¿Qué es orar?
Nos ha parecido necesario ofrecerles, en este cuarto Cuaderno, una visión de conjunto sobre la oración. Este artículo les permitirá ordenar los múltiples aspectos de la vida de oración que han sido o serán abordados en esta «serán iniciación».
Cuando se busca de dónde le viene el estremecimiento de la vida, uno se ve llevado a notar que el pie derecho, ligeramente por detrás del pie izquierdo, con el talón levantado, apenas está en contacto con el suelo. Este gesto discreto, tan poco visible, basta para comunicar un ritmo a todo el cuerpo —ritmo que se encuentra al nivel de las caderas, ligeramente asimétricas, al nivel de los brazos levantados en un gesto de ofrenda, al nivel de los ojos dirigidos hacia lo alto.
Incontestablemente, este bronce tiene un alma. El ritmo de las formas revela un impulso espiritual. Se espera que, de repente, un canto muy puro se escape de él.
El adolescente en oración: tal es la designación de esta obra en la historia del arte.
Si yo fuera conservador del museo de Berlín, colocaría al adolescente solo en medio de una sala donde grandes tapices de tonalidades vivas evocaran toda la creación: los astros, los ríos, los bosques, las flores multicolores, los animales variados. A los ojos de los visitantes, la función de nuestro adolescente aparecería entonces con toda su luz. De pie en medio de una creación ignorante de su esplendor, él es el ser inteligente que presta su voz y su corazón a este universo para cantar, en nombre de todos los seres, la alegría de existir y de vivir.
Y si tuviera que colgar un texto bajo esta estatua pagana, no dudaría, lo tomaría prestado audazmente de nuestro gran Bossuet.
La criatura insensible no puede ver, se muestra; no puede amar, nos insta a ello, y a ese Dios que ella no oye, no nos permite ignorarlo. Es así como, imperfectamente y a su manera, glorifica al Padre celestial. Pero para que ella consume su adoración, el hombre debe ser su mediador. A él le corresponde prestar una voz, una inteligencia, un corazón ardiente de amor a toda la naturaleza visible para que ella ame, en él y por él, la belleza invisible de su creador. Por eso el hombre es puesto en medio del mundo, industrioso resumen del mundo… para que, contemplando el universo entero y recogiéndolo en sí mismo, lo ofrezca, lo santifique, lo consagre al Dios vivo.
Henri Caffarel, Cahiers sur l’oraison, Serie Iniciación IV
