su coraz\u00f3n vivo y vibrante. En la Comuni\u00f3n, es Dios todo entero que se da por las manos de su servidor. He aqu\u00ed que Dios y el hombre, al fin, se abrazan estrechamente. Por un instante, el mediador no es m\u00e1s que un testigo maravillado delante de esos hombres y esas mujeres que han encontrado a su Padre, que llevan a Dios en su alma y que Dios lleva en su Coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El hogar y el sacerdote. <\/strong><\/p>\n<p>Ahora que hemos penetrado el misterio del sacerdote y su misi\u00f3n, es tiempo de considerar qu\u00e9 lugar le debe hacer el hogar cristiano en sus pensamientos, sus actos y sus oraciones.\u00a0 Pero, \u00bfno les corresponder\u00e1 a Uds. m\u00e1s que a m\u00ed responder a esta pregunta?<\/p>\n<p>Eso que una familia piensa del sacerdote, eso que frecuentemente discierne sin dificultad despu\u00e9s que \u00e9l ha cruzado el umbral.<\/p>\n<p>En el hogar donde a uno le juzgan, con m\u00e1s o menos desenvoltura, su palabra y su modo de obrar, el cumplido de los padres podr\u00eda, de rigor, ser simulado; pero la actitud de los ni\u00f1os es reveladora.<\/p>\n<p>Es en las casas donde lo reciben con una verdadera cordialidad \u2013 no demasiado diferente de la con que acogen a todo otro buen amigo de la familia. Pero en cambio, frecuentemente uno siente malestar. Uno apela a sus dones humanos y no a sus dones sobrenaturales. Es a su persona, no al Ministro del Se\u00f1or al que uno est\u00e1 apegado. All\u00ed, no m\u00e1s, uno no tiene un verdadero conocimiento del sacerdocio.<\/p>\n<p>Por el contrario, cuando uno lee la confianza y el respecto en los rostros de los ni\u00f1os que lo miran directamente, est\u00e1 seguro de que los padres tienen una comprensi\u00f3n profunda del sacerdocio y que saben inculcarla a sus hijos. As\u00ed en esta morada sencilla donde el jefe de familia, al comienzo de la comida, le pide a uno de sus tres hijos que le de la bienvenida al enviado del Se\u00f1or, en ese otro en donde lo invitan a bendecir la mesa y a presidir la oraci\u00f3n de la tarde y en la de esos profesores del liceo donde los padres y los ni\u00f1os se inclinan a la hora de la despedida, bajo su bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Si entabla una relaci\u00f3n m\u00e1s profunda con estos hogares, el sacerdote ver\u00e1 que all\u00ed se sigue con atenta simpat\u00eda los esfuerzos del clero por extender\u00a0 el Reino de Cristo, as\u00ed tambi\u00e9n el plan parroquial\u00a0 en los lugares de misi\u00f3n; que no pierde la ocasi\u00f3n, de llevar a los ni\u00f1os a una despedida de misioneros o una ordenaci\u00f3n, esta ceremonia aunque profundamente instructiva y no obstante ignorada por tantos cristianos.\u00a0 Y si \u00e9l lee en las almas, descubrir\u00e1 en el coraz\u00f3n de ese padre y de esa madre el deseo ardiente de que Cristo venga bajo su techo a reclutar a sus ap\u00f3stoles. Deseo humilde y \u201cabandonado\u201d: ellos saben bien que es la elecci\u00f3n de Cristo, y no la de ellos, padres, la que decide. Pero valoran el crear un clima donde las vocaciones pueden despuntar y abrirse. Quiz\u00e1s un d\u00eda tengan la felicidad de recibir la primera bendici\u00f3n de un hijo recientemente ordenado. Entonces, se arrodillan delante de \u00e9l, le rinden homenaje a esta m\u00e1s alta paternidad en la que viene a estar investido el fruto de su amor.<\/p>\n<p>En el momento en que el sacerdote se separa de ellos para regresar a su tarea apost\u00f3lica, se siente m\u00e1s fuerte: sabe que el retiro que va a predicar es aceptado, que ha decidido obtener la curaci\u00f3n de la madre ante el peligro del que ha hablado. Se ha hecho cargo de su ministerio; acepta a cambio en su oraci\u00f3n y su misa a esta familia de la que \u00e9l conoce las aspiraciones.<\/p>\n<p>A estos hogares en los que sabe que se practica la hospitalidad cristiana, el sacerdote no dudar\u00e1 en llevar a ese catec\u00fameno al que debe ayudar en su preparaci\u00f3n para el bautismo, a ese desarraigado que no encontrar\u00e1 el equilibrio si no es cerca de una familia sana, a esos novios que buscan sus consejos. Mientras no sea sostenida, completada por la abnegaci\u00f3n de una familia, su acci\u00f3n queda frecuentemente precaria: teme por el nuevo convertido, la joven familia aislada, la vocaci\u00f3n amenazada por un entorno hostil.<\/p>\n<p>Estimar, acoger, secundar a los sacerdotes est\u00e1 bien; pero no es todo. Es necesario que los hogares oren por ellos. Por el clero parroquial primero. \u00bfNo es normal tender a socorrer aquellos a quienes uno consagra su coraz\u00f3n y su tiempo? \u00bfPor qu\u00e9 ser\u00e1 que demasiado frecuentemente los fieles parecen poco solidarios con su clero, y m\u00e1s prontos a la cr\u00edtica que al servicio? Y cuando un sacerdote falla, se indignan. \u00bfNo deber\u00edan primero interrogarse sobre la parte de su responsabilidad? \u00bfHan apoyado y protegido a sus sacerdotes? \u00bfIgnoran que toda cabeza es un hombre especialmente acosado por el enemigo?<\/p>\n<p>M\u00e1s raros a\u00fan aquellos que oran por su Obispo, a pesar de la invitaci\u00f3n del misal en el momento de la misa. Hablan como de un funcionario que a recibido la plenitud del sacerdocio; casi todos parecen ignorar que es la cabeza espiritual de la iglesia diocesana, el aut\u00e9ntico sucesor de los ap\u00f3stoles cerca de ellos, responsable de ellos ante el Padre. \u00bfHar\u00eda \u00e9l que los esquimales vinieran a evangelizar a Francia? Ellos, cuando hablan de su obispo, lo nombran \u201cla gran cabeza de la oraci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo podr\u00eda acabar este art\u00edculo sin evocar a ese sacerdote hacia quien se vuelven las miradas cat\u00f3licas y cuyo rostro basta contemplar para adivinar que siente sobre sus espaldas el peso bruto de \u201cla solicitud de todas las iglesias\u201d? Jesucristo, desde lo alto de la colina, llora sobre la gran ciudad \u201cCu\u00e1ntas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina a sus polluelos&#8230;\u201d Semejante dolor debe desgarrar el coraz\u00f3n de P\u00edo XXII alfrente de esta humanidad dividida y amenazada por las peores cat\u00e1strofes. Puede al menos saberse comprendido por vuestros hogares y sostenido por vuestra oraci\u00f3n.<\/p>\n<p><cite>Henri Caffarel, L&#8217;Anneau d&#8217;Or, \u201cEl Hombre de Dios\u201d, Mayo- Agosto 1955. p.\u00a0 352-358<\/cite><\/p>\n<p>[\/et_pb_text][\/et_pb_column][\/et_pb_row][\/et_pb_section]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ocurri\u00f3 al finalizar el primer retiro para matrimonios que prediqu\u00e9, hace ya muchos a\u00f1os. 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